Un psicólogo y un violonchelista recorrieron cuarenta y siete casas con dos altavoces. En cada una pusieron a Bach, y los gatos que vivían allí no le hicieron caso. Con Fauré, tampoco.
La tercera pieza sí los levantó del sitio. Para entender qué tenía esa música que no tenían las otras, hay que retroceder unos años, a cuando ese mismo violonchelista había probado suerte con unos monos.
Una idea incómoda, probada primero con monos
Charles T. Snowdon llevaba décadas estudiando tamarinos en la Universidad de Wisconsin-Madison cuando David Teie, violonchelista de la National Symphony Orchestra, le propuso una idea incómoda. La nota de prensa de la universidad (2015) presenta a Snowdon como profesor emérito de psicología.
La música nos emociona, decía Teie, porque está construida con los sonidos que oímos al empezar a vivir: la voz de la madre y el pulso del corazón. Era una hipótesis, no un hecho demostrado. Pero tenía una consecuencia que se podía poner a prueba: si era cierta, ninguna especie tenía por qué conmoverse con la música de otra.
Teie compuso entonces piezas con los chillidos y los ritmos de los tamarinos. Según el artículo que ambos publicaron en Biology Letters (2010), aquellos monos, que ignoraban la música humana, se calmaron o se alteraron según la pieza que escuchaban.
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Una octava más arriba, al ritmo del ronroneo
Con los gatos aplicaron la misma regla. Un gato vocaliza una octava por encima de la voz humana, así que Teie subió toda la música una octava. Y en lugar del compás del corazón humano, usó los dos ritmos que un gato aprende antes que ningún otro: el del ronroneo y el de mamar. De acuerdo con la nota de la UW-Madison, una de las piezas se construyó sobre el tempo del ronroneo y la otra, sobre el de la succión al mamar.
Esas piezas no se quedaron en un archivo de laboratorio. «Cozmo’s Air», una de las composiciones felinas de Teie que se usaron en el estudio de 2015, se puede escuchar en Apple Music, igual que «Spook’s Ditty», la otra pieza del mismo conjunto. Después del estudio, Teie siguió escribiendo para gatos en su proyecto Music for Cats, cuyo sitio oficial ofrece muestras y del que forma parte, por ejemplo, «Rusty’s Ballad».

Cuarenta y siete salas y un cronómetro
Snowdon, Teie y M. Savage publicaron el experimento con gatos en 2015 en Applied Animal Behaviour Science. No se hizo en un laboratorio, sino en las casas de los propios gatos: cuarenta y siete hogares, con dos altavoces en cada uno. Las piezas humanas, según la cobertura de National Geographic (2015), fueron «Air on a G String», de Johann Sebastian Bach, y «Élégie», de Gabriel Fauré.

El equipo no les preguntaba a los gatos qué les gustaba: observaba lo que hacían. El artículo contó como respuestas positivas ronronear, acercarse al altavoz y frotar contra él las glándulas odoríferas, que es como un gato marca algo como suyo. Con Bach y Fauré, los gatos apenas se inmutaron. Con la música felina, se levantaban, caminaban hasta el altavoz y se frotaban contra él.
El cronómetro puso números a esa diferencia. Según el artículo y la nota de la UW-Madison, con la música felina los gatos empezaban a responder, en promedio, a los 110 segundos; con Bach y Fauré, cuando respondían, tardaban 171 segundos.
Y quedó un cabo suelto que el estudio registró sin explicar: los gatos jóvenes y los más viejos respondieron más que los de mediana edad. Todavía nadie sabe por qué.
De la sala de estar a la sala de exploración
Cinco años después, un equipo de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Luisiana (LSU) llevó esa música a la consulta. El trabajo, firmado por A. Hampton y sus colegas y publicado en 2020 en el Journal of Feline Medicine and Surgery, siguió a los mismos gatos durante tres revisiones separadas por dos semanas: una en silencio, otra con música clásica y otra con música felina.
En cada visita, el equipo puntuó a los gatos en una escala de estrés y en otra de manejo, que refleja qué tan fácil o difícil resulta examinarlos. Con la música felina, los gatos puntuaron más bajo en la escala de estrés y fueron más fáciles de manejar. El texto completo del artículo está en el repositorio institucional de la LSU.
Lo que la sangre no confirmó
Pero el equipo de Luisiana no se quedó en la conducta. También les sacó sangre a los gatos para medir la proporción entre dos tipos de glóbulos blancos, los neutrófilos y los linfocitos. Esa proporción se dispara cuando un animal está estresado.
Según el mismo estudio, la proporción fue la misma en las tres visitas: en silencio, con música clásica y con música escrita para ellos. Los gatos se portaban como si estuvieran tranquilos; su sangre no lo confirmaba.
Eso no borra lo que se vio en la consulta: los gatos fueron más fáciles de manejar, y en una revisión eso cuenta. Pero obliga a separar dos cosas que es fácil confundir: cómo se comporta un animal y lo que dice su cuerpo por dentro.
Tampoco la frontera entre especies resultó tan nítida. En un comentario publicado en Frontiers in Psychology (2016), C. Chiandetti señaló que la música felina también les gusta a oyentes humanos, un matiz a la idea de que cada especie tiene una música solo suya.
La música nunca fue del todo un idioma universal. El nuestro empieza en un latido; el de tu gato, en un ronroneo. Aprender a escribir en su octava fue el primer paso. Saber si esa música también lo calma por dentro sigue siendo una pregunta abierta.
¿Hay algún sonido concreto de tu casa que tu gato sí atiende —un instrumento, un grifo, un tono de móvil— mientras ignora todo lo demás? ¿Cuál es?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Snowdon, C. T. y Teie, D. (2010). Affective responses in tamarins elicited by species-specific music. Biology Letters, 6(1): 30-32. https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rsbl.2009.0593
- Snowdon, C. T., Teie, D. y Savage, M. (2015). Cats prefer species-appropriate music. Applied Animal Behaviour Science, 166: 106-111. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S016815911500060X
- University of Wisconsin-Madison (2015). Move over Mozart: study shows cats prefer their own beat. Nota de prensa institucional. https://news.wisc.edu/move-over-mozart-study-shows-cats-prefer-their-own-beat/
- National Geographic (2015). Listen: why scientists have created music just for cats. National Geographic. https://www.nationalgeographic.com/animals/article/150313-animals-music-cats-tamarins-psychology-science
- Chiandetti, C. (2016). Commentary: Cats prefer species-appropriate music. Frontiers in Psychology, 7: 594. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2016.00594/full
- Hampton, A., Ford, A., Cox, R. E., Liu, C.-C. y Koh, R. (2020). Effects of music on behavior and physiological stress response of domestic cats in a veterinary clinic. Journal of Feline Medicine and Surgery, 22(2): 122-128. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30744475/
- Hampton, A. et al. (2020). Effects of music on behavior and physiological stress response of domestic cats in a veterinary clinic (texto completo). Repositorio institucional de Louisiana State University, School of Veterinary Medicine. https://repository.lsu.edu/vetmed_pubs/649/

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