Saltar al contenido

Inspirador

Cecil, el león que nunca supo qué era un avión y aun así cambió las reglas de cuatro aerolíneas

En 2015, un cazador pagó por matar a Cecil, un león de 13 años que un equipo de Oxford seguía por satélite en Zimbabue. Su último recorrido iba a llegar mucho más lejos que todos los anteriores.

Cecil, el león que nunca supo qué era un avión y aun así cambió las reglas de cuatro aerolíneas

Cecil cruzaba los pastizales de Hwange, en Zimbabue, con la calma soberana de un gato que no le rinde cuentas a nadie. Aun así, llevaba un delator al cuello: un collar que le soplaba a un satélite por dónde andaba, para que un equipo de la Universidad de Oxford pudiera seguir sus pasos en un mapa.

En julio de 2015, un cazador pagó por matarlo. Ninguno de los que miraban aquel mapa podía imaginar que su último recorrido iba a llegar mucho más lejos que todos los anteriores.

Un collar nuevo en octubre

Brent Stapelkamp llevaba años detrás del mismo león por Hwange. Lo distinguía por una melena negra que no se confundía con ninguna otra. En octubre de 2014 le puso un collar nuevo, con GPS, que sería el último de su vida.

Cecil, un león macho de melena negra con un collar de rastreo al cuello, en el Parque Nacional Hwange
Cecil en el Parque Nacional Hwange, Zimbabue, el 5 de abril de 2010, con su melena negra y el collar al cuello. Foto: Daughter#3 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Para entonces, el equipo de Oxford seguía a Cecil por satélite desde 2009. Cada señal de sus collares caía en el mapa como una miga de pan, y con los años esas migas dibujaron su territorio: el parque y también las tierras vecinas, al otro lado de una línea que ningún león tiene por qué conocer.

Es posible que Stapelkamp fuera la última persona que lo vio de cerca antes de que llegaran los cazadores.

La noche del 1 de julio

La finca Antoinette queda en el área de conservación de Gwaai, pegada al Parque Nacional Hwange. Para Cecil no era tierra ajena: era parte de su territorio de siempre. Pero ahí, fuera de los límites del parque, la protección de Hwange ya no lo cubría.

Pastizal seco con acacias en el Parque Nacional Hwange, en Zimbabue
Pastizal seco con acacias en el Parque Nacional Hwange, en Zimbabue. Foto: Fabio Achilli / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Los cazadores pusieron un cebo y esperaron. El 1 de julio de 2015, hacia las diez de la noche, el estadounidense Walter Palmer, un cazador con arco, hirió a Cecil con una flecha.

Herido, Cecil se alejó en la oscuridad, y los cazadores fueron tras él. Pasó herido la noche entera, unas 11 horas, hasta que a la mañana siguiente lo alcanzaron y lo mataron.

Palmer había pagado unos 50.000 dólares por esa muerte. Llamarlo deporte sería un abuso del idioma: fue crueldad, y tenía precio. Quien la sufrió fue un león de 13 años que no tenía cómo saber lo que lo esperaba junto a ese cebo.

Dos días para dar la vuelta al mundo

Al principio, la noticia avanzó despacio: unas 15 notas al día sobre Cecil en la prensa, como el goteo de una gotera.

El 27 de julio, el mundo supo el nombre del cazador. Dos días después, el 29, la prensa publicó casi 12.000 notas sobre Cecil en una sola jornada. El goteo se había vuelto una represa que revienta. En esos dos días, la historia saltó de un país a otro y de un medio a otro, todo al mismo tiempo.

Después del programa de Jimmy Kimmel, el presentador de televisión estadounidense, unos 4,4 millones de personas entraron en pocas horas al sitio web del equipo de Oxford que estudiaba a Cecil. Era como si una ciudad entera intentara pasar a la vez por la puerta de un laboratorio. La puerta no aguantó: se cayeron el sitio del equipo y el de la Universidad de Oxford.

Su foto, con la melena negra y el collar al cuello, saltaba de pantalla en pantalla. Millones de personas lloraban por un león al que conocían desde hacía apenas unos días y al que ya llamaban por su nombre.

El lunes 3 de agosto

Había pasado poco más de un mes desde la noche de la flecha, y una semana justa desde que el mundo supo quién la había disparado. Ese lunes, Delta Air Lines publicó un anuncio: «A partir de ahora, Delta prohíbe oficialmente el envío como carga de todos los trofeos de león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo en todo el mundo».

Con esa frase, Delta cerraba uno de los caminos por los que viaja un animal cazado como trofeo: la bodega de un avión.

Avión Airbus A350 de Delta Air Lines estacionado en la puerta de embarque, con personal y equipos de carga en la plataforma
Un Airbus A350 de Delta Air Lines en la puerta de embarque, con personal y equipos de carga en la plataforma. Foto: 4300streetcar / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

Ese mismo día, American Airlines anunció una prohibición igual. El martes 4 se sumaron United y Air Canada.

United aclaró que, según sus registros, jamás había transportado un trofeo de caza: cerraba con llave, y con toda la dignidad del caso, una puerta que nunca había abierto. Air Canada explicó que esos envíos le llegaban muy rara vez, porque no volaba a África. Aun así, las dos hicieron el anuncio.

Ninguna de las cuatro podía devolverle nada a Cecil. Lo que cambió fue el viaje de los que vinieran después: desde esa semana, ningún león, leopardo, elefante, rinoceronte ni búfalo cazado como trofeo podía viajar como carga en sus aviones.

Durante seis años, sus collares fueron dejando en un mapa los recorridos de Cecil por Hwange y las tierras de alrededor. El último ya no lo registró ningún satélite: lo hizo su nombre, sin él, desde una finca junto al parque hasta las bodegas de unos aviones de los que nunca supo nada.

Fotos de Cecil (Daughter#3 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0), del Parque Nacional Hwange (Fabio Achilli / Wikimedia Commons, CC BY 2.0) y de un avión de Delta Air Lines (4300streetcar / Wikimedia Commons, CC BY 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

Sigue leyendo

  1. Siete gatitos salieron del bosque directo hacia ella, y no por casualidad
  2. El mamífero venenoso de Cuba cuyo linaje quizá ya existía cuando cayó el asteroide de los dinosaurios
  3. Unos ojos pintados en el anca de las vacas podrían salvarles la vida a los leones del Okavango
  4. Seneca se salvó con una hora de margen; lo que le falta ya no es aire
  5. A esta gata preñada le quedaba una noche antes del quirófano y tenía otros planes

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa