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Inspirador

El gato turco de Van, el felino que se mete al agua por gusto

Algunos gatos turcos de Van se meten al agua por voluntad propia. Su historia empieza junto a un lago a más de 1.600 metros de altura, y en 1955 dos gatitos la llevaron a Occidente.

El gato turco de Van, el felino que se mete al agua por gusto

Quien ha vivido con un gato conoce la regla no escrita: el agua es territorio enemigo. Mojarse por gusto, chapotear, nadar… todo eso parece cosa de perros.

Y sin embargo, en las tierras altas del este de Turquía hay un gato que no parece haberse enterado. Algunos de estos gatos se acercan al agua por voluntad propia, meten las patas, juegan con ella y, a veces, se lanzan a nadar. No es un mito de internet. Tiene nombre, gato turco de Van, y su historia empieza a la orilla de un lago.

Un lago inmenso, a más de 1.600 metros

El lago Van es el más grande de Turquía, según la ficha de la raza del Governing Council of the Cat Fancy (GCCF). Su superficie se encuentra a una altitud media de 1.646 metros, de acuerdo con la International Society for Diatom Research, que además lo presenta como el lago sódico más grande del mundo.

Es un lugar de extremos. La GCCF describe inviernos de -12 °C o menos y veranos calurosos. En ese paisaje vivieron estos felinos durante siglos, según el artículo sobre la raza de The Cat Fanciers’ Association (CFA), mucho antes de que su nombre apareciera en un registro occidental.

Tres gatos sentados en fila, secos, en el borde de un viejo muelle de madera sobre el lago Van, bajo un cielo nublado
Tres gatos en un viejo muelle a orillas del lago Van. En estas tierras altas del este de Turquía vivieron durante siglos los felinos que dieron origen a la raza.

1955: dos fotógrafas y un chapuzón inesperado

La historia de la raza en Occidente empieza con dos mujeres británicas, Laura Lushington y Sonia Halliday. No estaban de vacaciones. Según la CFA, eran fotógrafas contratadas por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía. En 1955, durante ese encargo, les regalaron dos gatitos: un macho y una hembra que no eran parientes. La fecha no es del todo unánime, porque la GCCF sitúa el episodio en 1954.

Lo que pasó después dejó desconcertada a Lushington. La CFA reproduce su relato: «Para mi asombro, los gatitos Van también entraron en el agua y nadaron hasta donde ya no hacían pie, disfrutando al parecer muchísimo». No fue un chapoteo en la orilla ni un accidente. Los gatitos entraron caminando y siguieron hasta perder pie.

Diapositiva de colores desvaídos con una mujer vestida al estilo de los años cincuenta, agachada de espaldas en una orilla pedregosa junto a un lago
Una orilla pedregosa del este de Turquía con la estética de una diapositiva de 1955. Es una escena imaginada y no retrata a Lushington, a Halliday ni a sus gatitos.

Blanco, con una huella entre los hombros

Aquella pareja fue mucho más que una anécdota de trabajo. Según la GCCF, la hembra tuvo crías con las mismas marcas que sus padres, y Lushington pidió el reconocimiento de la raza. Más tarde llegaron otros gatos desde Turquía, pero ese par fue la base inicial. El reconocimiento en Reino Unido llegó en 1969, según la CFA.

Las marcas eran parte de su identidad. El patrón clásico del turco de Van es blanco, con el color concentrado sobre todo en la cabeza y la cola. La CFA admite además algunas manchas sueltas por el cuerpo. A veces aparece una entre los hombros que la tradición llama «la huella de Alá», como cuenta Vetstreet.

Con esa mancha entra en escena la leyenda, y el agua vuelve a aparecer. La GCCF recoge una según la cual, cuando el arca de Noé llegó al monte Ararat, los gatos saltaron y nadaron hasta encontrar tierra firme. El Turkish Van Cat Club, del Reino Unido, cuenta otra versión: los gatos bajaron del Ararat hasta Van y Alá los tocó al bendecirlos. Cuesta no pensar en aquella huella entre los hombros.

¿El secreto está en el pelaje?

Las leyendas hablan de un diluvio. Los criadores señalan una explicación más tangible, el pelaje. Según la CFA, es semilargo, suave como la cachemira y no tiene la subcapa lanosa de otras razas. Se describe como resistente al agua: se moja menos y se seca rápido. Además cambia con las estaciones. La GCCF explica que en verano se aligera muchísimo, como si el gato cambiara de traje.

Gato blanco de pelo semilargo sobre la encimera de un baño, visto desde arriba y por detrás, con gotas de agua sobre el lomo y los hombros
Gotas sobre el lomo de un turco de Van que acaba de salir del agua. Su pelaje, sin subcapa lanosa, tiene fama de mojarse poco y secarse rápido.

En casa, esa afinidad suele verse en gestos pequeños. La CFA menciona el interés de estos gatos por los grifos que gotean y por el agua del bebedero. La GCCF habla de gatos que beben del grifo o que mojan sus juguetes en el bebedero o en el fregadero. Vetstreet cuenta que algunos se asoman a la bañera con curiosidad.

Conviene no convertir la fama en regla. La CFA aclara que no todos los Van nadan, y ningún gato, de esta raza o de cualquier otra, debería ser obligado a entrar al agua. Tampoco hay que confundir explicación con prueba. Lo del pelaje es lo que señalan los criadores y quienes conviven con estos gatos, y este artículo no cuenta con un estudio que mida cuántos Van nadan ni que demuestre que esa sea la causa. Las descripciones completas de la raza pueden consultarse en la CFA y en la GCCF.

Quizás el agua nunca fue el enemigo de los gatos. Tal vez solo había que nacer junto a un lago, entre inviernos helados y veranos calurosos, para descubrirlo.

¿Cómo se lleva tu gato con el agua: la odia, la ignora o vive fascinado con el grifo?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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