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Quedaban 62 linces ibéricos adultos y su mayor amenaza no tenía garras

A comienzos de siglo, el lince ibérico sobrevivía en dos rincones del sur de España. Para darle un futuro, primero hubo que salvar a otro animal del monte.

Quedaban 62 linces ibéricos adultos y su mayor amenaza no tenía garras

En 2001, una especie entera de felino cabía en dos rincones del sur de España: Doñana y la sierra de Andújar. Fuera de esas dos manchas del mapa no sobrevivía ninguna otra población de lince ibérico (Lynx pardinus), y dentro de ellas los adultos se contaban por decenas.

Toda una especie dependía de que esos pocos resistieran. La amenaza que los había empujado hasta ahí no tenía garras. Y la solución, cuando llegó, no empezó por el lince.

Un lince ibérico de pelaje pardo con manchas oscuras
Un lince ibérico (Lynx pardinus), el felino que en 2001 sobrevivía solo en dos rincones de España. Foto: Diego Delso / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Dos rincones y 62 adultos

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), en 2001 quedaban 62 linces ibéricos adultos. No es la única estimación: el Grupo de Especialistas en Felinos de la IUCN calcula para 2002 unos 43 adultos, 25 en Andújar-Cardeña, en la Sierra Morena oriental, y 18 en Doñana. Ese año la especie quedó clasificada como En Peligro Crítico, el último escalón de la Lista Roja antes de la extinción en estado silvestre.

Un enemigo sin garras

El lince ibérico es un cazador especialista. Según la información del proyecto LIFE Lince de la Junta de Andalucía, el conejo representa entre el 85 y el 100 % de su dieta, y sus necesidades de energía están ajustadas a lo que le aporta un conejo adulto al día: entre 600 y 1.000 kilocalorías.

Esa dependencia lo dejó expuesto. Según el Grupo de Especialistas en Felinos, la mixomatosis, presente desde los años cincuenta, y la enfermedad hemorrágica vírica del conejo, desde finales de los ochenta, vaciaron el monte de conejos y dejaron a su cazador sin alimento. Las carreteras y los furtivos hicieron el resto, junto con la destrucción del hábitat y la persecución humana.

De ahí salió la idea que guio a los equipos de los proyectos europeos LIFE: para salvar al lince había que salvar primero a su presa. La propia IUCN incluye entre las acciones clave aumentar la abundancia del conejo, restaurar el matorral mediterráneo y reducir las muertes causadas por el ser humano.

El proyecto LIFE06 de Andalucía levantó refugios artificiales y cercados de cría de conejo, y firmó acuerdos de custodia del territorio con 147 fincas privadas que suman más de 200.000 hectáreas. Después, LIFE Iberlince soltó más de 63.000 conejos silvestres y cerró más de 300 acuerdos con propietarios y gestores, sobre más de 266.000 hectáreas.

Técnico de conservación con chaleco verde oliva, gorra y botas polvorientas, arrodillado junto a un refugio para conejos recién construido en una dehesa
Un refugio para conejos recién levantado en una dehesa de Sierra Morena: cada conejo que prospera ahí es alimento para un lince.

Cachorros con dos destinos

Mientras el monte se recuperaba, la especie necesitaba un seguro. Según el estudio de Kleinman-Ruiz y colegas (2019) en Heredity, la cría en cautividad se apoya en cuatro centros principales —El Acebuche, dentro del Parque Nacional de Doñana, Silves, Granadilla y La Olivilla—, además del Zoobotánico de Jerez. Los primeros cachorros nacidos en cautividad llegaron en 2005.

Manos con guantes de látex azul claro sostienen con cuidado a un cachorro de lince durante una revisión veterinaria en un centro de cría
Una revisión de salud de rutina en un centro de cría: cada cachorro guardaba una parte de la diversidad genética de la especie.

No todos tenían el mismo futuro. Según ese trabajo, el programa mantiene una población cautiva, gestionada genética y demográficamente, como reserva de la diversidad de las dos poblaciones silvestres. Unos cachorros se quedaban en esa reserva. Otros crecían para salir: el programa aporta subadultos a las reintroducciones.

La puerta del cercado

Según Simón y colegas (2012), en Conservation Biology, las primeras liberaciones llegaron en 2009 a Guadalmellato, en Córdoba, y en 2010 a Guarrizas, en Jaén (algunos informes de censo dicen 2011). Las de Córdoba fueron a finales de año, en cercados de suelta blanda.

Después, LIFE Iberlince sumó nuevas áreas: Matachel y Ortiga, en Extremadura; Montes de Toledo y Campo de Calatrava, en Castilla-La Mancha, y el Vale do Guadiana, en Portugal, con poblaciones establecidas entre 2011 y 2017. En Matachel, las sueltas empezaron en 2014, según Rueda y colegas (2021).

En diciembre de ese mismo año, en un cercado de Mértola, Jacarandá y Katmandú salieron de sus cajas. El Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas (ICNF) fecha esa primera suelta en Portugal el 16 de diciembre de 2014. El lince volvía a un país donde se le daba por desaparecido.

Cada liberación tenía su instante de silencio. Alguien abría la puerta. El lince, con sus pinceles negros en las orejas y sus barbas, olfateaba el aire, dudaba un segundo… y desaparecía entre las jaras.

Caja de transporte de madera vacía, con la puerta corrediza levantada, a la entrada de un cercado de malla entre el matorral
Una caja de transporte vacía a la entrada de un cercado de suelta blanda: el último paso antes del monte.

Y los linces respondieron. Marcaron territorios, se aparearon y criaron camadas que jamás vieron una jaula. Una hembra recorrió más de 200 kilómetros buscando un hogar propio.

Una categoría menos en la Lista Roja

El 20 de junio de 2024, la IUCN anunció en una nota de prensa que el lince ibérico pasaba de En Peligro a Vulnerable. La misma nota mide el cambio: de 62 individuos maduros en 2001 a 648 en 2022. Un coordinador de los equipos LIFE, F. J. Salcedo Ortiz, describió el caso como la mayor recuperación de un felino jamás lograda por la conservación, según la copia de la nota en UN Decade on Ecosystem Restoration.

El censo de ese año sumó 2.401 linces ibéricos, un 19 % más que el anterior, según la nota del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) de mayo de 2025. No es comparable con el dato de la IUCN: aquel cuenta solo adultos maduros; el censo, ejemplares. Las fuentes de esta historia no explican cómo se hizo el recuento.

Las carreteras siguen ahí: en 2024, los atropellos causaron 162 de las 214 muertes registradas, el 75,4 %, según la misma nota.

Sesenta y dos adultos cabían en dos rincones. Hoy sus descendientes acechan conejos en sierras de España y Portugal que habían olvidado sus pinceles negros, y su regreso empezó por devolverle al monte su presa.

¿Has visto alguna vez un lince ibérico en libertad o sueñas con verlo? Cuéntanos dónde fue o dónde te gustaría que ocurriera.


Foto del lince ibérico: Diego Delso / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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