Saltar al contenido

Curioso

El pangolín puede resistir a un león con una armadura de uñas, y aun así es el mamífero más traficado del mundo

Una noche de lluvia en el Masái Mara, un león joven hizo rodar a un pangolín enrollado sin encontrar dónde morderlo. Esa armadura de escamas lo salvó del león, pero no de lo que hoy lo convierte en el mamífero silvestre más traficado del mundo.

El pangolín puede resistir a un león con una armadura de uñas, y aun así es el mamífero más traficado del mundo

Un pangolín enrollado no tiene cara: ni hocico, ni patas, ni vientre, solo una piña de pino hecha de escamas y cerrada desde adentro. Así pasó un rato una noche de lluvia en Kenia, entre las patas de un león joven que no encontraba por dónde empezar. Hoy es el mamífero silvestre más traficado del mundo, y contra lo que ahora lo persigue, esa bola no le sirve de nada.

Pangolín terrestre caminando sobre tierra rojiza, con las escamas del lomo y la cola bien nítidas
Un pangolín terrestre camina sobre tierra rojiza, con las escamas bien a la vista. Foto: flowcomm / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Un reflector en la lluvia

Tristan Dicks, guía de Safari Live, hacía un recorrido nocturno por la Reserva Nacional Masái Mara. Llovía. Con su reflector encontró a un león joven que tenía una presa entre las patas, y empezó a filmar.

Guía de safari con impermeable empapado, de pie en un vehículo abierto de noche, apuntando un reflector al pasto mojado bajo la lluvia y sosteniendo una cámara
Un guía de safari apunta su reflector al pasto mojado en una noche de lluvia, con la cámara lista para filmar lo que aparezca en el haz.

El león la empujaba con una pata, la hacía rodar por el suelo mojado y volvía a probar.

La presa no huía ni se defendía. No asomaba la cabeza, ni una pata, ni la punta del hocico. Rodaba y volvía a quedar igual: redonda, quieta, cerrada.

Era un pangolín terrestre de Temminck. Después de un rato de darle vueltas, el león se rindió y se alejó en la lluvia, con la dignidad intacta y sin su cena.

Uña contra uña

Dicks lo explicó después: con el pangolín enrollado, el león no encontraba dónde morder. Y la lluvia había dejado esa superficie tan resbalosa que no había de dónde agarrarla.

Pero la lluvia solo ayudó. La verdadera defensa era el cuerpo: el pangolín es el único mamífero cubierto de escamas, y esas escamas son de queratina, como tus uñas.

Las garras del león, también: por dentro tienen un núcleo de hueso, pero por fuera las cubre una funda de queratina. Esa noche, el león intentó abrir un puño cerrado con las uñas, y el puño entero estaba hecho de uñas.

Cuando el video se publicó, en enero de 2019, Dan Challender, que preside el grupo de especialistas en pangolines de la UICN, explicó que ese final no tenía nada de raro: las escamas protegen bien, y con frecuencia los pangolines salen ilesos de un encuentro con leones.

El punto débil está en las crías, que tienen las escamas todavía blandas. Cuando una madre se siente amenazada, se enrolla alrededor de la suya, que también se hace bola: una armadura dentro de otra, contra cualquiera que intente abrirla.

Madre de pangolín enrollada en bola mientras su cría trepa sobre sus escamas
Una madre de pangolín, enrollada en bola, con su cría encima. Foto: Shukran888 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Basta con levantarlo

Charles Emogor, biólogo nigeriano, creció junto al Parque Nacional Cross River. Con su equipo, habló con más de 800 cazadores del sureste de su país sobre cómo atrapan a un pangolín.

La respuesta más común no tiene nada de técnica: lo levantan del suelo con la mano.

Y es que la bola que frustró al león no le pone ningún problema a quien no necesita morderla. Un pangolín enrollado no huye: se queda quieto y cerrado, y así se carga. Una caja fuerte protege lo que guarda, salvo de quien se la lleva entera.

Casi nunca es la presa que buscan. Lo encuentran por casualidad, en medio de una cacería de cualquier otro animal, y casi siempre lo matan por su carne. En los mercados de la zona, esa carne vale tres o cuatro veces lo que vale su armadura.

Casi doce años de incautaciones

Emogor y su equipo también siguieron al pangolín en la otra dirección, hacia afuera del país. Reunieron las incautaciones de productos de pangolín ligadas a Nigeria entre enero de 2010 y septiembre de 2021: casi doce años de cargamentos detenidos.

La suma pasó de 190.000 kilos. Es el peso de más de cien autos.

De todo eso, la carne pesaba 3 kilos: un solo cuerpo seco, que cabría en una bolsa del mercado. Todo lo demás eran escamas.

Hileras de sacos sellados con etiquetas de evidencia sobre tarimas de madera en una bodega de aduana, con un saco sobre una báscula industrial
Sacos sellados esperan turno en la báscula de una bodega de aduana: en el tráfico de pangolín, lo que más pesa son las escamas.

Esas escamas equivalen, contando por lo bajo, a casi 800.000 pangolines. Casi 800.000 armaduras como la que, aquella noche en el Masái Mara, un león joven no logró abrir.

Lo que en los mercados del sureste de Nigeria vale menos que la carne es justo lo que sale rumbo a Asia. Ese tráfico se mueve sobre todo por la demanda de escamas para la medicina tradicional china, y es el que hoy convierte al pangolín en el mamífero silvestre más traficado del mundo.

Frente a unas garras, cerrarse fue su salida. Frente a una mano, es entregar entera la armadura. Pero aquella noche, cuando el león por fin se alejó, en el suelo mojado del Masái Mara quedó una bola sin cara, cerrada y viva.

Fotos de un pangolín terrestre (flowcomm / Wikimedia Commons, CC BY 2.0) y de una madre de pangolín con su cría (Shukran888 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias (9)

Sigue leyendo

  1. La orden contra la tigresa Avni nombraba solo a ella, pero en el bosque eran tres
  2. Unos huesos de museo revelaron que la familia de un tigre extinto seguía viva al otro lado de Asia
  3. Las patas de tu gato sudan más por miedo que por calor, y lo que lo refresca es un gesto que le ves a diario
  4. Nadie cazaba al gato montés escocés, pero se estaba disolviendo en gatos de granja
  5. Ningún felino puede rugir y ronronear: el caso que la ciencia tardó casi dos siglos en resolver

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa