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Curioso

Gatos famosos de la historia: 19 gatos que dejaron huella

El gato coautor de física, el gato condecorado por cazar ratas bajo fuego, la gata de Freddie Mercury y otras 16 historias de gatos famosos.

Estatua de bronce de Tombili, un gato rechoncho en pose recostada, sobre una acera de Kadıköy, Estambul

Un gato firmó un artículo en una revista de física. Otro recibió una medalla al valor por cazar ratas en un barco bajo fuego, y otro subió solo hasta la cumbre del Cervino. Hay gatos que inspiraron poemas, canciones y estatuas, y uno cuyo pelo ayudó a resolver un asesinato.

En esta guía reunimos 19 historias de gatos famosos de la historia, de un monje irlandés del siglo IX a un gato callejero de Estambul, con lo que se sabe de cada uno y dónde te contamos su historia completa.

Los gatos famosos, de un vistazo

GatoPor qué es famoso
Pangur BánProtagonista de un poema irlandés de hace 1.200 años
HodgeSu dueño, el autor del primer gran diccionario inglés, le compraba ostras
El gato de DickensLe apagaba la vela al escritor para que le hiciera caso
CatterinaLa gata de Edgar Allan Poe daba calor a su esposa enferma
Los gatitos de Mark TwainLos alquiló por un verano
MačakDespertó la curiosidad de Nikola Tesla por la electricidad
F. D. C. WillardCoautor de un artículo de física en 1975
SnowballSu ADN ayudó a condenar a un asesino
El gato de la isla StephensSe le atribuye la extinción de un ave
TrimDio la primera vuelta a Australia
SimonEl único gato con la Medalla Dickin al valor
Los gatos del correo británicoCobraban un sueldo, y su paga llegó al Parlamento
El gatito del CervinoSubió solo a una cumbre de 4.478 metros
El gato de Florence NightingaleLe lamía las lágrimas
JockEl gato de Churchill, con sucesores en su casa
DelilahLa gata de Freddie Mercury, con canción propia
Los gatos de Torre ArgentinaViven donde mataron a Julio César
Los gatos de TashirojimaTienen un santuario en una isla de Japón
TombiliUn gato callejero de Estambul con estatua

Gatos de escritores

Pangur Bán, el compañero del monje

Hace unos 1.200 años, un monje irlandés escribió un poema sobre su gato blanco, probablemente en el monasterio de la isla de Reichenau, en el lago de Constanza. El nombre del monje se perdió; el del gato llegó hasta hoy: Pangur Bán, «Pangur el blanco». El poema no lo presenta como un simple cazador de ratones, sino casi como un colega: cada uno concentrado en su oficio. Te lo contamos en el poema que un monje escribió a su gato.

Doble página del cuaderno escolar de Reichenau, cubierta de escritura medieval; el poema de Pangur Bán está en la parte inferior de la página izquierda
El cuaderno escolar de Reichenau, del siglo IX; el poema de Pangur Bán ocupa la parte inferior de la página izquierda. Foto: Konrad J. Tristram / Wikimedia Commons (dominio público).

Hodge, el gato de las ostras

Samuel Johnson publicó en 1755 su Diccionario de la lengua inglesa, con más de 40.000 definiciones. Según su amigo y biógrafo James Boswell, salía él mismo a comprarle ostras a su gato, Hodge, en lugar de mandar a los criados. Hoy, frente a su casa de Londres, hay una estatua de Hodge sentado sobre el diccionario, junto a dos conchas de ostra. Más en el hombre que le compraba ostras a su gato.

Estatua de bronce de un gato sentado sobre un libro, junto a dos conchas de ostra
La estatua de Hodge, el gato de Samuel Johnson, en Gough Square, Londres. Foto: Elliott Brown / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

El gato que le apagaba la vela a Dickens

En la casa de campo de Charles Dickens, en Kent, no entraban gatos, por los pájaros de la familia. Aun así, una gatita blanca se ganó un lugar, y uno de sus hijos, un gato sordo, se quedó con el escritor. Su hija Mamie contó que una noche, mientras Dickens leía a solas, el gato le apagó la vela con la pata para que le hiciera caso. Te lo contamos en la noche en que un gato le apagó la vela a Dickens.

Catterina, la gata de Edgar Allan Poe

El autor de «El gato negro» vivía con una gran gata carey, Catterina. A finales de 1846, la escritora Mary Gove Nichols visitó la casa de los Poe en Fordham, cerca de Nueva York, y encontró a Virginia, la esposa del escritor, enferma de tuberculosis y con la gata acostada sobre su pecho, dándole calor. Más en la gata que daba calor a la esposa de Poe.

