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Inspirador

Una gata desaparece en su propio edificio y la respuesta está detrás de una pared

Lola cayó por un agujero en lo más alto de su edificio y su familia pasó una semana buscándola con cámaras y trampas. La pista llegó desde donde nadie miraba.

Una gata desaparece en su propio edificio y la respuesta está detrás de una pared

Lola es de esas gatas que consideran cada rincón de su casa un territorio pendiente de inspección. Y cuando la casa es un edificio de apartamentos, el territorio crece hacia arriba.

A comienzos de septiembre, esa vocación de exploradora la llevó hasta lo más alto del edificio donde vive con su familia. Allí arriba, en el suelo, había un agujero.

Lola dio un paso de más y cayó por él.

Desde ese instante, la gata más querida de la casa se convirtió en una ausencia, y su familia no tenía idea de dónde buscarla.

Un edificio sin respuestas

La familia pidió ayuda a John Debacker, un rescatista de animales. Entre todos repartieron cámaras y jaulas trampa por el edificio, con la esperanza de que Lola asomara en algún momento y alguna la delatara.

Pero Lola no asomaba. Las cámaras registraban pasillos vacíos y las trampas seguían esperando.

Cada trampa intacta era una noticia a medias: Lola no había caído en ella, pero tampoco había pasado por ahí.

Los días se fueron acumulando hasta sumar una semana entera. Y con cada uno, la búsqueda se volvía más silenciosa y el miedo, más difícil de callar.

Una semana es mucho tiempo para una gata perdida. Mucho más si nadie sabe siquiera en qué parte del edificio está.

Una voz dentro del yeso

Entonces la oyeron. Un llanto débil, apagado, que no salía de ninguna esquina a la vista. Salía de adentro de una pared.

Lola había estado todo ese tiempo del otro lado del yeso. Tan cerca de quienes la buscaban como imposible de alcanzar.

Abrir una pared con una gata adentro no admite improvisaciones: un golpe mal dado podía lastimarla. Los rescatistas llamaron a Cathy Lucarello, una contratista de la zona, que aceptó ayudar.

Debacker y Lucarello empezaron a romper el yeso poco a poco, conteniendo la respiración con cada pedazo que caía.

Hasta que el yeso dejó ver un poco de pelaje.

Ahí estaba Lola, aterrada y atrapada de cabeza. Los dos la sacaron de ese encierro y la pusieron a salvo.

Los rescatistas calculan que pasó alrededor de una semana dentro de la pared, cabeza abajo, sin poder moverse, comer ni beber. Debacker escribió en Facebook que no lograba explicarse cómo había sobrevivido.

Publicación de Facebook

Después del polvo

Salir de la pared fue apenas el comienzo. Los rescatistas llevaron a Lola en estado crítico a una veterinaria de urgencias, con lesiones que había que atender y un cuerpo que llevaba días sin agua ni alimento.

Allí recibió tratamiento para sus heridas. Lo demás dependía de ella.

Una gata que pasó una semana inmóvil, de cabeza y a oscuras, no vuelve a ser la misma de un día para otro. Pero Lola ya había demostrado ser más fuerte de lo que cualquiera creía, y con el tiempo empezó a comportarse otra vez como ella misma.

Faltaba una cosa. La voz que la había delatado detrás del yeso todavía no había vuelto del todo.

Hasta que volvió.

«Por fin está maullando», le dijo a Debacker una de las personas que cuidan a Lola, según recogió The Dodo. «Se ve como si la vida hubiera vuelto a ella».

Lola sigue recuperándose. La gata que durante una semana solo pudo llorar desde adentro de un muro vuelve a hacerse oír, ahora de este lado de la pared.

Imagen principal: John Debacker.

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