Charles Dickens necesitaba silencio absoluto para escribir. Según su hija Mamie, el menor ruido bastaba para arruinarle el trabajo. Y en su casa de campo, en Kent, regía otra regla igual de firme: ahí no entraban gatos.
Aun así, una de las escenas que Mamie eligió contar sobre su padre ocurre de noche, en un salón casi vacío, con Dickens leyendo junto a una vela y un gato sordo, sin nombre, como única compañía. Para entender cómo llegó ese gato hasta ahí hay que empezar por su madre: una gatita blanca que no debía estar en esa casa.
Una casa con pájaros y sin gatos
La historia está en My Father as I Recall Him, el libro de recuerdos que Mamie Dickens escribió sobre su padre. Puedes leerlo completo en Project Gutenberg; los episodios de los gatos están en el capítulo IV. Según el registro de The Online Books Page de la Universidad de Pensilvania, la edición británica, de The Roxburghe Press, salió en 1896; la primera edición estadounidense, de E. P. Dutton en Nueva York, llegó en 1897.

La casa era Gad’s Hill Place, en Higham, condado de Kent; Mamie la sitúa cerca de Cobham. Dickens la compró en 1856 y vivió ahí hasta su muerte, en 1870. La familia tenía pájaros, y por eso la regla era tajante: «On account of our birds, cats were not allowed in the house», escribe Mamie. Por los pájaros, ningún gato podía entrar en la casa.
Williamina no aceptó un no
La regla se rompió con un regalo. Una amistad de Londres le obsequió a Mamie «a white kitten», una gatita blanca que pasó a llamarse Williamina. El libro no dice quién eligió el nombre.
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Cuando Williamina tuvo crías, eligió su lugar sin pedir permiso. Según el relato de Mamie, las llevó una por una desde la cocina hasta un rincón del estudio de Dickens, el cuarto donde él exigía silencio. Dickens le pidió a su hija que las sacara. La gata las volvió a llevar, y lo hizo más de una vez. En el último intento ya no buscó un rincón: dejó a todas sus crías a los pies de Dickens y se echó junto a ellas.

El autor de «Oliver Twist» terminó rindiéndose. Las crías, resume Mamie, «were allowed to remain»: se les permitió quedarse.
El gato del amo
Mamie no dice cuántas eran ni qué fue de la mayoría. Solo cuenta que uno de esos gatitos se quedó en la casa y que, «as he was quite deaf», por ser completamente sordo, lo dejaron sin nombre.
El servicio de la casa resolvió el asunto a su manera: lo llamaban «the master’s cat», el gato del amo, por lo apegado que estaba a Dickens. Lo seguía por el jardín «like a dog», como un perro, y se sentaba con él mientras escribía. El hombre al que cualquier ruido le arruinaba el trabajo tenía ahora a su lado un compañero que vivía en silencio.

Una vela, dos veces
Una noche, toda la familia salió a un baile. Todos menos Dickens. En el salón de Gad’s Hill quedaron solos él y el gato del amo. Dickens leía en una mesita, a la luz de una vela encendida.
De pronto, la vela se apagó. Dickens no vio cómo. La volvió a encender, acarició al gato —que, según notó, lo miraba con ojos suplicantes— y siguió leyendo.
Pocos minutos después, la luz volvió a debilitarse. Dickens levantó la vista justo a tiempo para ver al gato apagar la vela con la pata. Mamie elige una palabra precisa: deliberately, a propósito. Y enseguida, el gato volvió a mirarlo con la misma súplica.

Mamie llama a ese gesto una segunda e inequívoca indirecta. Que la llame segunda importa: nadie vio quién apagó la vela la primera vez, pero ella da a entender que también fue el gato.
La escena tuvo hasta su ilustración. En 1880, Harrison Weir la dibujó con el título «Charles Dickens’ Cat Extinguishing the Candle», y puedes verla en el blog de Special Collections & Archives de la Liverpool John Moores University.
La mañana después del baile
Mamie no estuvo en ese salón: esa noche estaba en el baile, con el resto de la familia. Su relato viene, por fuerza, de lo que su padre contó después. Y lo contó: a la mañana siguiente, en el desayuno, Dickens no hablaba de otra cosa. El libro no anota la fecha de aquella noche.
Falta la respuesta que importa: ¿cerró Dickens el libro? Mamie no lo dice. Se puede suponer que la lectura esperó un rato, pero el texto no lo cuenta. Lo que sí deja escrito Mamie es cómo terminó la noche para el gato: la indirecta no fue ignorada, y recibió «the petting he craved», las caricias que reclamaba.
Dickens llenó miles de páginas con palabras pensadas para conmover a sus lectores. Esa noche, un gato que no podía oír ninguna de ellas le recordó que, a veces, basta un gesto para decir «mírame».
¿Qué hace tu gato cuando decide que ya leíste, trabajaste o miraste el celular lo suficiente?
Foto de Charles Dickens con dos de sus hijas: Mason & Co. (Robert Hindry Mason) / Wikimedia Commons, dominio público. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Dickens, Mamie (1896/1897). My Father as I Recall Him. Westminster: The Roxburghe Press (ed. británica); Nueva York: E. P. Dutton (1.ª ed. estadounidense, 1897). Texto completo en Project Gutenberg, eBook #27234. https://www.gutenberg.org/files/27234/27234-h/27234-h.htm
- The Online Books Page, University of Pennsylvania (s. f.). My father as I recall him, by Mamie Dickens (The Roxburghe Press, 1896). Registro bibliográfico en The Online Books Page. https://onlinebooks.library.upenn.edu/webbin/book//lookupid?key=ha100763092
- Gad’s Hill Place (s. f.). Gad’s Hill Place. Sitio oficial de la casa de Dickens (Gad’s Hill School, Higham, Kent). https://www.gadshillplace.co.uk/

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