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Por qué unos biólogos rociaban perfume de hombre en la selva de los jaguares de Guatemala

Una colonia probada con dos guepardos del Zoológico del Bronx terminó en un trapo atado a una estaca en la selva del Petén. Lo que hicieron los jaguares frente a las cámaras ayudó a contar cuántos quedan.

Por qué unos biólogos rociaban perfume de hombre en la selva de los jaguares de Guatemala

En la selva del Petén, en el norte de Guatemala, una cámara escondida entre la vegetación se activa. Un jaguar entra en el cuadro. Lo habitual sería verlo seguir de largo y dejar apenas unas cuantas imágenes de su paso. Esta vez hace algo poco común: se queda.

Se detiene y olfatea, una vez y otra. Del otro lado de esa imagen hay un equipo que lleva años intentando responder una pregunta fácil de formular y difícil de contestar: cuántos jaguares quedan en la Reserva de la Biosfera Maya.

Fotos que no decían quién era quién

Las cámaras trampa de la reserva ya fotografiaban jaguares. El problema era otro. Según la crónica de The Wall Street Journal de 2010 que recogió Phys.org, entre el 30 y el 40 % de las imágenes no servía para saber qué individuo aparecía en ellas. La mayoría sí servía, pero para el equipo cada foto perdida era un jaguar sin contar. Y el jaguar (Panthera onca) es el felino más grande de América, según la ficha del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.

Ese equipo lo encabezaba Roan Balas McNab, director de la Wildlife Conservation Society (WCS) en Guatemala, como lo presenta el comunicado de la organización del 8 de junio de 2010. La urgencia tenía números. Un informe de Rainforest Alliance, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) y la WCS, firmado en 2015 por Hodgdon, Hughell, Ramos y el propio McNab, calculó que la reserva perdió bosque a un ritmo del 1,2 % anual entre 2000 y 2013. En su zona de amortiguamiento, la pérdida llegó al 5,5 % anual, según recoge Mongabay (2016). Contar jaguares en una selva que se encoge no es un trámite.

Biólogo de campo con camisa de manga larga sudada, gorra y botas de hule, agachado de perfil en el sotobosque húmedo de una selva tropical
En el sotobosque del Petén, el monitoreo de jaguares se hace a ras de suelo: cada estación se instala y se revisa a mano.

Veinticuatro frascos en el Zoológico del Bronx

La respuesta empezó lejos de la selva, en Nueva York. En 2003, Pat Thomas, curador general del Zoológico del Bronx, que también es de la WCS, buscaba aromas que despertaran la curiosidad de los felinos. Probó 24 fragancias con dos guepardos y midió cuánto tardaban en notar cada olor y cuánto tiempo pasaban junto a él, según Phys.org.

Las diferencias fueron enormes. Ante Beautiful, de Estée Lauder, los guepardos se quedaron 2 segundos de media. Ante Charlie, de Revlon, 15,5 segundos. Ante Obsession for Men, de Calvin Klein, 11,1 minutos. Del resto de la lista no tenemos el detalle.

Tampoco era una simple pausa. En una entrevista en video con National Geographic (2010), Thomas contó que algunos perfumes desataban un frotamiento de mejillas intenso. Los felinos abrazaban el tronco con las patas y se restregaban contra él, y a veces babeaban y entrecerraban los ojos. Frente a la colonia de Calvin Klein, resume el comunicado de la WCS, «frotaban, olfateaban y tocaban con las patas».

Guepardo adulto echado en la hierba de un recinto de zoológico, frotando la mejilla contra un tronco bajo y desgastado
Un guepardo restriega la mejilla contra un tronco, el tipo de gesto que Pat Thomas vio repetirse en el Bronx frente a ciertos perfumes.

La pista de la civeta

¿Por qué esa colonia y no otra? No está demostrado, pero la sospecha recae en un ingrediente: la civetona, versión sintética del almizcle de la civeta, un mamífero de olor intenso. Ann Gottlieb, creadora de la fragancia, habla de sus «notas animales sintéticas como la civeta», según ABC Science (2013).

En ese mismo artículo, el biólogo Miguel Ordeñana, del Museo de Historia Natural de Los Ángeles, propone una lectura felina. La civetona se parecería a una marca territorial, y el jaguar respondería frotando encima su propio olor. Es una hipótesis, no un hecho comprobado. Lo comprobado, hasta ahí, era el efecto en dos guepardos de zoológico.

Un trapo, una estaca y el triple de jaguares

Hasta que el frasco viajó al Petén. Según la crónica del Wall Street Journal que recogió Phys.org, el equipo de McNab supo de la prueba del zoológico por un colega y, desde 2007, usaba Obsession for Men en la Reserva de la Biosfera Maya. El método era casi artesanal: rociaban la colonia en un trapo atado a una estaca, frente a las cámaras. De aplicarla se encargaban los biólogos de campo Rony García y José Moreira, del programa de jaguares de la WCS, según Reuters.

Y los jaguares que antes pasaban de largo se detuvieron. El comunicado de la WCS describe animales que se quedaban junto al paño y lo olfateaban una y otra vez. Una pareja llegó a mostrar frente a la cámara un comportamiento de apareamiento que rara vez se ve.

Esas fotos salieron a la luz el 8 de junio de 2010, y puedes leer el anuncio original de la WCS en su sala de prensa.

El efecto se pudo medir: según Phys.org y el Wall Street Journal, el número de jaguares captados por las cámaras con perfume se triplicó.

Trapo de algodón claro y deshilachado atado a una estaca de madera a la altura de la rodilla, en el suelo de una selva tropical, sin ningún animal a la vista
Un paño atado a una estaca frente a la cámara: así de simple era el cebo; lo que cambió fue cuánto tiempo se quedaban los jaguares.

Rosetas que funcionan como huellas

¿Por qué importaba tanto que un jaguar se quedara un rato más? Porque ningún jaguar tiene las rosetas iguales a otro: el dibujo de su pelaje funciona como una huella dactilar. Cada animal que se quedaba dejaba más fotos útiles, y cada foto útil era un individuo reconocible.

El perfume no inventó el método; lo afinó. Silver y colegas ya habían mostrado en 2004, en un artículo de la revista Oryx, que las cámaras trampa permiten estimar la abundancia y la densidad de jaguares sin cebo, con un análisis de captura y recaptura: cada individuo reconocido en una foto nueva cuenta como «recapturado», y de esas repeticiones sale la estimación. Con más fotos útiles, el equipo del Petén pudo calcular con más precisión cuántos jaguares quedaban.

¿Cuántos, exactamente? Con el material de esta historia no podemos darte esa cifra: lo que se reportó sobre el perfume se centró en el método y en su efecto. Para seguir el hilo están el comunicado original de la WCS y otro de 2013 sobre los jaguares de Guatemala, «Capturing phantoms in photos», que recogió ScienceDaily.

El felino más grande de América se dejó contar gracias a un perfume. Y cada jaguar que se detuvo a olfatear un trapo en el Petén dejó la prueba de que sigue ahí, en una selva que se encoge.

¿Tu gato también enloquece con algún olor en particular, como un perfume, una planta o una prenda tuya? Cuéntanos cuál es.

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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