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Inspirador

Lo que hizo Abby, sola y a oscuras, mientras su familia de acogida dormía

Abby, una gata callejera, ya había criado gatitos en la calle sin ayuda. Esta vez llegó preñada a un refugio de Florida, y una noche decidió que era el momento.

Lo que hizo Abby, sola y a oscuras, mientras su familia de acogida dormía

Abby llegó al refugio con un carácter amistoso y muy poco margen: estaba a punto de parir. Era una gata callejera preñada, y no era novata, porque la calle ya le había enseñado lo que cuesta ser madre.

Ya había criado gatitos allí. Les buscaba comida y un techo por su cuenta, sin ninguna garantía de que salieran adelante.

Pet Alliance, el refugio del centro de Florida que la recibió, la envió con una familia de acogida tranquila que tenía un cuarto listo para ella. Abby no pidió período de adaptación: se instaló de inmediato, como si el lugar fuera suyo.

«Es dulce, cariñosa y una experta en amasar pancitos», le contó su familia de acogida a LoveMeow. Cuando Abby todavía esperaba crías, la misma familia dejó por escrito un pronóstico: «Ya se nota que va a ser una mamá excelente».

Lo que trajo la mañana

Pasaron unos días de calma. Entonces Abby decidió que había llegado el momento, y eligió la noche para hacerlo.

Al amanecer, su familia de acogida se levantó y encontró cinco recién nacidos sanos, limpios, secos y prendidos a su madre. Lo más difícil ya había pasado, sin testigos ni luz, y Abby se había ocupado de todo por su cuenta.

El pronóstico se cumplió antes de que alguien pudiera comprobarlo.

Los primeros días se fueron en comer y dormir. Abby se enroscaba alrededor de la fila entera y la mantenía alimentada y tibia. Entre toma y toma, los pequeños dormían amontonados, y su familia de acogida los describió como unos «cerditos chiquitos».

Cada uno recibió su nombre. Cuatro son grises y una es atigrada café, así que Honey resalta en el montón. Harley es la otra hembra, y los machos son Happy, Halo y Fred.

Happy no se queda quieto a la hora del baño: se retuerce y se escabulle. Abby no se rinde y sigue con la lengua al blanco en movimiento hasta dejarlo limpio. Es una escena pequeña, de esas que en la calle nunca pudo vivir tranquila.

Patas al aire

A las tres semanas, ya caminaban, jugaban y mostraban los primeros dientes. A las cinco, la camada se había vuelto una pandilla que se trepaba encima de los hermanos y exploraba cada rincón del cuarto, sana y al día con cada etapa. De eso se encargó su madre.

Honey ya descubrió la canasta de juguetes: persigue un bicho verde de peluche por la manta con la seriedad de una gata diez veces más grande.

Los demás también muestran su carácter. Fred, según su familia de acogida, es «tan rellenito», el más sólido del grupo. Y Halo no sabe dormir de otra manera: «Halo, tan bobito, siempre tiene las patas al aire», contó.

El día de Halloween, Pet Alliance, que comparte a esta familia en Facebook e Instagram, la eligió como imagen de sus consejos para que las mascotas pasaran la fecha a salvo.

Publicación de Facebook

Pancitos sobre la manta

Ver crecer a los gatitos ha sido lo fácil, porque Abby hizo que lo difícil pareciera sencillo. «Está tan relajada porque sabe que sus gatitos están seguros», dijo su familia de acogida. Para una gata de la calle, esa calma es un lujo raro.

Ahora, entre una comida y otra, Abby hunde las patas en su manta y amasa a su ritmo, con la destreza de siempre.

Cuando los cinco crezcan, la esterilizarán, y Abby podrá dedicarse por fin a ser simplemente una gata.

Del techo, la comida y la calma se encargaron otros. A Abby le quedó solo lo que sabe hacer mejor que nadie: ser la madre de Honey, Harley, Happy, Halo y Fred.

Imagen principal: Pet Alliance.

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