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Inspirador

Un dientes de sable nació cojo, nunca pudo cazar bien y aun así llegó a adulto

Durante casi un siglo se creyó que una pelea había deformado la cadera de este dientes de sable de La Brea. Una tomografía contó otra historia y abrió una pregunta: cómo logró sobrevivir.

Un dientes de sable nació cojo, nunca pudo cazar bien y aun así llegó a adulto

En lo que hoy es Los Ángeles, el asfalto de los pozos de La Brea guardó durante miles de años los huesos de muchísimos felinos. Entre ellos hay una cadera que no se parece a las demás: torcida, con la articulación deformada. Perteneció a un dientes de sable del Pleistoceno, un depredador que vivía de su fuerza. Para un animal así, una cadera como esa parecía una sentencia.

Y, sin embargo, es la cadera de un adulto. Durante casi un siglo su deformidad tuvo una explicación que nadie discutía. Hizo falta mirarla por dentro para descubrir que la historia era otra, y que dejaba una pregunta difícil: cómo sobrevivió tanto tiempo un felino que no podía cazar como los demás.

Casi un siglo con la explicación equivocada

Los pozos de La Brea funcionaron como una trampa: según la nota de prensa del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles (NHMLAC, 2021), el asfalto atrapó allí a miles de felinos como este. De la brea, sus huesos pasaron al museo. La pelvis de este dientes de sable, catalogada como LACMHC 131, llevaba décadas en esas colecciones, cuenta La Brea Tar Pits.

Cajón metálico abierto en un depósito de museo, forrado de espuma blanca, con decenas de pelvis fósiles de dientes de sable alineadas en filas iguales y oscurecidas por la brea
Hileras de pelvis casi idénticas, teñidas por el asfalto: en un cajón así, una cadera deforme puede pasar décadas sin que nadie vuelva a preguntarse por ella.

No estaba ahí como un misterio. En 1930, un artículo firmado por Moodie la había explicado: una infección tras un traumatismo violento, quizá una pelea con otro Smilodon, que además le habría dislocado el fémur. Esa versión se aceptó durante casi un siglo, según el estudio publicado en 2021 en Scientific Reports. La imagen de aquella pelvis frente a un espejo, tal como apareció en 1930, todavía puede verse en la historia que el museo dedicó al caso.

El hueso que entró al tomógrafo

La revisión llegó de la mano de la paleontóloga Mairin Balisi, entonces investigadora posdoctoral de La Brea Tar Pits, que dirigió el estudio. Su equipo llevó la pelvis a un hospital: el S. Mark Taper Foundation Imaging Center de Cedars-Sinai, donde trabajaron con el cirujano ortopédico Robert Klapper, según el preprint del estudio en bioRxiv (2020).

Sala de tomografía de un hospital con el anillo blanco del escáner y, sobre la camilla a medio entrar, una caja gris acolchada de museo con una etiqueta de papel en blanco atada al asa
Un tomógrafo de hospital, como los que se usan con pacientes, recorre la pieza capa por capa y deja ver lo que la superficie del hueso esconde.

Allí, un tomógrafo como el que se usa con personas recorrió el hueso capa por capa, según el estudio. ¿Cuándo? Ninguna de las fuentes da la fecha exacta del escaneo. Lo que sí se sabe es que ya estaba hecho y descrito en ese preprint, difundido el 7 de enero de 2020, y que el artículo definitivo se publicó en Scientific Reports el 28 de octubre de 2021.

Una cadera que nunca encajó

La imagen descartó la pelea, y también una caída, según el estudio de Balisi y colegas (2021). Lo que mostró fue otra cosa: la cavidad donde debía girar la cabeza del fémur era demasiado poco profunda. Hueso y articulación nunca habían encajado.

Era displasia de cadera, la misma que hoy sufren algunos perros y gatos. Y eso lo cambiaba todo. Una herida llega un día; la displasia acompaña desde el principio. Aquel dientes de sable había nacido así.

Creció cojeando, probablemente con dolor, como ya planteaba el preprint. Con esa cadera, señala el estudio, habría sido incapaz de lanzarse con fuerza sobre una presa o de defender un territorio. Y aun así, sus huesos eran los de un adulto: había sobrevivido años. Cuántos exactamente, o cómo terminaron sus restos en el asfalto, es algo que esta cadera no cuenta.

Las imágenes que muestran esa cadera están a la vista. El escaneo en 3D de la pelvis y el fémur afectados, y un video que recorre la pelvis de delante hacia atrás, se pueden ver desde la página de La Brea Tar Pits sobre el estudio. Las figuras completas de la tomografía, la de la pelvis LACMHC 131 y la del fémur LACMHC 6963, están en el artículo de Scientific Reports, de acceso abierto.

Un sitio junto a la presa

Un cazador solitario en esas condiciones difícilmente habría llegado tan lejos, razonan los autores. Entonces, ¿cómo comió un dientes de sable cojo durante todos esos años?

Los propios investigadores dejan abierta una posibilidad. «No podemos descartar la hipótesis de que el animal patológico fuera un carroñero y obtuviera comida fuera de una estructura social», escriben en Scientific Reports. Su gran tamaño y sus colmillos, añaden, podrían haberlo convertido en un fuerte competidor por la comida. Y admiten algo más: nadie sabe todavía con certeza si estos felinos vivían en grupo.

Una persona con chaleco de campo y sombrero, apoyada en la baranda de madera de un pozo de excavación cercado en La Brea, con una libreta y una tableta contra el pecho, mirando hacia abajo
Junto a un pozo de brea, en pleno Los Ángeles: de este asfalto salieron los huesos de miles de felinos, pero cómo vivían sigue siendo una pregunta abierta.

Pero los paleontólogos que leyeron ese hueso se inclinan por otra pista, la de la vida en grupo. Para ellos, según la nota de prensa del NHMLAC que acompañó la publicación, otros dientes de sable le hicieron sitio junto a la presa. Y lo dejaron comer.

De aquel felino no queda su rugido ni su pelaje. Queda una cadera torcida que guardó, sin proponérselo, la huella de quienes, quizá, se apartaban un poco para que él también comiera.

¿Has conocido a un gato o a un perro con alguna discapacidad que saliera adelante gracias a los otros animales de la casa? Cuéntanos su historia.


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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