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Inspirador

La rata que medio mundo espanta de su cocina caminó primero por los campos minados de Mozambique

A Bart Weetjens se le reían cuando pedía dinero para enseñar a ratas gigantes africanas a oler TNT. Un clic, un trozo de banano y meses de entrenamiento las llevaron hasta los campos minados de Mozambique.

La rata que medio mundo espanta de su cocina caminó primero por los campos minados de Mozambique

Una rata gigante africana avanza por un terreno que ninguna persona se atreve a pisar. Lleva un arnés delgado y la nariz pegada al suelo, y busca entre todos los olores de la tierra uno solo: el del TNT.

Bajo sus patas puede no haber nada, o puede haber una mina hecha para estallar bajo el pie de una persona, y es ella la que pasa primero. Para llegar ahí, un animal que medio mundo espanta de su cocina tuvo que aprender lo que promete un clic, y un hombre tuvo que soportar que se rieran de su idea. Del otro lado de esa apuesta estaba la tierra de un país entero.

Una rata gigante africana joven durante su entrenamiento con clicker, con banano y maní como premio
Una rata gigante africana joven de APOPO aprende, en 2009, a asociar el clic con la comida: banano y maní. Foto: From one to another / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Las risas del principio

Bart Weetjens conocía a las ratas desde niño, cuando las tenía de mascotas. Sabía de cerca lo que muchos adultos se negaban a creer: que son limpias, sociables e inteligentes, y que su nariz distingue olores que a nosotros se nos escapan por completo.

Primer plano de una rata gigante africana apoyada en el borde de un terrario, olfateando
Una rata gigante africana olfatea apoyada en el borde de un terrario. Foto: Laëtitia Dudous / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Ya adulto, este belga quiso ponerlas a buscar minas antipersonal por el olor de sus explosivos. Llevó la propuesta a quienes podían financiarla.

«Al principio fue muy duro», contaría años después. «Dondequiera que iba a pedir dinero, simplemente se reían de nosotros».

Las risas no lo detuvieron. El 1 de noviembre de 1997, junto con Christophe Cox, un antiguo compañero de escuela, puso en marcha APOPO, una organización con una misión que a muchos les sonaba a chiste: enseñar a unas ratas a oler TNT. Tres años después, el proyecto se mudó a Tanzania.

Un clic en Morogoro

En Morogoro, la carrera de una rata de APOPO empieza a las pocas semanas de nacer. Apenas abre los ojos, hacia las cuatro semanas, las personas del centro empiezan a acostumbrarla a su presencia.

A las diez semanas, ya destetada, oye por primera vez el sonido que va a ordenar su vida: un clic. Enseguida llega un premio: banano, aguacate o maní.

El clic no es la comida. Es su aviso, como el pitido del microondas, que no te sirve la cena pero te dice que ya está lista. Repetido día tras día, ese sonido se vuelve una promesa que la rata no pone en duda.

Entonces aparece el olor. En el campo de práctica hay objetivos con TNT, y la rata aprende a anunciarlos a su manera: rascando el suelo. Cuando rasca unos segundos junto al explosivo, suena el clic y llega el banano.

Las sesiones empiezan muy temprano y terminan antes de que el calor del día pueda afectarla. Así pasan entre nueve y doce meses.

Y aquí nadie se gradúa por antigüedad: la rata sigue entrenando hasta que aprueba un examen a ciegas y gana su acreditación. Solo entonces la espera la tierra de verdad.

Una cuerda en la provincia de Gaza

En la provincia de Gaza, en Mozambique, el suelo ya no esconde muestras puestas por un entrenador.

La rata llega con un arnés de nailon. Una línea fina la une a una cuerda tendida entre dos entrenadores, uno en cada punta, como un tendedero sobre la tierra. Ellos van marcando su avance por la zona; ella pone la nariz.

Y es aquí donde su poco peso se vuelve su mejor protección. Ella pesa poco más que una botella de leche de un litro, y una mina antipersonal suele necesitar el peso de diez de esas botellas para estallar: por eso puede caminar sobre la mayoría sin activarlas.

Una mina antipersonal PMA-3 sobre la hierba, vista de cerca
Una mina antipersonal PMA-3 sobre la hierba, vista de cerca. Foto: PFC Tracey L. Hall-Leahy / Wikimedia Commons, dominio público.

Cuando el olor del TNT sube desde la tierra, la rata hace lo mismo que en Morogoro: se detiene y rasca. Pero ahora el rasguño no señala un ejercicio. Puede señalar un explosivo real, enterrado justo ahí, que alguien va a poder quitar del camino antes de que lo encuentre un pie.

Dieciocho años después, en Maputo

El trabajo se medía en metros. Rasguño a rasguño, el equipo de APOPO en Mozambique ayudó a liberar más de 5,8 millones de metros cuadrados de tierra, el área de unas 800 canchas de fútbol. En el camino ayudó a destruir más de 83.000 objetos peligrosos, uno por cada asiento de un estadio enorme.

Las ratas no lo hicieron solas. Caminaron unidas a la cuerda de las personas que las guiaban, en un país donde otras organizaciones de desminado trabajaban al mismo tiempo.

El 17 de septiembre de 2015, en una ceremonia en Maputo, el ministro de Asuntos Exteriores declaró a Mozambique libre de todas las minas conocidas. Entre quienes habían hecho posible esa frase estaban las ratas de APOPO.

Habían pasado dieciocho años desde que a Weetjens le respondían con risas. La idea que sonaba a chiste había recorrido, paso a paso y con la nariz en el suelo, los campos de Mozambique.

La frase de la ceremonia traía una palabra medida: «conocidas». Estar libre de minas conocidas no es lo mismo que estar libre de todo explosivo, y APOPO se quedó en el país para atender lo que todavía faltaba.

En Morogoro, otra cría oye hoy el mismo clic antes de su banano. No sabe que sus mayores, con su kilo de peso y la nariz pegada al suelo, pasaron primero por los campos de Mozambique, ni que detrás de ellas la gente volvió a caminar por donde antes no podía.

Fotos de una rata gigante africana joven en entrenamiento (From one to another / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0), de una rata gigante africana olfateando (Laëtitia Dudous / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0) y de una mina antipersonal PMA-3 (PFC Tracey L. Hall-Leahy / Wikimedia Commons, dominio público). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

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