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Inspirador

Una gata rusa dio la vuelta al mundo por un bebé abandonado, pero en su edificio no todos lo contaron igual

En enero de 2015, Masha no dejaba de maullar en la entrada de un edificio de Obninsk, Rusia, donde alguien había abandonado a un bebé. El mundo conoció una versión de lo que hizo; algunos de sus vecinos contaron otra.

Una gata rusa dio la vuelta al mundo por un bebé abandonado, pero en su edificio no todos lo contaron igual

Masha maullaba en la entrada de su edificio, y su voz subía por la escalera, sin detenerse. Era enero de 2015 en Obninsk, Rusia, y del otro lado de la puerta hacía varios grados bajo cero.

Ahí abajo, alguien había dejado a un bebé. Lo que la gata hizo esa vez daría la vuelta al mundo, y entre sus propios vecinos nunca se contaría de una sola manera.

Gata atigrada caminando sobre la nieve.
Una gata atigrada camina sobre la nieve. Foto: Von.grzanka / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Una vecina baja a buscarla

Una vecina la oyó y pensó que a Masha le había pasado algo, que estaba herida. Era enfermera. Bajó a buscarla.

Masha llevaba dos o tres años en ese edificio. Alguien la había abandonado ahí, y eso fue una crueldad. Los vecinos hicieron lo que esa persona no hizo: le pusieron nombre, la cuidaron y la volvieron la consentida de todos.

La vecina la encontró en la entrada, entera, sin un rasguño. Y Masha seguía maullando.

Entonces vio la caja de cartón, junto al radiador, casi al lado del ducto de la basura. Ahí había un bulto pequeño.

Un niño junto al radiador

Era un niño de dos o tres meses. Quien lo abandonó no lo dejó en la calle, sino adentro, cerca del calor del radiador; pero lo dejó al lado de la basura, en pleno enero ruso.

Entrada en penumbra de un edificio antiguo con la compuerta oxidada del ducto de la basura, un radiador de hierro y una caja de cartón vacía en el suelo; la ventana de arriba está cubierta de escarcha.
Un radiador junto al ducto de la basura en la entrada de un edificio antiguo, con la ventana cubierta de escarcha. En un rincón así, en pleno enero, dejaron al niño.

Nadie supo con certeza cuánto tiempo llevaba ahí. Los médicos calcularon varias horas; la vecina que lo encontró, mucho menos: media hora, quizá cuarenta minutos.

Cuando llegaron los médicos, Masha fue tras ellos por la entrada, maullando, mientras se llevaban al niño. En el hospital lo revisaron y lo encontraron sano.

Un costado caliente

Una vecina contó después lo que había visto en la caja: Masha estaba adentro, con el niño, dándole calor. «Un costado lo tenía hasta caliente», dijo. «La gata lo estaba calentando».

Y es que tendría sentido: el cuerpo de un gato se mantiene a unos 38 o 39 °C, y una gata se echa sobre sus crías recién nacidas porque ellas todavía no pueden regular su propia temperatura. Para un gatito, su madre es una cobija con calefacción propia. Si Masha hizo eso, lo hizo por una cría que ni siquiera era de su especie.

Dos gatos atigrados echados muy juntos sobre la grava.
Dos gatos atigrados echados muy pegados, sobre la grava. Foto: Anil Öztas / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Esa fue la versión que salió de Obninsk. En otros países la contaron así: una gata sin hogar se había acurrucado con un bebé abandonado y lo había salvado de morir congelado. En pocos días, Masha era famosa en todo el mundo.

La fama tiene sus descuidos: en una de las primeras noticias ni siquiera le respetaron el nombre y la llamaron Murka.

La caja al revés

Pero en el edificio no todos lo contaban así. La mujer que había levantado al niño en brazos aseguró que el bebé estaba sobre la caja, no adentro, y que cuando lo cargó no había ninguna gata junto a él.

Según ella, la caja era de Masha: su casa, que alguien había puesto del revés, con el lado limpio hacia arriba, para dejar encima al niño. A la gata, contó, le preocupaba más su casa volteada que el bebé.

Gato naranja dormido dentro de una caja de cartón blanca.
Un gato naranja duerme dentro de una caja de cartón. Foto: Wikimedia Commons, dominio público.

Otros vecinos dijeron lo mismo: Masha no le había dado calor a nadie, solo maullaba, molesta. Y una gata que encuentra su casa patas arriba, con un desconocido encima, tiene todo el derecho de protestar.

Así quedaron dos gatas en la misma entrada: la que conoció el mundo, metida en la caja, dándole su calor a un niño ajeno, y la de algunos vecinos, que reclamaba su casa. Cuál de las dos estuvo ahí aquel día, nadie lo pudo probar.

Pero las dos hicieron lo mismo, y eso nadie lo discutió: por su casa o por él, Masha no dejó de maullar hasta que una vecina bajó la escalera y encontró al niño.

Poco después, a ese niño le encontraron una familia que lo recibiera.

Dos o tres años antes, alguien había abandonado a Masha en ese mismo edificio, y fueron los vecinos quienes respondieron por ella. Aquel día de enero, el que quedó abandonado junto al radiador fue un niño, y la que armó el escándalo fue ella.


Fotos de una gata sobre la nieve (Von.grzanka / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0), de dos gatos echados juntos (Anil Öztas / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0) y de un gato en una caja de cartón (Wikimedia Commons, dominio público). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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