Escribe en cualquier buscador el nombre del gato que, según dicen, dejó sin aves a toda una especie, y vas a encontrar la misma palabra repetida en decenas de artículos: Tibbles. Se repite con tanta seguridad que la historia parece cerrada, verificada, con fecha y firma. Pero busca ahora quién escribió ese nombre por primera vez, en qué carta, en qué informe, en qué artículo científico de la época. El rastro documental, sencillamente, se acaba ahí.
El rastro que sí se puede seguir empieza el 29 de enero de 1894, cuando se encendió el faro de la isla Stephens, al norte de Nueva Zelanda, según reconstruyeron R. Galbreath y D. Brown en su artículo de 2004 para la revista Notornis. Hasta ese día, la isla no tenía un solo mamífero introducido.
Tres fareros, una maestra y una gata que se escapó de un saco
Al servicio del faro llegaron tres fareros con sus familias y una maestra para los niños. También llegó una gata preñada que, según contaron después los propios testigos, se escapó de un saco al momento de desembarcar. Uno de los ayudantes de farero, David Lyall, era aficionado a la historia natural, y pronto notó que uno de los gatos de la isla había empezado a dejarle pájaros muertos en la puerta de su cabaña.
Un pájaro que no encajaba en ningún libro
Lyall preparaba cada ave como ejemplar de estudio: una tarea manual y lenta, de despellejar, rellenar con algodón y etiquetar. Uno de esos pájaros no se parecía a nada descrito hasta entonces. Pesaba unos treinta gramos y su esternón no tenía quilla, el hueso donde se anclan los músculos que permiten volar, según confirmó Phillip Millener con el análisis de esqueletos subfósiles en su estudio de 1989, que resume también la ficha de Ian Southey (2013) en New Zealand Birds Online. De todos los paseriformes conocidos, del gorrión al cuervo, era el único que no podía volar y seguía con vida.

Casi nadie llegó a verlo con vida. Hay un solo registro fiable: una carta de Travers a Rothschild, fechada el 7 de marzo de 1895 y citada en el artículo de Galbreath y Brown, que lo describe corriendo entre las rocas como un ratón, sin que nadie lograra acercarse. Nadie lo fotografió nunca; la imagen más fiel de su aspecto es una reconstrucción pictórica que el artista Paul Martinson pintó en 2005 para un libro sobre aves extintas de Nueva Zelanda, hoy en la colección de Te Papa.
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Nueve pieles, una frase y un nombre para la ciencia
Lyall envió nueve pieles al tratante Travers, en Wellington, quien las ofreció al coleccionista Walter Rothschild. En la carta que acompañaba el envío, fechada el 9 de octubre de 1894, iba una frase del propio farero: en poco tiempo no quedará ninguno. El 29 de diciembre de ese año, Rothschild publicó la descripción científica del ave y le puso el nombre de Traversia lyalli, en honor a Lyall.
A finales de 1895, convencido de que el ave ya no existía, Travers pidió cincuenta libras por cada uno de los dos ejemplares que aún conservaba. Un farero de la época ganaba ciento cuarenta libras al año, según consta en los registros parlamentarios de 1896 que citan Galbreath y Brown. La supuesta extinción había multiplicado el valor de la mercancía.

Nunca hubo un solo gato
La versión que circula hoy habla de una sola gata responsable de todo. Los propios documentos de la isla la contradicen. En febrero de 1895, el mismo Lyall escribía que los gatos —en plural— se habían vuelto salvajes y hacían estragos entre las aves. Para julio de Para julio de 1897, el farero principal pedía escopetas al Marine Department, y hacia el 1 de noviembre de 1912 ya se habían abatido más de setecientos gatos en la isla, según los libros de registro y la correspondencia de la época que reproducen Galbreath y Brown.
¿De dónde salió entonces la imagen de un solo gato? Rothschild fue quien la imprimió por primera vez, en 1905, y desde ahí la repitió todo el mundo sin volver a las fuentes originales.
El nombre que nadie firmó, y la isla que no estaba sola
El nombre Tibbles tiene un problema más profundo que la exageración: no aparece en ningún documento de la época. El artículo de Galbreath y Brown, que reconstruye el episodio completo a partir de los papeles de Rothschild, los archivos del Marine Department, Archives New Zealand y la Alexander Turnbull Library, no nombra al gato ni una sola vez. Eso no demuestra que el nombre sea falso. Demuestra que, hasta donde llega la evidencia disponible, nadie lo firmó.
Tampoco esta ave era exclusiva de la isla Stephens. Sus huesos aparecen en las dos islas principales de Nueva Zelanda, entre los restos de comida de un búho ya extinguido, el búho reidor, según documenta New Zealand Birds Online. Esas poblaciones continentales habían caído siglos antes, casi con certeza por la rata que llegó con los primeros navegantes. Para 1894, la isla Stephens era lo último que le quedaba.
Un culpable con nombre cabe en una sola línea; una isla llena de decisiones humanas —una gata que escapó de un saco, gatos ferales que nadie contuvo a tiempo, ratas que habían llegado siglos antes— no cabe en ninguna leyenda tan corta.
¿Dejas salir a tu gato al exterior? Cuéntame cómo tomaste esa decisión, y si alguna vez lo que trajo de vuelta te hizo dudar.
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Galbreath, R.; Brown, D. (2004). The tale of the lighthouse-keeper’s cat: Discovery and extinction of the Stephens Island wren (Traversia lyalli). Notornis 51(4): 193-200. https://www.birdsnz.org.nz/wp-content/uploads/2021/12/Notornis_51_4_193.pdf
- Millener, P.R. (1989). The only flightless passerine; the Stephens Island wren (Traversia lyalli: Acanthisittidae). Notornis 36(4): 280-284. https://www.birdsnz.org.nz/wp-content/uploads/2022/03/Notornis_36_4-1989-pp-36-40.pdf
- Southey, I. (2013). Lyall’s wren. En Miskelly, C.M. (ed.) New Zealand Birds Online. https://www.nzbirdsonline.org.nz/species/lyalls-wren
- Museum of New Zealand Te Papa Tongarewa. Lyall’s wren, Traversia lyalli — ejemplar montado OR.005098. Collections Online. https://collections.tepapa.govt.nz/object/532009

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