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Inspirador

Un niño masái de 11 años hizo creer a los leones que vigilaba el corral mientras dormía

Los leones del Parque Nacional de Nairobi mataban las vacas de su familia, y ni el fuego ni un espantapájaros los habían detenido. Una noche, con una linterna en la mano, Richard Turere, de 11 años, encontró la pista.

Un niño masái de 11 años hizo creer a los leones que vigilaba el corral mientras dormía

Un león del Parque Nacional de Nairobi no necesitaba gran cosa para conseguir la cena. Le bastaba con salir del parque al caer la noche y caminar hacia el sur, hasta los corrales de Kitengela, donde las vacas dormían encerradas y no tenían a dónde correr.

El precio de esa cena lo pagaba después: cuando un león mataba ganado, los morans, los guerreros masái que protegen los rebaños, solían salir a matarlo. La forma de romper ese trato estaba en una señal que los propios leones sabían leer en la oscuridad, y quien la descifró fue el niño que cuidaba esas vacas.

Retrato de Richard Turere, creador del sistema Lion Lights
Richard Turere, quien de niño cuidaba las vacas de su familia en Kitengela, en un retrato de 2020. Foto: Louloudi92 (vía WIPO Magazine) / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

Un pastor de once años

Richard Turere, un niño masái de Kitengela, tenía nueve años cuando su padre le encargó cuidar las vacas de la familia. Vivir al sur del parque significaba tener a los leones por vecinos, y esos vecinos no avisaban.

Llanuras abiertas de Kitengela con el horizonte de Nairobi apenas visible al fondo
Las llanuras de Kitengela, al sur del Parque Nacional de Nairobi, con el horizonte de la ciudad apenas visible al fondo. Foto: Rotsee / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Llegaban casi todos los días, contaría él más tarde. En una de esas visitas mataron al único toro que tenía la familia. Richard tenía once años, las vacas eran su responsabilidad y empezó a buscar la manera de cerrarles el paso.

Fuego, y después un hombre de trapo

Lo primero fue el fuego. Richard estaba convencido de que los leones le temían, así que lo usó para proteger el corral. Los leones vinieron igual, y la luz de las llamas les permitía ver mejor a través del corral: lo que debía espantarlos les estaba alumbrando la cena.

Entonces probó con un espantapájaros. La primera noche funcionó: los leones llegaron, vieron una figura de pie junto al corral y se dieron la vuelta. Pero los leones, como diría Richard, son muy listos. A la noche siguiente volvieron y, según lo contó él, se dijeron: esto no se mueve, siempre está aquí.

Un guardia que nunca cambia de postura no es un guardia. Los leones lo entendieron en dos noches y siguieron entrando.

León macho de pie junto a una acacia en el Parque Nacional de Nairobi, bajo el cielo abierto
Un león macho junto a una acacia en el Parque Nacional de Nairobi, el parque del que salían de noche los leones que llegaban a los corrales de Kitengela. Foto: Elena.laps / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

La noche de la linterna

Una noche, Richard rondaba el corral con una linterna en la mano. Esa noche, los leones no llegaron.

Richard sacó la cuenta: los leones le temían a una luz en movimiento. Una figura quieta puede ser un muñeco. Una luz que da vueltas alrededor de un corral solo puede ser alguien despierto, que camina y vigila. Y los leones, tan rápidos para desenmascarar un engaño, prefirieron no averiguar quién sostenía la lámpara.

Quedaba un problema. Para que la linterna siguiera espantándolos, alguien tenía que sostenerla toda la noche, todas las noches, y Richard tenía once años y también necesitaba dormir.

Una batería vieja y la radio de su madre

Richard tenía con qué intentarlo. Desde muy chico desarmaba aparatos, y una vez se atrevió hasta con la radio nueva de su madre; ese día, contaría después, ella casi lo mata. Así había aprendido electrónica.

Consiguió una batería vieja de auto y un panel solar que la cargaba durante el día. Le sumó la caja de intermitentes de una moto, el aparatito que hace parpadear la luz cuando la moto va a doblar, y unas bombillas pequeñas sacadas de linternas rotas.

Panel solar polvoriento conectado a una batería de auto gastada, una caja de intermitentes atada a un poste y pequeñas bombillas fijadas en una cerca de espinos
Un panel solar, una batería de auto, la caja de intermitentes de una moto y bombillas de linternas rotas: con piezas como estas se arma el sistema que parpadea en la cerca.

Colgó las bombillas en la cerca, alrededor del corral, y las conectó para que parpadearan en secuencias que iban cambiando. El efecto es el de los letreros de feria, donde las luces que se prenden una tras otra parecen una sola que corre. Para un león en la oscuridad, aquello era una lámpara dando la vuelta al corral: alguien haciendo la ronda.

Desde que esas luces empezaron a parpadear, los leones no volvieron a causarle problemas a la familia.

De siete casas a más de dos mil

Cuando vieron que funcionaban, los vecinos le pidieron luces para sus propios corrales, y Richard las fue instalando una casa a la vez. A comienzos de 2013 ya protegían siete hogares de su comunidad.

Pastor masái con shuka roja, visto de espaldas, toca una de las bombillas colgadas en la cerca de espinos de un corral al anochecer, con el ganado descansando adentro
Al caer la noche, un pastor masái revisa las bombillas de la cerca; dentro del corral, el ganado descansa sin sobresaltos.

Ese febrero, con 13 años, Richard subió al escenario de TED y le contó al público cómo engañaba a los leones: las luces les hacían creer que él caminaba alrededor del corral. «Pero yo estaba durmiendo en mi cama», dijo.

En junio de ese mismo año, las luces ya brillaban en 75 hogares repartidos por Kenia.

Diez años más tarde, el 4 de julio de 2023, en una ceremonia en Valencia, la Oficina Europea de Patentes le otorgó a Richard su premio de jóvenes inventores por el sistema que hoy se conoce como Lion Lights. Para entonces lo usaban más de 2.000 hogares de Kenia. Y él resumía así lo que había cambiado en su propia casa: habían pasado de perder tres vacas por semana a no perder ninguna.

Donde esas luces parpadean, el ganado amanece completo y nadie tiene que salir a vengarse de un león.

Un león del Parque Nacional de Nairobi todavía puede caminar de noche hasta un corral de Kitengela. Lo que encuentra es una luz que recorre la cerca, y después otra, como si alguien hiciera la ronda. Al felino que descubrió a un espantapájaros en dos noches nadie le ha explicado el truco, así que se detiene, lo piensa mejor y vuelve al parque con vida. Del otro lado de la cerca, quien debería estar vigilando duerme.

Fotos de Richard Turere (Louloudi92 vía WIPO Magazine / Wikimedia Commons, CC BY 4.0), de las llanuras de Kitengela (Rotsee / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de un león del Parque Nacional de Nairobi (Elena.laps / Wikimedia Commons, CC BY 4.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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