Hippo pasó dos años en la calle, pero la calle no logró endurecerlo
Hippo vivió sus dos primeros años en la calle, hasta que alguien lo encontró herido. En la RSPCA de Stockport esperaban a un gato curtido; Hippo tenía otros planes.

Hippo no tenía una puerta a la cual volver. Tenía la calle, y en ella había pasado su vida entera, que hasta entonces sumaba dos años. Dos años de arreglárselas solo, como se las arreglan los gatos a los que nadie espera en casa.
Hasta que un día apareció herido. Y alguien lo vio.
Esa persona pudo mirar hacia otro lado, como hace tanta gente. No lo hizo. Se preocupó por aquel gato lastimado, y gracias a ella Hippo llegó al centro de adopción de la RSPCA en Stockport, en Inglaterra.
Ahí se abría otra pregunta. ¿Qué queda de un gato después de toda una vida a la intemperie?
El callejero que no era
El equipo se preparó para lo esperable. Después de una vida así, lo lógico era encontrarse con un gato curtido: receloso, con la guardia en alto, poco dispuesto a dejarse tocar.
Pero los cuidadores no tardaron en darse cuenta de que se habían equivocado. Hippo, escribió la RSPCA en Facebook, «no era el callejero endurecido que podía parecer».
Era tierno y afectuoso, de los que se acercan en lugar de esconderse. Después de dos años sin nadie que lo cuidara, seguía dispuesto a confiar. Y eso, en un gato que conoce la intemperie, tiene algo de dignidad.
Quien lo conocía caía rendido. Pero para dejar atrás la calle no alcanzaba con enamorar al equipo.
Una vitrina con vista
Y entonces el lugar jugó a su favor. El centro de adopción de Stockport funciona dentro de una tienda de mascotas, Pets UK, por donde entran y salen clientes.
Hippo entendió rápido cómo funcionaba el asunto y se instaló en la vitrina.
Desde ahí observaba el ir y venir de la gente con la calma de quien no tiene ninguna prisa. Los compradores se detenían al verlo, y él recibía cada gesto de atención con la naturalidad de un gato que siempre supo que lo merecía.
En pocos días se convirtió en el favorito de quienes pasaban por la tienda. Faltaba saber si alguna de esas miradas iba a quedarse.
Del otro lado del vidrio
No hubo que esperar mucho. Al cabo de una semana, una familia decidió que Hippo era su gato y se lo llevó a casa.
Con el hogar llegó también un nombre nuevo: Hippo ahora se llama Bruno.
La RSPCA compartió la noticia en su página de Facebook y pidió a sus seguidores que le desearan lo mejor en esta nueva etapa.
Bruno pasó dos años mirando el mundo desde el lado de afuera. Le bastó una semana detrás de un vidrio para que el mundo se detuviera a mirarlo a él.
Ahora tiene una puerta a la cual volver.
Imagen principal: RSPCA (England & Wales).
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