Es mediodía de verano y afuera el termómetro marca 35 °C. Tú cierras las cortinas, enciendes el ventilador y te mueves por la casa buscando la sombra. Tu gato hace justo lo contrario: camina hasta la ventana, se tumba en el rectángulo donde el sol quema, estira las patas y cierra los ojos.
Parece terquedad o una resistencia al calor que tú no tienes. No es ninguna de las dos cosas. Tu gato no está aguantando el calor: está exactamente donde su cuerpo quiere estar. Para entender por qué hay que pasar por la fisiología, viajar a unos desiertos remotos de Medio Oriente y volver, al final, a tu propia sala.
Entre 30 y 38 °C, el cuerpo del gato descansa
Los fisiólogos tienen un nombre para lo que está pasando: zona termoneutra. Es el rango de temperatura en el que el cuerpo no gasta energía extra ni en calentarse ni en enfriarse. Por debajo de ese rango, el organismo tiene que invertir energía para conservar el calor. Por encima, tiene que invertirla para deshacerse de él.
En el gato doméstico, esa zona va de 30 a 38 °C. El dato aparece en una revisión de J. L. Stella y C. C. Croney sobre el ambiente y el bienestar de los gatos, publicada en The Scientific World Journal en 2016. Esa revisión lo toma, a su vez, del informe Nutrient Requirements of Dogs and Cats, del National Research Council (2006). Esos 35 °C que a ti te agobian caen de lleno dentro del rango. Solo cuando se superan los 38 °C el gato tiene que empezar a trabajar para enfriarse.
Huellas húmedas en la mesa del veterinario
Y cuando le toca enfriarse, no lo hace como tú. El capítulo sobre el sistema tegumentario del Manual Veterinario MSD, en la revisión de K. A. Moriello de mayo de 2025, explica que en perros y gatos la sudoración es limitada. En el gato, donde más se le nota es en las almohadillas. Según el mismo texto, las glándulas atriquiales, un tipo de glándula sudorípara, solo están en ellas.
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De ahí sale una escena que el manual describe con precisión: cuando un gato se altera, deja huellas húmedas sobre las superficies que pisa. El ejemplo que da el manual es la mesa de exploración del veterinario.

Para refrescarse, el gato usa otra herramienta: la lengua. Se lame y reparte saliva por el pelaje, y esa humedad le quita calor al cuerpo al secarse. El manual MSD la incluye entre los mecanismos de enfriamiento de los gatos.
Casi mil gatos y un rastro hacia el desierto
Que tu gato busque el sol de mediodía tiene sentido cuando miras de dónde viene. En 2007, un equipo encabezado por C. A. Driscoll comparó el ADN de 979 gatos, domésticos y monteses, para rastrear el origen de la domesticación. El artículo se publicó en Science, y su versión de autor se puede leer completa en PMC.
El análisis señaló a un grupo concreto: 15 gatos monteses de Medio Oriente cuyos linajes genéticos resultaron idénticos a los de los gatos domésticos. Según el equipo, esos gatos podrían representar la población fundadora de la que descienden los gatos de casa. El artículo precisa también dónde se recolectaron: en desiertos remotos de Israel, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Arabia Saudita. El mismo trabajo recuerda que la evidencia más antigua de convivencia entre gatos y personas viene de depósitos de Chipre de hace 9500 años.
Para esa especie, el desierto no es un detalle anecdótico. La ficha del gato montés afroasiático (Felis lybica) del Grupo de Especialistas en Felinos de la UICN incluye los desiertos y semidesiertos entre los ambientes donde vive.
Aquí conviene hablar con precisión: ninguna de las fuentes consultadas demuestra que la zona termoneutra del gato sea una herencia directa de ese pasado. Lo que sí puede decirse es que ese gusto por el calor no desentona con un linaje que viene de la arena y el sol.

Ocho grados por debajo, en tu propia sala
Pero lo más asombroso no está en el desierto. Está en tu sala.
La misma revisión de Stella y Croney (2016) señala que la mayoría de los espacios donde viven los gatos, tanto en casas como en laboratorios, se mantienen cerca de los 22 °C, con un margen de 2 grados arriba o abajo. A esa temperatura tú estás a gusto. Para tu gato, en cambio, esos 22 °C quedan 8 grados por debajo de donde empieza su zona termoneutra. Dicho de otro modo: en una sala que a ti te parece perfecta, su cuerpo gasta energía solo para no enfriarse.
La revisión lo plantea con cautela, pero sin rodeos: el malestar térmico, es decir, pasar frío en casa, puede ser una experiencia habitual para muchos gatos. La casa está ajustada al termómetro humano, no al felino.
Con esto, la escena del mediodía cambia de sentido. El gato que sigue el rectángulo de luz mientras avanza por el piso no está siendo excéntrico ni temerario. Dentro de casa, busca el rango de temperatura en el que su cuerpo deja de trabajar.
Compartimos techo con los gatos desde hace miles de años, pero no el mismo termómetro. Ese rectángulo de sol que avanza por el piso es el pedazo de desierto que tu gato encontró en casa.
¿Cuál es el rincón de sol favorito de tu gato en casa, y a qué hora va a buscarlo?
Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.
Referencias
- Stella, J. L. y Croney, C. C. (2016). Environmental Aspects of Domestic Cat Care and Management: Implications for Cat Welfare. The Scientific World Journal. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5059607/
- National Research Council (2006). Nutrient Requirements of Dogs and Cats. National Academies Press. https://www.nationalacademies.org/publications/10668
- Driscoll, C. A., Menotti-Raymond, M., Roca, A. L. et al. (2007). The Near Eastern Origin of Cat Domestication. Science 317(5837): 519–523. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5612713/
- Moriello, K. A. (2025). The Integumentary System in Animals. MSD Veterinary Manual. https://www.msdvetmanual.com/integumentary-system/integumentary-system-introduction/the-integumentary-system-in-animals
- IUCN SSC Cat Specialist Group (s. f.). Afro-Asiatic Wild Cat (Felis lybica). Living Species. https://www.catsg.org/living-species-africanwildcat

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