Saltar al contenido

Inspirador

Unos ojos pintados en el anca de las vacas podrían salvarles la vida a los leones del Okavango

Entre 2015 y 2018, en el delta del Okavango, un equipo de biólogos pintó un par de ojos en el anca de cientos de vacas para ver si los leones, que cazan por sorpresa, se sentían descubiertos. Si la idea funcionaba, no se salvarían solo las vacas.

Unos ojos pintados en el anca de las vacas podrían salvarles la vida a los leones del Okavango

En el sureste del delta del Okavango, al norte de Botsuana, un león que mata una vaca cerca de un poblado deja de ser el cazador y pasa a ser el buscado. Después de un ataque contra el ganado, es frecuente que los ganaderos maten al depredador en represalia. Así, un león puede pagar con la vida por cazar, que es justo lo que hace un león.

León macho de melena oscura que camina junto a una charca del delta del Okavango, con su reflejo en el agua
Un león macho de melena oscura camina junto a una charca del delta del Okavango y se refleja en el agua. Foto: Steve Jurvetson / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Entre 2015 y 2018, en catorce rebaños de esa orilla del delta, un equipo de biólogos intentó romper ese círculo con algo tan modesto como un poco de pintura. Si la idea funcionaba, no se salvarían solo las vacas.

Catorce corrales con ataques recientes

Los poblados se llaman Shorobe y Shukamukwa, entre otros, y viven del ganado a las puertas de un delta que la UNESCO declaró Patrimonio Mundial. Leones y leopardos rondan los mismos pastos donde comen las vacas. Y para un felino al acecho, una vaca no lleva escrito el nombre de su dueño.

Vista aérea de un río que serpentea entre las llanuras verdes del delta del Okavango
Un río serpentea entre las llanuras verdes del delta del Okavango, visto desde el aire. Foto: Joachim Huber / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Neil Jordan, biólogo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sídney, y del zoológico Taronga, buscó la salida en la manera de cazar del propio león. El león es un cazador de emboscada: vive del acecho y de la sorpresa, y si la presa lo descubre a tiempo, puede abandonar la caza.

De ahí salió una corazonada. Quizá no hacía falta que la vaca viera al león, sino que el león se sintiera visto. Era la lógica de la cámara de seguridad de mentira que cuelga en la entrada de una tienda: no graba a nadie, pero hace dudar a quien la mira.

Ponerla a prueba exigía la confianza de mucha gente. Con Cameron Radford, que sería el primer autor del estudio, el equipo pidió permiso a los líderes de los poblados y a cada ganadero, y eligió catorce rebaños que habían sufrido ataques hacía poco y cuyos dueños aceptaron participar. Había rebaños de seis cabezas y rebaños de ciento diez.

Ojos, cruces y nada

En cada rebaño, el ganado quedó repartido en tres grupos más o menos iguales. A un tercio le pintaron en el anca un par de ojos, mirando hacia atrás. A otro tercio, una cruz. Al último, nada.

Tres vacas de espaldas en un corral de ramas espinosas: una con un par de ojos pintados en blanco y negro en el anca, otra con una cruz pintada y otra sin marcas
Tres vacas de espaldas: una con ojos pintados en el anca, otra con una cruz y otra sin marca. La cruz servía para saber si bastaba con cualquier dibujo.

La cruz tenía su razón de ser. Si las vacas con cruz se salvaban igual que las de ojos, el mérito sería de cualquier marca en el anca, y no de la mirada. Y las vacas sin pintar dirían cuánto cazaban los felinos cuando nadie intervenía.

La pintura se veía bien unos 24 días, así que el equipo volvía a pintar ojos y cruces más o menos cada cuatro semanas. Mientras duraba, una vaca con ojos caminaba hacia adelante y miraba, al mismo tiempo, hacia atrás.

Mañanas de pasto, noches de corral

Cada noche, el ganado dormía en corrales a prueba de depredadores. Cada mañana se abrían los corrales, y las tres clases de vacas se iban juntas, mezcladas, a pastar libres en los mismos terrenos donde cazaban los leones. El corral las cuidaba de noche; de día, en campo abierto, ninguna cerca las protegía.

El trabajo de campo se hizo por temporadas de varios meses entre 2015 y 2018, y la última, de abril a noviembre, fue la más larga. Los leones siguieron rondando, y también algún leopardo.

Leopardo que descansa en el hueco de un árbol seco del delta del Okavango
Un leopardo descansa en el hueco de un árbol seco del delta del Okavango. Foto: Richardk85 / Wikimedia Commons, dominio público.

Los ataques llegaron, como habían llegado antes a esos mismos rebaños. Cada vez que un felino mataba una res, el equipo necesitaba un solo dato: qué llevaba pintado en el anca.

La suma de cuatro temporadas

Con la temporada de 2018 cerrada, el equipo puso en fila los cuatro años de registros. En los catorce rebaños, los depredadores habían matado a diecinueve reses: dieciocho, los leones, y una, el leopardo.

Entre las 835 vacas sin pintar habían caído 15. Entre las 543 marcadas con una cruz, 4. Y en la columna de las 683 que llevaban ojos en el anca no había nada: ni los leones ni el leopardo mataron a una sola.

Esas vacas habían pastado cada mañana mezcladas con las demás, frente a los mismos felinos.

Para Jordan, los resultados respaldaban la corazonada del principio, aunque también trajeron sorpresas. Las vacas con cruz, que solo debían servir de comparación, sufrieron menos ataques que las sin pintar. El equipo concluyó que la protección venía sobre todo del dibujo de los ojos, aunque es posible que también ayudara lo llamativo de una marca nueva en el anca.

La explicación que propone el equipo es la misma de la corazonada: un felino que se cree descubierto prefiere retirarse antes que lanzarse a una carrera que ya perdió la sorpresa.

Leona que asoma entre juncos altos con la mirada fija al frente
Una leona asoma entre los juncos altos del delta del Okavango con la mirada fija al frente. Foto: Eric Kilby / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Y cada vaca que vuelve entera al corral es una pérdida que el ganadero no tiene que cobrarle a ningún león. Los autores plantean que, bien aplicada, la pintura podría hacer que los ganaderos toleren mejor a los grandes depredadores y recurran menos a matarlos. Es una posibilidad, todavía no un resultado: el estudio contó vacas, no leones.

En 2020, el equipo publicó lo que había encontrado. Jordan advirtió entonces que todavía no se sabía si los ojos seguirían funcionando a largo plazo.

En un pasto del Okavango, una vaca camina con la cabeza hacia adelante y dos ojos de pintura mirando hacia atrás, hacia la hierba alta. Si el equipo tiene razón, entre esa hierba hay un león que se da por descubierto y se queda donde está. Esa mañana nadie pierde una res, y nadie sale a buscarlo.

Fotos de un león macho (Steve Jurvetson / Wikimedia Commons, CC BY 2.0), del delta del Okavango (Joachim Huber / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0), de un leopardo (Richardk85 / Wikimedia Commons, dominio público) y de una leona (Eric Kilby / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

Sigue leyendo

  1. Unos huesos de museo revelaron que la familia de un tigre extinto seguía viva al otro lado de Asia
  2. Alguien encerró a cuatro gatos en un túnel de malla y los dejó bajo la lluvia
  3. Las patas de tu gato sudan más por miedo que por calor, y lo que lo refresca es un gesto que le ves a diario
  4. Nadie cazaba al gato montés escocés, pero se estaba disolviendo en gatos de granja
  5. La gata diminuta que esperaba su cuarta camada entre leña y basura

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa