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Sra Bigotes

Inspirador

La ardilla baja de cabeza por el mismo tronco en el que tu gato se atasca

En 2025, los bomberos de Londres salieron al menos 98 veces por gatos atrapados en árboles. Unas garras, un tobillo y una ardilla explican por qué bajar le cuesta tanto más que subir.

La ardilla baja de cabeza por el mismo tronco en el que tu gato se atasca

El parte cabe en una línea, en mayúsculas y sin adjetivos: «CAT STUCK IN TREE AT HEIGHT FOR FOUR DAYS». Un gato atascado en lo alto de un árbol desde hace cuatro días. Otro, de 2023, repite la escena con un día menos: «Gato atrapado en un árbol. Lleva ahí tres días».

El gran trepador de la casa, esperando una escalera. Y no es una rareza: en Londres, los avisos como estos llegan con una regularidad casi de calendario.

Casi dos salidas por semana

Esos partes salen del registro oficial de rescates de animales de la London Fire Brigade (LFB), el cuerpo de bomberos de Londres, publicado en el London Datastore con la descripción de cada salida desde enero de 2009. Según esa base de datos, en 2025 los bomberos acudieron al menos 98 veces por gatos atrapados en árboles: casi dos por semana.

El «al menos» tiene su razón: ese año hay 250 descripciones de incidentes con gatos censuradas bajo la palabra «Redacted», así que la cifra real podría ser mayor. En todo el registro, de 2009 a julio de 2026, las salidas por gatos en árboles suman como mínimo 945.

Bombero con casco amarillo y equipo oscuro al pie de una escalera de aluminio apoyada en un árbol alto de un jardín, con la mano en un peldaño y la vista en la copa
Escalera extendida, casco amarillo y la vista en la copa: una escena de rutina para los bomberos de Londres, que en 2025 salieron al menos 98 veces por gatos en árboles.

Garras hechas para subir

Subir nunca fue el problema. Según la guía de Cats Protection (2024), la mayor organización benéfica felina del Reino Unido, las patas traseras empujan y las garras, curvas como ganchos, se clavan en la corteza.

Lo difícil es la vuelta. El instinto del gato es bajar de frente, pero de cabeza esa curva queda del lado equivocado y casi no sujeta. Tendría que bajar de espaldas, con la cola primero, un movimiento que casi nunca hace. La etóloga Susan Bulanda explica en PetMD, en un artículo revisado por la veterinaria Katie Grzyb, que en esa maniobra a los gatos les cuesta coordinar las patas delanteras con las traseras.

Por eso prefiere saltar. Según Cats Protection, el atasco llega cuando la rama queda demasiado alta para el salto. Entonces no baja de cabeza, no baja de espaldas y no salta. Se queda.

Primer plano de la funda translúcida y curva de una uña de gato, con la punta hundida en una grieta de corteza de pino
Curva como un anzuelo y con la punta hundida en la corteza: así se agarra la garra al subir. De cabeza, esa misma curva queda del lado que no sujeta.

La ardilla que baja de cabeza

Por el mismo tronco, la ardilla baja de cabeza. Cats Protection describe su recurso: gira las patas traseras hasta que sus garras miran hacia arriba y pueden agarrarse. Los investigadores F. A. Jenkins Jr. y D. McClearn lo analizaron en un artículo de 1984 en el Journal of Morphology: esa «reversión del pie trasero» da el agarre necesario para descender de cabeza, y está documentada en ardillas del género Sciurus.

La diferencia asoma hasta en los partes. Según el mismo registro de la LFB, desde 2009 los bomberos acudieron 113 veces por ardillas. Solo tres descripciones mencionan un árbol: una ardilla herida (2012), una cría atascada (2026) y una ardilla que no podía salir del árbol por un objeto atado a una pata (2026). Otras 14 descripciones de ardillas están censuradas.

Mismo tobillo, otro recorrido

¿Ningún felino tiene el truco? Muy pocos. El margay (Leopardus wiedii), un gato pequeño de las selvas americanas, gira las patas traseras 180 grados. Según el Grupo de Especialistas en Felinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), baja de cabeza y puede colgar de una rama por un solo pie. La Animal Diversity Web de la Universidad de Míchigan también describe esa reversión del pie trasero y cómo se suspende de sus patas traseras. El estudio de Morales y colegas (2018), publicado en la revista Zoology, ubica ese giro de 180 grados en la articulación tarsal y señala que es el único felino neotropical que baja así.

En los bosques de Asia, la pantera nebulosa (Neofelis nebulosa) también baja de cabeza y cuelga de las patas traseras, según el Zoológico Nacional e Instituto de Biología de la Conservación del Smithsonian y la San Diego Zoo Wildlife Alliance. El Smithsonian la describe como una de solo dos especies de gato capaces de bajar así.

¿Tienen una pieza que a tu gato le falta? No. Jenkins y McClearn estudiaron seis mamíferos placentarios, entre ellos gatos del género Felis y ardillas Sciurus, y en todos intervienen las mismas tres articulaciones del tobillo: la crurotalar, la subtalar y la tarsal transversa. La reversión, concluyeron, representa «un grado inusual de recorrido en estas articulaciones, no un tipo de movimiento nuevo». Mismo tobillo, otro recorrido.

Y un detalle que desinfla la épica: con todo ese equipo, el margay se mueve y caza sobre todo en el suelo, según la UICN. A los árboles sube, más que nada, a descansar.

Cuarenta y ocho horas a siete metros y medio

¿Y tu gato? Según Cats Protection, suele bajar solo si le dan tiempo y una ruta segura. Los bomberos piden, sobre todo, que nadie trepe detrás de él ni se ponga en riesgo intentando rescatarlo por su cuenta. Así lo recordó el comandante de estación Richard Hamilton en un parte oficial de la LFB que guarda una escena insólita.

Ocurrió el 3 de marzo de 2021 en Thornton Heath, al sur de Londres. Un gato llevaba más de 48 horas en un árbol, a unos 25 pies de altura (7,6 metros). Los bomberos apoyaron una escalera de nueve metros y se preparaban para subir cuando un inspector de la RSPCA, la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales, les pidió que se apartaran.

El gato bajó por la escalera, solo, y se fue corriendo «sin dar las gracias», según el parte. El comandante al mando, con más de 25 años de servicio, nunca había visto algo así.

Aquel gato no necesitaba el tobillo de un margay ni el giro de pie de una ardilla. Le bastaron unos peldaños y que nadie subiera a buscarlo.

¿Tu gato alguna vez subió a un lugar del que después no supo bajar? Cuéntanos cómo terminó la historia… y quién salió con los rasguños.


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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