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Cuatro linces aparecieron en la nieve de Escocia tras siglos de ausencia, y hasta sus defensores condenaron cómo llegaron

En enero de 2025, cuatro linces jóvenes andaban por la nieve de los Cairngorms, en Escocia, siglos después de que su especie desapareciera de Gran Bretaña. Alguien los había soltado en secreto, y hasta quienes pedían el regreso del lince condenaron lo que había hecho.

Cuatro linces aparecieron en la nieve de Escocia tras siglos de ausencia, y hasta sus defensores condenaron cómo llegaron

El lince había desaparecido de Gran Bretaña hacía siglos, y en enero de 2025 cuatro jóvenes de su especie andaban por la nieve de los Cairngorms, en Escocia, como quien vuelve a la casa que su familia dejó hace generaciones y encuentra la puerta abierta.

Pero esa puerta no la había abierto nadie con derecho a hacerlo. Alguien los había llevado en secreto hasta la montaña, en pleno invierno, y se había ido. Desde ese momento, el monte entero era suyo. Lo que nadie sabía era si esa libertad les iba a alcanzar para llegar a la primavera.

Lince euroasiático echado sobre la nieve, mirando de frente a la cámara, con un bosque detrás
Un lince euroasiático echado sobre la nieve mira de frente, con el bosque detrás. Foto: Böhringer Friedrich / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.

Un aviso el 8 de enero

El 8 de enero, la autoridad del parque nacional recibió un aviso que parecía de otro siglo: había dos linces sueltos en el monte.

Entonces salió el equipo de la Real Sociedad Zoológica de Escocia, la RZSS, junto con los guardaparques. Armaron trampas con cebo, las vigilaron con cámaras que transmitían en vivo y se quedaron a esperar en el frío.

Dos caminantes diminutos cruzan las amplias laderas nevadas del Braeriach, en los Cairngorms
Dos caminantes cruzan las laderas nevadas del Braeriach, en los Cairngorms, las montañas donde aparecieron los linces. Foto: Colin Wells / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Era la misma estrategia que sirve con un gato que no te conoce: no se le corre detrás. Se le deja el plato servido, se mira desde lejos y se le da tiempo al hambre. Para el 9 de enero, la primera pareja ya estaba a salvo.

Dos más en Killiehuntly

El alivio duró poco. El 10 de enero, las cámaras mostraron a otros dos linces en Dell of Killiehuntly, cerca del pueblo de Kingussie. Quien los había soltado no había dejado una pareja en la montaña, sino dos.

Lince euroasiático descansando de perfil sobre un tronco cubierto de nieve, iluminado por el sol
Un lince euroasiático descansa de perfil sobre un tronco nevado, al sol. Foto: Böhringer Friedrich / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.

El equipo volvió a la misma paciencia de cebo y frío, y ese mismo día la segunda pareja también quedó atrapada. En apenas tres días, los cuatro linces habían pasado de la nieve a manos de quienes los buscaban.

Uno de esos dos últimos murió durante la noche, ya el 11 de enero, poco después de la captura. Las tres que quedaban eran hembras, y sobrevivieron.

Los que más lo esperaban

Algunas de las voces en contra llegaron de donde menos se las habría esperado: de quienes querían al lince de vuelta. Lynx to Scotland, la campaña que pedía su regreso a Escocia, condenó la liberación sin rodeos. Su postura cabía en una línea: el lince tenía que volver, pero no así.

Rewilding Britain, otro grupo que también pedía su regreso, eligió una palabra más dura para lo que había pasado: abandono ilegal.

Mientras tanto, la policía investigaba quién había llevado a los linces hasta la montaña, sin llegar a ningún nombre. Y el 14 de enero, Alasdair Allan, ministro del Gobierno escocés, respondió por su Gobierno: no tenían ninguna intención de liberar linces en la naturaleza.

En una semana, el regreso del lince se había convertido en un caso policial. Y en medio quedaban tres hembras jóvenes que no tenían culpa de nada y que todavía no tenían adónde ir.

Primer plano de la cabeza de un lince euroasiático sobre la nieve, con los pinceles de pelo en la punta de las orejas
La cabeza de un lince euroasiático sobre la nieve, con los pinceles de pelo en la punta de las orejas. Foto: Böhringer Friedrich / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5.

Un hogar a pocos kilómetros

En febrero, las tres estaban en el zoológico de Edimburgo, sanas y en buena forma. El equipo de la RZSS tenía claro su siguiente desafío: encontrarles un hogar definitivo.

Lo encontraron en mayo, y tenía algo de regreso. Las tres hembras se mudaron al Highland Wildlife Park, el parque de fauna de la RZSS en las Tierras Altas, a unos pocos kilómetros del monte nevado donde las habían encontrado en enero. Ese iba a ser su lugar.

Humedal y borde de un bosque mixto vistos desde el Highland Wildlife Park en invierno
Un humedal y un bosque mixto vistos desde el Highland Wildlife Park, en las Tierras Altas de Escocia, en diciembre de 2024. Foto: TXGemGem / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Ese mismo mes, David Field, director de la RZSS, explicó qué había estado en juego aquellos días de enero. Las tres estaban acostumbradas a las personas. Y si nadie las hubiera rescatado, muy probablemente habrían muerto, porque no habrían podido conseguir comida por su cuenta.

La libertad que parecían estrenar en la nieve no les alcanzaba ni para una cena. Soltarlas en la montaña había sido como dejar a un gato de departamento en un bosque nevado y arrancar el auto. La palabra que Rewilding Britain había usado en enero resultaba exacta al pie de la letra.

En julio, por fin, cada una tuvo su nombre: Bluebell, Caledonia y Cardrona. Tres hembras que nadie había invitado a Escocia tienen ahora, cada una, un nombre propio.

Alguien les abrió la puerta de la casa que su especie perdió hace siglos y se marchó antes de ver si podían vivir en ella. La casa que tienen ahora la eligieron, con cuidado, quienes sí se quedaron. Y Bluebell, Caledonia y Cardrona la habitan a la sombra de los mismos montes que cruzaron solas durante unos pocos días de enero.

Créditos de las imágenes: Böhringer Friedrich / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.5; Colin Wells / Wikimedia Commons, CC BY 2.0; TXGemGem / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

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