Un auto atropelló a Thomas, un persa mayor, y eso fue solo el comienzo
Un auto atropelló a Thomas, un gato persa mayor, y él sobrevivió. Lo que vino después pondría a prueba su temple y la entrega de quienes lo cuidan.

El golpe de un auto pudo haber sido lo último en la vida de Thomas, un persa mayor de pelaje largo y suave. Con sus años y un accidente así, pocos habrían apostado por él.
Thomas sobrevivió. Pero llegó adolorido, y sanar le iba a pedir mucho más que suerte.
Lo recibió AMA Animal Rescue, una organización de Brooklyn, Nueva York. Sus cuidadores temporales lo atendieron a cualquier hora: le curaron las heridas, siguieron de cerca cada avance y se ocuparon de que se sintiera seguro.
Un persa, de esos gatos que parecen hechos para cojines y tardes sin prisa, tenía que reponerse de algo mucho más rudo. Y poco a poco lo hacía.
Otra curva en el camino
Mientras se recuperaba del accidente, su equipo veterinario encontró algo nuevo: un crecimiento en la boca que solo una cirugía podía quitar.
Era otro obstáculo para un gato que ya había pasado por demasiado. Sus cuidadores no dudaron: lo acompañaron durante la operación y se quedaron a su lado.
Los veterinarios retiraron el crecimiento y Thomas, fiel a su temple, se repuso también de eso. Con la boca sana y el accidente cada vez más lejos, parecía que el camino por fin se enderezaba.
Lo que importa ahora
Entonces llegó otro diagnóstico: cáncer de hígado, una enfermedad para la que no hay cura.
Sus cuidadores decidieron cambiar de meta. Ya no se trataba de curarlo, sino de que esté a gusto, contento y acompañado todo el tiempo que se pueda. Su veterinario comparte el mismo empeño.
Y Thomas, por ahora, les da la razón. No muestra ninguna señal de la enfermedad y vive como cualquier gato satisfecho con su suerte. Lo único que necesita cada día es un suplemento sencillo para el hígado.
El resto del tiempo lo dedica a lo que mejor se le da: echarse, descansar y dejarse consentir. Es tranquilo y cariñoso, prefiere quedarse junto a su persona favorita y, cuando se queda dormido, deja ver apenas la punta de la lengua.
«Thomas es un persa mayor precioso, con el carácter más dulce y el pelaje más suave. Su vida no ha sido fácil, pero nunca se ha rendido», le contaron desde AMA Animal Rescue a LoveMeow.
Un cuarto sin prisas
Hoy, repuesto y sintiéndose bien, Thomas ya está castrado, tiene todos sus controles veterinarios en orden y está listo para tener una familia propia.
Lo que pide no es mucho, pero sí preciso: una cama blanda, un regazo tibio, un rincón con sol y una habitación donde nada le exija demasiado. «Busco a alguien que pueda ofrecerle un hogar cómodo, cariñoso y tranquilo», dice quien lo cuida en su hogar temporal.
A cambio, él da un cariño suave, de ese que no reclama nada. Quien quiera saber más de él puede encontrarlo en amaanimalrescue.org, el sitio de la organización.
Y luego está esa cara. «Siempre parece un poco desconcertado, o como si acabaras de hacer algo tan bochornoso que te está juzgando en silencio», le contó el equipo a LoveMeow.
Un auto, un quirófano y un diagnóstico sin cura no consiguieron quitarle la suavidad ni la dignidad. Thomas sigue aquí, esperando su regazo definitivo, y mientras tanto nos mira a todos como quien aguarda, con paciencia de persa, una disculpa.
Imagen principal: AMA Animal Rescue.
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