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Inspirador

La «bestia negra» de Escocia era real y llevaba los genes de tu gato

En los años ochenta, los vecinos de Moray hablaban de un gran gato negro que nadie sabía identificar. La respuesta llegó desde un museo y destapó una mezcla muy reciente en los bosques de Escocia.

La «bestia negra» de Escocia era real y llevaba los genes de tu gato

En los años ochenta, en los bosques de Moray, en el noreste de Escocia, los vecinos empezaron a hablar de una bestia negra. Quienes aseguraban haberla visto describían lo mismo: un gran gato negro.

Tenía forma de gato. Pero nadie sabía qué gato era. ¿Un gato montés escocés de un color insólito? ¿Un gato doméstico vuelto salvaje? ¿O una especie que nadie había descrito todavía?

Una bestia hecha de relatos

Durante un tiempo, la bestia existió sobre todo en lo que la gente contaba. La organización Trees for Life, que reúne el folclore del gato montés escocés, recoge reportes confirmados de estos gatos negros en Moray.

Huella grande de gato marcada en barro oscuro de turba junto a una piña de pino, en un camino forestal con marcas de neumáticos y agujas de pino
Una huella en el barro de un camino forestal, con una piña como escala: un rastro así no dice qué gato pasó por ahí.

El rumor se volvió real cuando varios gatos negros como el de los relatos murieron a manos de guardabosques. Según el periódico local The Northern Scot, fueron abatidos entre Kellas, Burgie y Grantown, y la revista BBC Countryfile cuenta el caso de un gato negro atrapado cerca de Kellas.

Ese nombre terminó pegado a ellos: hoy se los conoce como «gatos de Kellas».

Sobre la mesa de un experto

Algunos de esos cuerpos llegaron a Andrew Kitchener, experto en gato montés de los Museos Nacionales de Escocia, donde hoy es conservador principal de vertebrados, según el People’s Trust for Endangered Species. Kitchener examinó los ejemplares, como recoge The Northern Scot. Por primera vez, la bestia negra podía estudiarse de cerca y no a partir de un relato.

Conservador de museo con chaqueta de lana escribe a lápiz en un libro de registro sobre un escritorio de madera, junto a un calibrador metálico y una cinta métrica
Libreta, calibrador y cinta métrica en la trastienda de un museo: lejos del bosque, en mesas así la bestia dejó de ser leyenda.

En 1992, Kitchener publicó la respuesta junto a N. Easterbee en el Journal of Zoology, en un artículo titulado «The taxonomic status of black wild felids in Scotland» (el estatus taxonómico de los félidos salvajes negros de Escocia). La bestia no era una especie desconocida. Era un híbrido de gato montés y gato doméstico.

Es la misma conclusión que sostienen hoy otras fuentes. Trees for Life señala que se los considera híbridos de gato montés y gato doméstico asilvestrado, y la colección zoológica de la Universidad de Aberdeen conserva un ejemplar catalogado como híbrido de gato de Kellas.

Vecinos durante 2.000 años, casi sin mezclarse

Sin embargo, esa mezcla era nueva.

Los gatos domésticos viven en Gran Bretaña desde la época romana, hace más de 2.000 años. En todo ese tiempo, casi no se cruzaron con el gato montés. Así lo explicaron en The Conversation J. Howard-McCombe, D. J. Lawson y M. Beaumont, de la Universidad de Bristol: los dos gatos se mantuvieron separados hasta hace muy poco. Un estudio de A. Jamieson y colegas en Current Biology (2023) apunta en la misma dirección: los gatos monteses europeos antiguos tenían poca o ninguna ascendencia doméstica.

Según el estudio que Howard-McCombe y colegas publicaron en Current Biology en 2023, la mezcla empezó apenas en los últimos 70 años: menos que una vida humana.

¿Por qué ahora, después de tanto tiempo como vecinos? Por lo que las personas le hicieron al gato montés. Talaron sus bosques, lo cazaron por deporte y lo persiguieron como plaga, según explican los autores en The Conversation y el proyecto Saving Wildcats, de la Real Sociedad Zoológica de Escocia.

Gato montés escocés robusto cruza sobre un tocón de pino recién cortado, con una pata delantera levantada y la cabeza vuelta hacia la cámara, bajo luz nublada
Un gato montés escocés cruza un tocón recién cortado. Sin bosque y con pocos de los suyos cerca, encontrar pareja de su especie se vuelve difícil.

Quedaron tan pocos gatos monteses que muchos no encontraban pareja de su especie y terminaron apareándose con gatos domésticos. La bestia de Moray nació de esa mezcla.

Un solo gato, sin frontera

La bestia de Moray fue solo uno de los rostros de ese cambio. Años después, en 2019, un estudio genético de H. V. Senn y colegas, publicado en Evolutionary Applications, comparó el ADN de los gatos que viven en libertad en Escocia: monteses, domésticos asilvestrados y los que están a medio camino. Encontró una sola mezcla continua, lo que los genetistas llaman un «enjambre híbrido», sin frontera clara entre gato montés y gato doméstico.

Ese mismo año llegó un diagnóstico todavía más duro. Un grupo internacional de expertos, el Grupo de Especialistas en Felinos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), concluyó que en Escocia ya no queda una población de gatos monteses en libertad capaz de sobrevivir por sí sola, según el comunicado que NatureScot publicó el 27 de febrero de 2019. El mismo informe, eso sí, planteaba cómo salvar al gato montés escocés de la extinción.

La defensa que lo va borrando

Queda una pregunta: ¿por qué todo fue tan rápido? El ADN da una pista. El estudio de Howard-McCombe y colegas encontró que los genes de gato doméstico abundan en el gato montés más de lo esperado, incluso en una zona clave de sus defensas: el complejo mayor de histocompatibilidad, una región del genoma ligada al sistema inmunitario.

Los investigadores sospechan que esos genes protegen al gato montés de enfermedades que trajeron los propios gatos domésticos. Si es así, los gatos monteses que los heredan tendrían ventaja, y esos genes se extenderían más rápido de una generación a la siguiente.

Es, por ahora, una hipótesis. Pero si se confirma, encierra una paradoja: la misma defensa que ayuda al gato montés escocés a sobrevivir es la que lo va borrando.

Escocia buscaba una fiera desconocida en sus bosques. En la bestia encontró la huella de su propio gato montés, que se mezclaba con los gatos de casa porque cada vez le quedaban menos de los suyos.

Si el ADN del gato montés escocés ya está mezclado con el de nuestros gatos de casa, ¿crees que todavía vale la pena luchar por salvarlo? ¿Por qué?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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