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Inspirador

Una cara de goma en la nuca: el plan para engañar al tigre de los Sundarbans

A finales de los años ochenta, el departamento forestal de Bengala Occidental repartió caras de goma para llevar en la nuca y frenar al tigre de los Sundarbans. Lo que pasó después mezcla cifras, fe y una pregunta que sigue abierta.

Una cara de goma en la nuca: el plan para engañar al tigre de los Sundarbans

En los Sundarbans, entre raíces y lodo, un hombre trabaja inclinado, con la vista fija en lo que tiene delante. Puede ser un recolector de miel, un leñador o un pescador. A su espalda, el manglar es tan cerrado que no vería venir a nadie.

Pero alguien sí mira hacia atrás. En su nuca lleva una cara de goma con los ojos abiertos. No es un disfraz ni una ofrenda: es una medida oficial, ideada a finales de los años ochenta por gente que decidió razonar como el animal al que temía.

Un tigre de Bengala de pelaje anaranjado con rayas negras
Un tigre de Bengala, cazador de emboscada. Foto: Soumyajit Nandy / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Un cazador que vive de no ser visto

Los Sundarbans son el manglar que comparten India y Bangladés, como resume la ficha de EBSCO Research Starters. Allí vive el tigre de Bengala (Panthera tigris tigris), que cruza canales a nado y se mueve entre raíces y lodo donde casi nada se ve.

Es un cazador de emboscada, y su arma más fina no son los colmillos: es la sorpresa. Un estudio etnográfico de A. N. Chowdhury y colegas (2016), publicado en Environmental Health Insights, lo midió con los testimonios de viudas de víctimas en el delta: en 58 de 65 ataques, el 89,2 %, el tigre llegó por detrás.

Entre las víctimas, como registra el análisis de C. S. Das (2018) en Scientific Forestry, hay recolectores de miel, leñadores y pescadores: gente que entraba a su territorio sabiendo que él la veía primero.

Una mirada de regalo para el tigre

En la segunda mitad de los años ochenta, el departamento forestal de Bengala Occidental, en el lado indio del delta, pensó como un felino: si el tigre prefiere atacar cuando nadie lo mira, ¿por qué no regalarle siempre una mirada?

La respuesta fueron máscaras de goma con rostro humano para llevar en la nuca, repartidas gratis, según recogen Chowdhury y colegas (2016). Quien trabajaba agachado tendría así una cara vigilando hacia atrás.

Una mano curtida sostiene, junto al borde de un bote de madera, una máscara de rostro humano con correa y los ojos abiertos
Una cara de goma hecha para la nuca: unos ojos abiertos que no parpadean eran todo el plan.

Cuántas se repartieron, ninguna de las fuentes disponibles lo dice. Tampoco dan el año exacto: la antropóloga Annu Jalais, en su ensayo «Tiger-Charmers of the Sundarbans» (2023), lo sitúa a finales de los ochenta, y un balance hecho en 1989 apunta a un inicio hacia 1986 o 1987.

Tres años sin muertos con máscara

Ese balance lo hizo Peter Jackson, presidente del Grupo de Especialistas en Felinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En 1989 contó a The New York Times, en la nota «Face Masks Fool the Bengal Tigers», que en los últimos tres años nadie que llevara máscara había muerto.

Y añadió un detalle más extraño: se había visto a tigres seguir a personas enmascaradas sin atacarlas. El felino iba detrás, justo donde prefiere estar para lanzarse, y no lo hacía.

Cinco o seis leñadores caminan en fila, de espaldas a la cámara, por un sendero de lodo entre troncos de mangle y raíces que asoman del suelo
Una fila de trabajadores vista desde atrás, el ángulo de un tigre al acecho. La apuesta de las máscaras era que, desde ahí, alguien le devolviera la mirada.

La misma nota daba otra cifra, atribuida a las autoridades: en los 18 meses anteriores habían muerto 29 personas que no llevaban máscara. Son periodos distintos, tres años y 18 meses, y hablan de muertes, no de ataques: el texto no dice que nadie con máscara hubiera sido atacado.

Bonobibi y la máscara de los dignatarios

Aquí la historia se tuerce: no todos quisieron ponérsela. Según Chowdhury y colegas (2016), muchos recolectores de miel se negaban porque lo sentían como una traición a Bonobibi, la diosa que, según creen, los protege en el bosque.

Un recolector de miel, visto de espaldas y un poco de lado, camina con lodo hasta los tobillos entre raíces de mangle
Un recolector de miel avanza sin máscara entre raíces de mangle. Para muchos, ponérsela era traicionar a la diosa en la que confiaban.

Otros tenían un reproche más terrenal. Jalais recoge la respuesta de muchos isleños: «El día que los guardas forestales y los dignatarios lleven máscaras, las llevaremos nosotros».

Con el tiempo, según los relatos locales, el efecto se fue apagando. En 2012, un reportaje de S. Bhattacharya en The National recogió lo que decían los vecinos: los tigres suelen atacar por la espalda, «pero parecen haberse dado cuenta».

Lo que nadie ha podido demostrar

¿Aprendieron los tigres a ver más allá del disfraz? Es la gran pregunta de esta historia, y la respuesta honesta es que nadie lo sabe. Lo de «parecen haberse dado cuenta» es un testimonio, no un hallazgo científico: ninguno de los estudios citados aquí demuestra que los tigres aprendieran a reconocer las máscaras.

Lo que sí está documentado es que muchos trabajadores se negaban a usarlas, y eso abre otra explicación: si la máscara se llevaba de forma irregular, el efecto pudo diluirse sin que ningún tigre descifrara nada. El balance de 1989, además, se conoce por declaraciones a un periódico; ninguna fuente disponible explica cómo se contaron esos casos, cuántas personas usaron la máscara ni durante cuánto tiempo.

Si quieres revisar los datos por tu cuenta, el estudio de Chowdhury y colegas, con sus 65 casos, se puede leer completo en Environmental Health Insights; el texto de 1989 está aquí, y el ensayo de Jalais, en The India Forum.

Tal vez ningún tigre descifró el truco, o tal vez sí. Pero durante unos años, entre raíces y lodo, un cazador que vive de no ser visto caminó detrás de personas sin saltar, mientras desde sus nucas unos ojos de goma le devolvían la mirada.

Los gatos de casa heredaron ese mismo instinto de acechar cuando nadie los mira: ¿tu gato te ha «emboscado» alguna vez por la espalda? ¿Crees que una cara en la nuca lo engañaría?


Foto del tigre de Bengala: Soumyajit Nandy / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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