A mediados de agosto, en el suroeste de Londres, Star dio a luz a cinco gatitos al borde de la cerca de un jardín. Es una gata atigrada de pelo largo y ojos verdes, con esa compostura que las gatas conservan aunque todo a su alrededor esté en contra.
Y casi todo lo estaba. En la zona viven muchísimos gatos callejeros, y una cerca no protege de nada: ni del mal tiempo, ni del tráfico, ni de ningún otro peligro de la calle.
Star hacía lo único que podía: quedarse. Mantenía juntos a sus recién nacidos y vigilaba. Cada ruido en la oscuridad era una pregunta; cada hueco de la cerca, una amenaza posible. Hacía bien su trabajo. El problema era el lugar.
Lo que Star no podía saber es que no era la única que vigilaba.
Alguien al otro lado
Una persona del vecindario seguía con atención a la pequeña familia. No le gustaba lo que veía: una gata con cinco gatitos recién nacidos, en un rincón donde cualquier cosa podía salir mal.
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Así que hizo lo que muchos dejan para otro día: pidió ayuda. Contactó a The Stray Cat Club, una organización de rescate con base en Richmond que ya venía trabajando en esa misma zona, justamente por la cantidad de gatos que viven en la calle.
El equipo no separó a nadie. Se llevó a los seis de una vez, a la madre y a sus cinco crías, y Star cambió la cerca por un lugar seguro sin perder de vista a ninguno de sus hijos. Por fin podía criarlos en paz.
Cinco caracteres y una sola pila
Las semanas siguientes hicieron su trabajo. Con el cuidado constante del equipo, aquellas bolitas frágiles se convirtieron en cinco gatitos sanos, atigrados y negros, algunos con patitas blancas, y todos con opiniones propias.
«Avancemos rápido hasta hoy: estos bebés han pegado un estirón enorme», le contó el equipo a LoveMeow.
A principios de octubre, la organización cayó en la cuenta de un detalle: entre tanto trajín, nunca había presentado formalmente a Star y a su familia, aunque los más atentos ya los habían visto pasar por sus historias. Lo resolvió con una publicación.
Ahí los describió como «una mezcla maravillosa de personajitos aventureros, curiosos, juguetones y cariñosos». Y no hay dos iguales: «Algunos son los primeros en explorar cada rincón nuevo, mientras que otros prefieren ver cómo se arma la travesura antes de sumarse».
Es el reparto clásico de cualquier camada que se respete: los audaces abren camino y los prudentes llegan un segundo después, como quien no quiere la cosa. Luchan, se persiguen, se revuelcan. Y cuando ya no les queda energía, llega lo mejor.
«Una vez que se agotan, no hay nada mejor que acurrucarse todos juntos en una gran pila de gatitos», escribió el equipo. Esa pila no tiene principio ni final: donde se acomoda uno, llegan los demás, hasta que los cinco son un solo nudo tibio de colas y patas.
Donde da el calor
Hoy siguen al cuidado de The Stray Cat Club, en la zona de Richmond, cerca del código postal TW10. Lo que viene ahora son sus últimos chequeos de salud. Después, según el equipo, no faltará mucho para que estén listos para un hogar definitivo.
Y la búsqueda no es solo para los pequeños: la organización también quiere una familia para Star. Cree que esas personalidades tan distintas encajarán en «todo tipo de familias amorosas», y quien pueda abrirle la puerta a cualquiera de los seis puede contactarla a través de su formulario de adopción.
Mientras tanto, Star practica algo que hacía mucho no se permitía: bajar la guardia. Se estira donde da el calor, se deja cuidar y mira jugar a sus hijos desde una distancia cómoda, con la serenidad de quien ya no tiene que contar cabezas.
Y ellos juegan. Su pasatiempo favorito, de lejos, es esconderse: desaparecen detrás de los muebles, se meten en cualquier rincón y saltan sobre el primer hermano que pasa, encantados consigo mismos cada vez.
Para una camada que pasó sus primeros días sin un solo lugar donde ocultarse, el escondite se volvió la diversión de la casa. Solo que ahora, cuando desaparecen, es para que alguien los encuentre.
Imagen principal: The Stray Cat Club.

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