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Por qué tu gato mayor huele la comida fría y se aleja sin probarla

Un experimento con dos cuencos y tres temperaturas destapó por qué muchos gatos mayores rechazan la comida recién sacada del refrigerador, y la razón empieza en lo que su nariz cree estar oliendo.

Por qué tu gato mayor huele la comida fría y se aleja sin probarla

Treinta y dos gatos mayores recibieron el mismo alimento, servido en tres cuencos idénticos que solo diferían en la temperatura, y el resultado se repitió cuenco tras cuenco.

Lo inesperado no fue cuál cuenco ganaba siempre, sino la cifra exacta que marcaba el termómetro dentro de él.

Dos cuencos, catorce años, un solo resultado

El experimento lo diseñaron Rebecca Eyre y su equipo del WALTHAM Petcare Science Institute, según el estudio publicado por Eyre y colegas (2022) en el Journal of Veterinary Behavior. Participaron 32 gatos domésticos de pelo corto, sanos, de entre 8 y 14 años, la etapa en la que muchos gatos empiezan a comer menos. A cada uno se le ofrecían dos cuencos a la vez, con el mismo alimento en salsa, y él decidía cuál probar y en qué cantidad.

El alimento se sirvió a tres temperaturas: frío de refrigerador, a 6 grados centígrados; ambiente, a 21; y tibio, a 37. En todas las comparaciones posibles el resultado fue igual: el cuenco de 6 grados perdió frente al de 21, y el de 21 perdió frente al de 37. Antes de buscar una explicación olfativa, el equipo descartó la más simple: que el frío espesara la salsa y la hiciera más difícil de comer. Midieron la viscosidad a las tres temperaturas y era prácticamente idéntica en las tres; la textura no explicaba la diferencia.

Una investigadora sostiene dos cuencos idénticos a la misma altura mientras un gato de pelaje gris se acerca olfateando
En el ensayo de los dos cuencos, cada gato elegía entre el mismo alimento servido a distinta temperatura.

37 grados: la temperatura de una presa recién cazada

Treinta y siete grados centígrados es, aproximadamente, la temperatura de un cuerpo vivo: la de un ratón que acaba de dejar de correr. Los propios autores y la nota divulgativa del WALTHAM Petcare Science Institute (2021) señalan que el gato tiende a preferir el alimento cerca de esa temperatura corporal, la de una presa recién cazada. Es una cifra que encaja con la biología de un cazador solitario: en la naturaleza, un gato rara vez encuentra su comida ya fría.

Once aromas que solo aparecen con el calor

Para entender por qué la temperatura pesaba tanto, el equipo analizó el aire que se eleva justo encima del plato, el mismo que el gato huele antes de decidir si prueba o se aleja. Con una técnica de laboratorio llamada HS-SPME/GC-MS, midieron quince familias de compuestos volátiles, las moléculas responsables del olor, y once de ellas cambiaron de forma significativa según la temperatura, de acuerdo con el estudio de Eyre y colegas (2022). Al calentarse, el alimento liberaba más ácidos y más compuestos de azufre, las notas que huelen a carne, y menos terpenos, los aromas de tipo vegetal, parecidos a la cáscara de naranja o la hoja machacada, según detalla también el resumen de Timely Topics de la American Association of Feline Practitioners (2022).

El cuenco frío, entonces, no era el mismo plato a menor temperatura. Para una nariz felina era otro plato: uno que olía menos a presa recién cazada y más a verdura recién sacada de la nevera.

Viales de vidrio con comida húmeda para gato junto al brazo de un cromatógrafo de gases en un banco de laboratorio
El aroma del alimento se analizó a distintas temperaturas con cromatografía de gases, la técnica que reveló los cambios en once familias de compuestos volátiles.

Un paladar sin dulce, una nariz al mando

Parte de la explicación de por qué el gato depende tanto del olfato para juzgar su comida está escrita en su genoma. Según el estudio de Li y colegas (2005) publicado en PLoS Genetics, el gen Tas1r2, el receptor del sabor dulce, está roto en los felinos: una microdeleción de 247 pares de bases en uno de sus exones y codones de parada prematuros en otros dos le impiden fabricar la proteína necesaria para percibir el azúcar. La misma alteración aparece en el tigre y el guepardo, lo que sugiere que es anterior al gato doméstico y compartida por toda la familia. Con un sentido del gusto tan limitado, el gato compensa con el olfato: según el trabajo de Pekel y colegas (2020) en el Journal of Applied Animal Research, buena parte de lo que decide si un alimento se acepta o se rechaza se juega antes de que llegue a la boca.

La recomendación que ya circula en las clínicas

Ese hallazgo dejó de ser solo curiosidad de laboratorio. La American Association of Feline Practitioners y la Cummings School of Veterinary Medicine de Tufts University recomiendan hoy entibiar el alimento a temperatura corporal cuando un gato mayor empieza a comer menos, antes de asumir que rechaza la marca o la receta. En un animal que está perdiendo peso, esos grados de más no son un capricho: son las calorías que logran entrar.

Tu gato no desprecia la nevera por remilgado: lleva dentro un termómetro heredado que sigue preguntando, cuenco tras cuenco, si lo que tiene enfrente estaba vivo hace un instante.

¿Tu gato te ha rechazado un plato recién sacado del refri y se lo ha comido entero media hora después? Cuéntanos qué le funciona al tuyo.

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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