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Hubo leones salvajes en Grecia, y cada noche atacaban solo a los camellos de Jerjes

En el verano del 480 a. C., leones salvajes del norte de Grecia atacaban de noche a los camellos del ejército de Jerjes, y solo a ellos. Heródoto lo contó sin poder explicarlo, y en tiempos modernos su relato se descartó como fantasía.

Hubo leones salvajes en Grecia, y cada noche atacaban solo a los camellos de Jerjes

Es verano, año 480 a. C. Un ejército enorme avanza por el norte de Grecia a las órdenes de Jerjes, el rey de Persia. Con los soldados y las bestias de carga marchan camellos que llevan la comida de la tropa. De día, la columna camina; de noche, el campamento se detiene.

Entonces, en la oscuridad, los leones bajan de sus guaridas. Lo que hicieron aquellas noches lo dejó escrito un historiador griego que no supo explicarlo. Y en tiempos modernos, su relato terminó descartado como fantasía.

Cada noche, solo los camellos

La fecha la fija el diario de la campaña de Jerjes que reconstruye Lendering en Livius.org: el verano del 480 a. C. El lugar lo da Heródoto, el historiador griego que narró aquella invasión. En el libro VII de su Historia (capítulo 124), cuenta que el ejército marchaba por el norte de Grecia, desde Acanto hacia Terma.

En el capítulo siguiente aparecen los leones. Según Heródoto, los camellos que cargaban la comida sufrieron los ataques de leones que cada noche bajaban de sus guaridas. No tocaban a los hombres ni a las demás bestias de carga. Solo a los camellos. El pasaje completo, en la traducción inglesa de A. D. Godley para la Loeb Classical Library (1922), se puede leer en LacusCurtius, el sitio de textos clásicos de la Universidad de Chicago.

Ilustración en estilo de grabado antiguo: un león de melena corta agazapado entre matorrales y rocas bajo la luna, con camellos de carga al fondo
Un león al acecho entre los matorrales del norte de Grecia y, detrás, los camellos de carga del ejército persa: la escena que Heródoto contó sin poder explicarla.

Un misterio que ni Heródoto resolvió

Heródoto no disimuló su desconcierto. Aquellos leones, anota, jamás habían visto un camello ni sabían lo que era. ¿Por qué los elegían solo a ellos, entre tantos hombres y animales? No dio ninguna explicación. Dejó constancia del hecho y de su asombro, y su propio texto deja la pregunta abierta.

Lo que sí dejó escrito, en el capítulo 126, es que en aquella región había muchos leones y que en Europa solo vivían en la franja comprendida entre dos ríos: el Nestos, que pasa por Abdera, en el noreste de Grecia, y el Aqueloo, que corre por Acarnania, en el oeste.

Manuscrito griego en pergamino, con columnas de letra minúscula en tinta parda, abierto sobre un atril de espuma gris en una sala de lectura
Un manuscrito bizantino de la Historia de Heródoto, abierto en una biblioteca. En libros copiados a mano como este llegó hasta nosotros el pasaje de los leones.

De «muchos» a «raro», entre los mismos dos ríos

Más de un siglo después, Aristóteles volvió al asunto en su Historia de los animales. Para entonces el león ya era raro y, según escribió, en toda Europa solo vivía entre el Aqueloo y el Nesos, que es el nombre que aparece en la traducción de D’Arcy W. Thompson (1910) del libro VI (579b). Son los mismos dos ríos de Heródoto. La zona era la misma; lo que había cambiado era cuántos leones quedaban en ella.

Eran tan pocos que circulaba un cuento para explicarlo: al parir, se decía, la leona expulsaba su útero. Aristóteles no le dio ningún crédito. Lo llamó pura fábula, inventada para explicar por qué había tan pocos leones.

El siguiente testigo llegó mucho más tarde. A finales del siglo I d. C., en un discurso que la edición Loeb sitúa en la época del emperador Domiciano (81-96 d. C.), el orador Dion de Prusa, también conocido como Dion Crisóstomo, ya daba por extinguida en Europa la raza de los leones, que antes, dice, vivía en Macedonia y en otros lugares. Su Discurso 21, «Sobre la belleza», también se puede leer en LacusCurtius. La nota del editor hace una advertencia honesta: no se sabe cuándo desaparecieron de verdad. Dion deja constancia de que ya no estaban, pero no de cuándo se extinguieron.

Huesos de todo el cuerpo

En tiempos modernos, el relato de Heródoto se descartó como fantasía. Los escépticos tenían una explicación para los huesos de león hallados en Grecia: los animales o sus restos habrían llegado al Egeo por comercio o como regalos. Así lo resume Brouwers en un artículo de Ancient World Magazine (2014) que repasa el trabajo de N. R. Thomas.

Pero los arqueólogos siguieron excavando.

Una zooarqueóloga arrodillada en el fondo de una trinchera escalonada limpia con una brocha la tierra compacta de un asentamiento prehistórico
Una zooarqueóloga trabaja en el fondo de una trinchera abierta en un montículo prehistórico del norte de Grecia. Excavaciones como esta cambiaron lo que sabemos sobre los animales que vivían allí.

Los huesos de león aparecieron una y otra vez en Grecia y en el sureste de Europa. En 2020, Daróczi-Szabó, Kovács, Raczky y Bartosiewicz publicaron en el International Journal of Osteoarchaeology un estudio sobre hallazgos de león de la Edad del Cobre en la actual Hungría, de hace más de 5.000 años. Según el resumen oficial del artículo, los huesos de león del Holoceno (la época geológica actual) encontrados en el sureste de Europa provienen de todas las partes del cuerpo. No son restos sueltos traídos de lejos: indican que los leones eran de allí.

Un año después, Cooper, Dugmore, Kitchener y colegas analizaron en la revista PeerJ cómo se fue reduciendo el área de distribución del león durante el Holoceno. Su estudio sitúa leones en el sureste de Europa hasta tiempos históricos.

Hoy los hallazgos son tantos que el veredicto cambió. Como resume Brouwers a partir del trabajo de Thomas, el león debe contarse entre la fauna de la antigua Grecia, igual que el lobo y el zorro.

Lo que los huesos no cuentan es lo que desconcertó a Heródoto: por qué, en aquellas noches del 480 a. C., los leones solo atacaban a los camellos.

Desaparecer dos veces

Imaginamos al león en la sabana africana. Pero también rondó las noches de Grecia, entre el Nestos y el Aqueloo, y salió de sus guaridas a cazar unos camellos que jamás había visto. Desapareció dos veces: de aquellas tierras y de la memoria. Tanto, que llegamos a dudar de quien lo contó.

¿Te imaginabas leones salvajes en Grecia? ¿Qué animal crees que vivió alguna vez cerca de donde hoy está tu casa y ya casi nadie recuerda?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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