Saltar al contenido

Inspirador

Ningún felino puede rugir y ronronear: el caso que la ciencia tardó casi dos siglos en resolver

El león ruge pero no ronronea; tu gato ronronea pero nunca rugirá. Así buscó la ciencia, durante casi dos siglos, al responsable escondido en la garganta de los felinos.

Ningún felino puede rugir y ronronear: el caso que la ciencia tardó casi dos siglos en resolver

El león ruge, pero no puede ronronear. Tu gato ronronea, pero nunca rugirá. No es cuestión de tamaño ni de carácter: entre los felinos, cada especie se queda con una sola de esas dos voces. Ninguna tiene las dos.

Encontrar al responsable le tomó a la ciencia casi dos siglos, con un sospechoso que parecía culpable y una especie que se negó a encajar en la teoría.

Una pista en la garganta de un guepardo

La historia empieza en Londres, en 1834. El anatomista Richard Owen —el mismo que años después inventaría la palabra «dinosaurio»— estudió el cuerpo de un guepardo y publicó su anatomía en las Transactions of the Zoological Society of London. En la garganta del animal halló una pista: el hioides, una cadena de huesitos que sostiene la laringe, la caja de la voz.

Según la revisión de Weissengruber y colegas (2002), publicada en el Journal of Anatomy, ese trabajo de Owen fue el primer indicio de que el aparato hioideo de los felinos tenía peculiaridades.

Cinco felinos con un eslabón elástico

En 1916, la pista pareció resolver el caso. Un estudio de Pocock, recogido en esa misma revisión, mostró que en cinco felinos uno de los eslabones del hioides, el epihioides, no es de hueso sino un ligamento elástico: el león, el tigre, el jaguar, el leopardo y el leopardo de las nieves. En todos los demás felinos, esa pieza es hueso.

La regla, que Weissengruber y colegas recogen como una observación clásica, parecía clara: los felinos con ese eslabón elástico rugen y no ronronean; los de hioides óseo ronronean y no rugen. El National Zoo del Smithsonian lo confirma sin rodeos: el león y el tigre no pueden ronronear. Y el guepardo, el animal de Owen, ronronea como un gato doméstico y no ruge, según el mismo zoológico. Durante décadas se creyó que el ligamento era la llave del rugido.

El sospechoso que no rugía

Pero uno de los cinco no encajaba. El leopardo de las nieves tiene el ligamento elástico del león y, aun así, no puede rugir: el Snow Leopard Trust lo atribuye a la fisiología de su garganta, y el WWF del Reino Unido lo confirma. Si además ronronea es una pregunta abierta: los especialistas no coinciden.

Si el ligamento fuera el interruptor, el leopardo de las nieves rugiría. El hioides quedó absuelto, aunque no del todo ajeno al caso: según Weissengruber y colegas, su eslabón elástico permite que la laringe baje hasta cerca de la entrada del tórax y que el timbre se vuelva más grave. Le da profundidad al rugido, pero no lo hace posible. El papel decisivo de las cuerdas vocales ya lo había señalado Hast en 1989, según esa misma revisión.

Un cojín de grasa para cruzar la sabana

En 2011, Klemuk y colegas describieron en la revista PLoS ONE las cuerdas vocales del león y del tigre. Son grandes, de forma cuadrada, y guardan entre sus fibras de colágeno y elastina una región de grasa, una especie de almohadilla. Con ella empiezan a vibrar con una presión de aire de unos 0,3 kilopascales, menor que la que usas tú para conversar.

El resultado es un rugido grave, de entre 36 y 81 hercios, que según ese mismo trabajo llega a 114 decibeles a un metro del león. El National Zoo lo compara con un trueno, porque es casi igual de fuerte, y explica que puede oírse a más de 8 kilómetros. Es una voz hecha para la distancia.

Investigador con audífonos asomado por el techo de un todoterreno en la sabana, apuntando un micrófono direccional hacia un grupo de leones lejanos en el horizonte
Desde lejos basta: un rugido de león puede oírse a más de 8 kilómetros de distancia.

Viena, 2023: vibrar sin órdenes del cerebro

Faltaba resolver la otra voz. Se creía que el cerebro del gato marcaba el ronroneo pulso a pulso, con una señal nerviosa que contraía los músculos de la laringe en cada vibración. En 2023, en Viena, el equipo de Herbst y colegas puso a prueba esa idea con laringes de gato doméstico y publicó los resultados en Current Biology.

Dentro de las cuerdas vocales del gato hallaron sus propias almohadillas, de hasta 4 milímetros, más o menos del tamaño de una lenteja. Y comprobaron que el aire solo, sin señal nerviosa ni contracción muscular, basta para que esas cuerdas vibren a entre 25 y 30 hercios: el ritmo del ronroneo. Según los autores, esas almohadillas parecen ser lo que permite una frecuencia tan inusualmente baja, y la Universidad de Viena añade que el ronroneo es más grave que la voz humana más baja.

Gato atigrado acurrucado sobre una manta de lana, con los ojos entrecerrados, junto a un micrófono de escritorio y una laptop que muestra una onda de sonido grave
Llevado a una pantalla, el ronroneo es una onda lenta y grave; su ritmo ronda las 25 a 30 vibraciones por segundo.

Eso no deja fuera a los músculos: los autores consideran posible que su contracción refuerce el ronroneo. Lo que cambia es el punto de partida, porque la laringe del gato ya viene preparada para esa vibración lenta. El comunicado de Vetmeduni Vienna lo resume en su título: ronronear es más complejo de lo que se pensaba. El diseño del experimento, con el número de laringes analizadas y cada medición, está en el artículo original.

Con esa pieza, las dos mitades del caso encajan. El león y tu gato esconden el mismo truco en la garganta: un cojín dentro de las cuerdas vocales. Al león le permite lanzar con poco aire un rugido que cruza kilómetros; al gato, vibrar con la lentitud del ronroneo. El guepardo, el felino con el que Owen abrió la investigación, está del lado del gato, y el National Zoo describe su ronroneo como una vocalización de corto alcance.

Guepardo hembra recostada en el pasto seco de la sabana, con los ojos entrecerrados, mientras su cría le apoya la cabeza bajo el mentón
El guepardo ronronea como un gato doméstico: una voz de corto alcance que solo llega a quien está muy cerca.

Casi dos siglos después de que Owen se asomara a la garganta de un guepardo, la respuesta resultó ser la misma para el felino que se oye a kilómetros y para el que ronronea sobre tus piernas. Al león, ese cojín le sirve para que lo oiga toda la sabana. A tu gato, para que solo lo sientas tú.

¿En qué momento del día ronronea más tu gato y qué crees que te está diciendo con ese motorcito?


Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

Referencias

Sigue leyendo

  1. La gata herida que llegó la víspera de un viaje que no era el suyo
  2. El gato de la pose dramática que veía a los demás irse a casa
  3. La gata que no salía del cuarto y la foto de su mejor amigo en la ofrenda
  4. Hippo pasó dos años en la calle, pero la calle no logró endurecerlo
  5. La gata negra con ojos color calabaza que se prepara para embrujarnos

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa