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Inspirador

El verano en que Mark Twain pagó para que tres gatitos nunca fueran suyos

En 1906, Mark Twain le cedía el paso a dos gatitos y cortaba su dictado para verlos jugar. Pudo quedarse con ellos, pero eligió otra cosa, y su razón todavía conmueve.

El verano en que Mark Twain pagó para que tres gatitos nunca fueran suyos

Es el verano de 1906. Dos gatitos le ganaron la carrera a un hombre de 70 años y ahora esperan frente a una puerta de mosquitero. Él abre con toda seriedad, hace una reverencia, da un paso atrás y les dice: «Pasen, caballeros. Siempre le cedo el paso a la realeza». Los gatitos entran en fila, con la cola en alto.

El hombre es Mark Twain, el escritor más famoso de Estados Unidos, y la puerta es la de Upton House, la casa donde veranea en Dublin, New Hampshire. Los gatitos cruzan el umbral como si fueran los dueños. No lo son. Y Twain, en rigor, tampoco.

Un porche frente al Monadnock

Upton House estaba al borde de un bosque de hayas, a dos o tres millas (unos 3 a 5 kilómetros) del pueblo, según la biografía que Albert Bigelow Paine publicó en 1912. Twain no era su propietario: la cronología del Mark Twain Project, de la Universidad de California en Berkeley, registra que la alquiló en 1906, y la familia vivió allí de mediados de mayo a finales de octubre. Con él estaban su hija Jean Clemens, su secretaria Isabel Lyon, el propio Paine, la taquígrafa Josephine S. Hobby y el servicio.

Desde el 9 de enero de 1906, Twain dictaba su autobiografía a Hobby, con Paine como público y apuntador, según la introducción de H. E. Smith y colegas (2010). Había ordenado que no se publicara completa hasta cien años después de su muerte, que llegó el 21 de abril de 1910: el primer tomo salió en 2010, en University of California Press. El 31 de mayo decidió dictar al aire libre: «This shady front porch is the right vantage-ground to dictate from» (este porche a la sombra es el lugar adecuado para dictar), se lee en el dictado de ese día. Tenía el monte Monadnock tan cerca que casi podía apoyar el codo entre sus dos picos.

Retrato de Mark Twain con el cabello y el bigote blancos
Mark Twain, ya con el cabello y el bigote blancos, en un retrato de A. F. Bradley. Foto: A. F. Bradley, Nueva York (vía steamboattimes.com), dominio público.

Tres gatitos «alquilados» para la temporada

En la casa vivían también Prosper, el perro de Jean, y tres gatitos. Así los anotan los editores en las notas al dictado del 11 de junio de 1906: «three kittens ‘rented’ for the season», tres gatitos «alquilados» para la temporada. Las comillas son de los editores; el alquiler fue real.

Twain pudo adoptarlos. No quiso. Paine explica por qué en el capítulo CCXLVI de su biografía: si los gatitos eran suyos, al irse en otoño tendría que dejarlos sin cuidado. Así que se los alquiló a un vecino para toda la temporada, unos cinco meses. Seguirían siendo del vecino y, cuando Twain se fuera, conservarían su hogar. Además, pagó lo suficiente para asegurar que los cuidaran después.

Escalones de madera al pie de la galería de una casa de verano de Nueva Inglaterra, con una puerta de mosquitero al fondo, bajo la luz gris de fines de primavera
Mediados de mayo: una casa de verano recién abierta y un trato entre vecinos con fecha de vencimiento en otoño.

En la versión juvenil de esa biografía, The Boys’ Life of Mark Twain (1916), Paine lo resume así: los alquiló para que no perdieran a sus dueños y tuvieran hogar y protección en otoño. Las notas de Berkeley, además, citan los diarios de Isabel Lyon (entradas del 18 de junio, 30 de agosto y 18 de octubre de 1906) y de Jean Clemens (30 de abril de 1906). Son tres textos distintos sobre el mismo trato.

Cilicio y ceniza

¿Cómo se llamaban? Según Paine, Sackcloth era blanco y negro, y los otros dos, grises y exactamente iguales, compartían un solo nombre: Ashes. Juntos formaban «Sackcloth and Ashes», cilicio y ceniza, la expresión bíblica del arrepentimiento. En Mateo 11:21, en la versión King James, se lee: «they would have repented long ago in sackcloth and ashes» (se habrían arrepentido hace mucho en cilicio y ceniza).

No era un verano liviano. El 4 de junio, víspera del segundo aniversario de la muerte de su esposa, Twain no pudo dictar sobre los últimos días de ella y suspendió el trabajo del día siguiente, cuenta Paine. Aun así, cortaba el dictado en cualquier momento para mirar a los gatitos correr por la galería y perseguir saltamontes y mariposas por la ladera de trébol. Le encantaba verlos saltar tras un insecto, fallar, caer y levantarse enseguida con cara de sorpresa y desilusión.

La escena de la puerta es de ese verano, y Paine aclara que pasó una sola vez, con dos de los gatitos. No fue un ritual diario, aunque cuesta no imaginarlo así.

Vista a ras del piso desde el interior de una casa de verano, hacia la puerta por donde entra la luz del día
Un umbral visto desde el piso, a la altura de un gatito: así de solemne podía ser una entrada para dos visitantes de la realeza.

Un colado en la sesión de fotos

El 25 de junio de 1906, Paine, que de joven había sido fotógrafo profesional, le tomó a Twain siete fotos en una mecedora del porche, según las notas del dictado del 31 de agosto de 1906. En una de ellas, cuenta Paine, se metió uno de los gatitos sin que nadie lo notara y se quedó junto al pie de Twain. De toda la serie, fue la foto que más le divirtió.

Galería de madera de una casa de verano vista desde abajo, con una antigua cámara plegable de placas cubierta por un paño oscuro al fondo
Cámara de placas y paño oscuro en una galería de verano: en una sesión así, nadie vigila lo que pasa a ras del suelo.

Twain encargó varios juegos de copias, escribió una leyenda en cada foto, las numeró del 1 al 7 y las mandó a sus amigos más íntimos. La serie, que anotó a mano como «The Progress of a Moral Purpose» (El progreso de un propósito moral), se puede ver completa en Mark Twain Project Online: busca, entre las siete, la del gatito junto al pie.

Cuando llegó octubre

A finales de octubre terminó la temporada y Twain se fue a Nueva York. ¿Y Sackcloth y los dos Ashes? No se sabe qué fue de ellos. Lo único seguro es lo que Twain dejó resuelto antes de irse: los tres seguían teniendo dueños, seguían teniendo casa y quedaba pagado lo necesario para que alguien los cuidara.

El escritor más famoso de Estados Unidos pudo quedarse con los tres gatitos que lo hacían reír. Prefirió entender algo más difícil: querer a un gato no es poseerlo. Es asegurarse de que esté bien cuando tú ya no estés.

¿Alguna vez cuidaste a un gato que no era tuyo y terminó robándote el corazón? Cuéntanos cómo se llamaba y qué fue lo que te conquistó.


Foto de Mark Twain: A. F. Bradley, Nueva York (vía steamboattimes.com), dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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