Un gato se inclina sobre un platito blanco. Lame despacio, con los ojos entrecerrados, y la superficie de la leche tiembla con cada lengüetazo. La escena se ha repetido en cuentos, ilustraciones y cocinas durante generaciones, y es tan familiar que casi nadie la cuestiona.
Parece la imagen perfecta de la felicidad felina. Pero esconde un malentendido que empieza mucho antes, en las primeras semanas de vida del gato, y que termina con una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿qué es, exactamente, lo que busca en ese plato?
Una enzima hecha para las primeras semanas
Un gatito recién nacido depende por completo de la leche de su madre, como recuerda la guía de VCA Animal Hospitals sobre la alimentación de gatitos huérfanos. Para aprovecharla, su intestino fabrica una herramienta diseñada para ese momento: la lactasa, la enzima que rompe la lactosa, el azúcar de la leche, en piezas que el cuerpo puede absorber. Así lo explica un artículo del medio Inverse con declaraciones de Bruce Kornreich, quien dirige el Cornell Feline Health Center, de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell.
Mientras el gatito mama, esa herramienta es indispensable. El problema empieza cuando la leche deja de ser su alimento.
El destete, o cuando el cuerpo deja de invertir
El destete es gradual. Según la guía de VCA, puede empezar a las 3 o 4 semanas de vida. Kornreich explica en Inverse que hacia las 8 o 10 semanas los gatitos suelen comer ya alimento sólido, y S. Chastant, en una revisión sobre la lactancia en carnívoros domésticos publicada en Animal Frontiers (2023), sitúa el destete hacia las 10 semanas. Hacia los dos meses, la carne ya ocupa el lugar de la leche.

Y el cuerpo hace algo muy lógico: deja de invertir en lo que ya no necesita. Según la Cátedra de Bienestar Animal (Chaire bien-être animal) de VetAgro Sup, la actividad de la lactasa cae, y lo hace con más rapidez entre las 4 y las 7 semanas de vida. El dato viene de un estudio de E. Kienzle publicado en 1993 en el Journal of Animal Physiology and Animal Nutrition, que midió la actividad de cuatro enzimas digestivas (maltasa, isomaltasa, sacarasa y lactasa) a lo largo del tubo digestivo del gato, en relación con su edad y su dieta.
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Tu gato nació con esa enzima y la fue perdiendo al crecer, sí. Pero perderla no es quedarse sin ella, y ese matiz cambia la historia del platito.
Cuánta leche es demasiada
Según VetAgro Sup, que retoma los datos de Kienzle, la mayoría de los gatos adultos todavía digiere 1,3 g de lactosa por kilo de peso corporal: en un gato de 3,5 kg, eso equivale a unos 100 ml de leche al día. La diarrea apareció con dosis más altas, de 4,5 g de lactosa por kilo. Dicho de otro modo, en la mayoría de los gatos adultos la lactasa que queda alcanza para una pequeña cantidad; más allá de eso, la leche se convierte en un problema.
¿Qué ocurre entonces dentro de su cuerpo? Según el artículo de Inverse, la lactosa que no se digiere sigue su camino hasta el intestino grueso. Allí, las bacterias la fermentan y producen gases. Además, ese azúcar atrae agua hacia el intestino. El resultado puede ser hinchazón, malestar y diarrea.
¿Y cuántos gatos tienen el problema? Ninguna de estas fuentes da una cifra exacta. La página «Feeding Your Cat» del Cornell Feline Health Center habla de «muchos gatos» intolerantes a la lactosa, que pueden tener problemas gastrointestinales, y Kornreich dice en Inverse que «la mayoría de los gatos son intolerantes a la lactosa en algún grado». Ese «en algún grado» es la clave: el daño depende de la cantidad y de cada gato; no ocurre siempre ni a todos.

Lo que recomiendan los veterinarios
Aun así, la recomendación es clara. En esa misma página del Cornell Feline Health Center se lee que «la leche no se recomienda en general como premio para los gatos». Kornreich es más directo: los gatos no deberían tomar leche. Un gato adulto no la necesita.
¿Y un gatito que se quedó sin su madre? Tampoco la leche de vaca es la solución. Según la guía de VCA, escrita por Grant, Williams y Downing, la leche de vaca tiene menos calorías, grasa, taurina y minerales, y más lactosa, una combinación poco adecuada para un gatito. Por eso la guía recomienda los sustitutos comerciales de leche para gatitos, que considera superiores a la leche de vaca.

Entonces, ¿qué busca en el plato?
Queda la pregunta del principio. Si la leche no le hace falta, ¿qué atrae a un gato hacia el platito? Aquí está el detalle más curioso: no la busca por el dulzor. Los gatos, por lo que se sabe, no perciben el sabor dulce.
Lo mostró en 2005 un equipo del Monell Chemical Senses Center, en un estudio de Li y colegas publicado en PLoS Genetics. Al analizar el gen Tas1r2, necesario para formar el receptor del sabor dulce, encontraron que en los gatos es un pseudogén: una copia inutilizada por una deleción de 247 pares de bases. Sin esa pieza, el receptor del dulce no se forma. Los autores lo escriben con cautela: los gatos «no prefieren y quizá no puedan detectar» el dulzor de los azúcares.
¿Qué los atrae, entonces? Esa pregunta todavía no tiene una respuesta firme en los estudios citados aquí. El mismo trabajo de Li y colegas mostró que los gatos sí prefieren ciertos aminoácidos, las piezas con las que se construyen las proteínas. Es una pista, no una respuesta.
Durante generaciones, llenamos ese platito creyendo que era cariño. Hoy sabemos que el verdadero cariño a veces consiste en dejar atrás una imagen tierna y mirar a nuestro gato tal como es: un pequeño cazador que creció y ya no necesita la leche de su infancia.
¿Qué otro «mito gatuno» creías cierto hasta que descubriste la verdad? Cuéntanos en los comentarios.
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Cornell Feline Health Center (s. f.). Feeding Your Cat. Cornell University College of Veterinary Medicine. https://www.vet.cornell.edu/departments-centers-and-institutes/cornell-feline-health-center/health-information/feline-health-topics/feeding-your-cat
- Li, X., Li, W., Wang, H., … Brand, J. G. (2005). Pseudogenization of a Sweet-Receptor Gene Accounts for Cats’ Indifference toward Sugar. PLoS Genetics, 1(1): e3 (Monell Chemical Senses Center). https://journals.plos.org/plosgenetics/article?id=10.1371%2Fjournal.pgen.0010003
- Chaire bien-être animal, VetAgro Sup (s. f.). Cats can drink cow’s milk, TRUE or FALSE? VetAgro Sup. https://chaire-bea.vetagro-sup.fr/en/cats-can-drink-cows-milk-true-or-false/
- Kienzle, E. (1993). Carbohydrate metabolism of the cat. 4. Activity of maltase, isomaltase, sucrase and lactase in the gastrointestinal tract in relation to age and diet. Journal of Animal Physiology and Animal Nutrition, 70: 89-96. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1439-0396.1993.tb00310.x
- Inverse (s. f.). Should You Give Your Cat Cow’s Milk? Inverse (declaraciones de Bruce Kornreich, Cornell Feline Health Center). https://www.inverse.com/science/dont-give-your-cat-milk-lactose-intolerant
- Grant, C., Williams, K., Downing, R. (s. f.). Feeding Orphaned Kittens. VCA Animal Hospitals / Canadian Academy of Veterinary Nutrition. https://vcahospitals.com/know-your-pet/feeding-orphaned-kittens
- Chastant, S. (2023). Lactation in domestic carnivores. Animal Frontiers. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10266749/

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