Los gatitos alquilados de Mark Twain

En el verano de 1906, mientras veraneaba en una casa de Dublin, en New Hampshire, Mark Twain le alquiló a un vecino tres gatitos para toda la temporada: seguirían siendo del vecino y conservarían su hogar cuando él se fuera. Además, pagó para asegurarse de que los cuidaran después. Te lo contamos en el verano en que Mark Twain alquiló tres gatitos.

Gatos de la ciencia

Mačak, el gato de Nikola Tesla

Una noche de invierno muy seca, Nikola Tesla, que tenía tres años, acarició el lomo de su gato negro, Mačak, y el lomo se volvió, en sus palabras, «una lámina de luz». Su padre le explicó que era electricidad, como la de las tormentas. Tesla lo contó en una carta de 1939, ya famoso por su sistema de corriente alterna. Más en la noche en que el gato de Tesla se volvió una lámina de luz.

F. D. C. Willard, el gato coautor

En 1975, el físico Jack H. Hetherington, de la Universidad Estatal de Michigan, escribió en plural un artículo que había hecho solo, y la revista Physical Review Letters no aceptaba ese «nosotros» de un único autor. En lugar de volver a escribirlo a máquina, sumó un coautor: su gato siamés Chester, firmado como F. D. C. Willard, por Felis domesticus, Chester y el nombre del padre del gato. Te lo contamos en el gato coautor de un artículo de física.

Snowball, el gato que ayudó a resolver un asesinato

En 1994, en la Isla del Príncipe Eduardo, en Canadá, apareció una chaqueta con sangre de una mujer desaparecida y unos pelos blancos de gato. Los padres del sospechoso tenían un gato blanco, Snowball, y un laboratorio comparó el ADN de los pelos con el suyo. En 1996, un jurado declaró culpable al acusado: fue la primera vez que el ADN de un gato ayudó a condenar a un asesino. Más en Snowball y el ADN en un juicio por asesinato.

El gato de la isla Stephens

En 1894 se encendió el faro de la isla Stephens, en Nueva Zelanda, una isla sin mamíferos introducidos, y con los fareros llegó una gata. Pronto, uno de los gatos empezó a dejarle aves muertas al farero David Lyall, y una de ellas resultó ser una especie desconocida para la ciencia, que se describió ese mismo año. Al poco tiempo, ya no quedaba ninguna. Muchos artículos llaman Tibbles al gato, pero ese nombre no aparece en ningún documento de la época. Te lo contamos en el gato al que se culpa de borrar una especie.

Ilustración de dos pequeñas aves pardas moteadas, el chochín de la isla Stephens
El ave de la isla Stephens, Traversia lyalli, en una ilustración de John Gerrard Keulemans. Imagen: John Gerrard Keulemans / Wikimedia Commons (dominio público).

Gatos de oficio y de aventura

Trim, el gato que dio la vuelta a Australia

Nació en 1799 a bordo de un barco, y su dueño era Matthew Flinders, el navegante que popularizó el nombre de Australia. Trim lo acompañó en la primera vuelta al continente, entre 1801 y 1803, y sobrevivió a un naufragio. En 1996, sus admiradores le levantaron una estatua en una ventana de la Biblioteca Estatal de Nueva Gales del Sur, en Sídney, cerca de la de su dueño. Más en Trim, el gato de Matthew Flinders.

Estatua de bronce de un gato sobre el alféizar de una ventana de piedra
La estatua de Trim, el gato de Matthew Flinders, en Sídney. Foto: PanBK / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

Simon, el gato marinero condecorado

En 1949, durante el incidente del Yangtsé, en China, el buque británico HMS Amethyst quedó bajo fuego, y Simon, el gato del barco, resultó herido por la metralla. Aun así, durante las casi diez semanas en que el barco quedó atrapado en el río, siguió cazando las ratas que atacaban las provisiones. Es el único gato premiado con la Medalla Dickin, la condecoración británica al valor de los animales en la guerra. Te lo contamos en Simon, el gato marinero.

Lápida blanca con una corona de flores dedicada a Simon, el gato del HMS Amethyst
La lápida de Simon, el gato del HMS Amethyst. Foto: Mike McBey / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Los gatos con sueldo del correo británico

En 1868, una plaga de ratones dañaba los giros postales en Londres, y el correo británico contrató a tres gatos a prueba, con un chelín por semana para su comida. Cumplieron tan bien que en 1873 les subieron la paga, y la idea se extendió a otras oficinas. En 1953, un diputado preguntó en el Parlamento por su sueldo: no había subido desde 1918. Más en los gatos con sueldo del correo británico.

