Momo no sabía dónde se consigue comida en la calle cuando nadie llena el plato. Tampoco sabía qué rincón sirve para esconderse ni cómo defenderse cuando algo lo amenazaba. Es un gato exótico, y nada en su vida anterior lo había preparado para valerse por su cuenta.
Porque hubo una vida anterior. Todo apunta a que alguna vez perteneció a alguien.
Los motivos para que lo dejaran caben en una lista corta y muy doméstica: un mueble arañado, un accidente dentro de la casa o, sencillamente, el día en que empezó a resultar incómodo. Pequeñeces de la vida con un gato. Quien lo tenía respondió dejándolo solo en la calle.
Un gato sin mapa
La calle no tuvo paciencia con un gato que no conocía sus reglas. Momo no sabía dónde buscar alimento y fue perdiendo peso hasta que su cuerpo quedó reducido a casi nada.
Ya estaba al límite de sus fuerzas cuando un auto lo atropelló.
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Así, con el cuerpo vaciado por el hambre y roto por el golpe, llegó al cuidado de Good World Animal Rescue and Protection, la organización de rescate conocida como GWARP.
La lista de sus heridas es difícil de leer de corrido. Momo tenía la mandíbula fracturada y una pata delantera rota en dos puntos, con los huesos desplazados. Tenía también una abertura profunda en el paladar, y sangraba por la boca y por la nariz.
Por dentro, el daño continuaba: anemia severa, hematomas y sangrado en el abdomen, y aire acumulado alrededor de los pulmones que le hacía más difícil cada respiración. Su estado era extremadamente crítico.
Todo a la vez
Cada una de esas lesiones, por separado, ya pedía atención. Juntas, explicó GWARP en una publicación posterior, vuelven su caso mucho más complicado de tratar. Y el cuerpo que debía resistirlas llegaba sin reservas, gastado por el hambre.
Por eso su tratamiento no cabía en un solo procedimiento. Necesitaba cuidados intensivos, vigilancia constante, estabilización y control del dolor. La cirugía quedaría para cuando estuviera lo bastante fuerte para soportarla.
Mientras tanto, cada día en el hospital se sumaba a una cuenta.
Diez días después
Diez días después de aquel primer pedido de ayuda, Momo sigue en el hospital. Le queda un camino largo, advirtió el equipo, y las facturas veterinarias, que ya son enormes, crecen cada día.
La ayuda económica que llegó fue muy poca. GWARP intenta seguir el ritmo de los gastos, pero se acerca el momento en que el hospital podría dejar de darle crédito. Si eso pasa, Momo no podría quedarse para recibir los cuidados que todavía necesita.
La organización recibe donaciones para su tratamiento en su sitio web, gwarp.org.
«Momo está luchando muchísimo», escribió el equipo en esa publicación.
Llegó a la calle sin saber buscar comida, esconderse ni defenderse. Alguien había decidido que en su casa estaba de más. Hoy, con la mandíbula y la pata todavía rotas, y con esa terquedad tan propia de los gatos, es Momo quien no piensa irse.
Imagen principal: Good World Animal Rescue and Protection – GWARP.

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