El gatito que subió al Cervino

En el verano de 1950, un gatito blanco y negro, que vivía en el hotel de montaña de la vertiente suiza del Cervino, a 3.260 metros, salió detrás de unos alpinistas. Siguió subiendo solo, y al tercer día llegó a la cumbre, a 4.478 metros, maullando y con la cola en alto, según los diarios de la época. Te lo contamos en el gatito que subió al Cervino.

Gatos de gente famosa

El gato de Florence Nightingale

En una carta a su madre del 7 de marzo de 1862, enferma y de luto, la fundadora de la enfermería moderna le confesó algo que antes le parecía infantil: su gato le lamía las lágrimas. Más en quién le lamía las lágrimas a Florence Nightingale.

Jock, el gato de Churchill

Para su cumpleaños número 88, en 1962, Winston Churchill recibió un gatito naranja con pechera y patas blancas, al que llamó Jock, como el amigo que se lo regaló. Lo acompañó hasta su muerte, en 1965. Hoy, en Chartwell, su casa de campo convertida en museo, siempre vive un gato naranja con pechera y patas blancas llamado Jock: el séptimo es un gatito rescatado. Te lo contamos en los requisitos para vivir en la casa de Churchill.

Gato naranja con patas blancas caminando por el césped de Chartwell
Jock VI, uno de los sucesores del gato de Churchill, en Chartwell. Foto: Peter Trimming / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).

Delilah, la gata de Freddie Mercury

Era una gata tricolor que llegó muy débil desde un refugio a la casa de Freddie Mercury en Londres. Cinco años después tenía su propia canción, «Delilah», en Innuendo, el último disco que Queen publicó con Freddie en vida, en 1991: una declaración de amor con quejas incluidas. Más en la gata a la que Freddie Mercury le dedicó una canción.

Gatos que se volvieron un lugar

Los gatos de Torre Argentina, en Roma

Entre las ruinas de Largo di Torre Argentina está el lugar donde apuñalaron a Julio César en el año 44 a. C. Hoy viven allí gatos, muchos abandonados por la gente, y desde 1993 los cuida un refugio de voluntarias. En 2023, el ayuntamiento de Roma la presentó como la colonia felina más antigua de la ciudad. Te lo contamos en los gatos que viven donde mataron a Julio César.

Varios gatos descansan al sol junto a una baranda entre las ruinas de Torre Argentina, en Roma
Gatos del refugio de Largo di Torre Argentina, en Roma. Foto: Andy Rusch / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Tashirojima, la isla de los gatos

En esta pequeña isla de Japón, los gatos protegían de las ratas los capullos de los gusanos de seda, y los pescadores los alimentaban. Tienen incluso un santuario, el Neko-jinja, algo muy raro en Japón. Después del tsunami de 2011, los pescadores pidieron ayuda en nombre de sus gatos. Más en la isla japonesa de los gatos.

Tombili, el gato del meme con estatua

Era un gato callejero de Kadıköy, en Estambul, al que cuidaba todo el barrio. Una foto suya, recostado en unos escalones como en un sillón, se volvió un meme en todo el mundo. Cuando murió, en 2016, 17.000 personas firmaron para pedir una estatua, y hoy su figura de bronce descansa en su rincón de siempre. Te lo contamos en el gato callejero que tiene estatua.

Preguntas frecuentes

¿Qué gato recibió una medalla al valor?

Simon, el gato del buque británico HMS Amethyst, es el único gato premiado con la Medalla Dickin, por su papel durante el incidente del Yangtsé, en 1949.

¿Qué gatos famosos tienen estatua?

Entre otros, Hodge, el gato de Samuel Johnson, en Londres; Trim, el de Matthew Flinders, en Sídney, y Tombili, el gato callejero de Estambul.

¿Un gato firmó un artículo científico?

Sí. En 1975, el gato siamés Chester firmó como F. D. C. Willard un artículo de física junto a su dueño, Jack H. Hetherington, en Physical Review Letters.

¿Cómo se llamaba el gato de Churchill?

Jock. Desde entonces, en su casa de Chartwell siempre vive un gato naranja con pechera y patas blancas con ese nombre.

Ninguno de estos gatos buscó la fama. Cazaban ratas, dormían sobre un pecho enfermo, seguían a unos alpinistas o tomaban el sol en unos escalones. Fueron las personas que vivían con ellos las que no pudieron dejar de contarlos.

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