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Inspirador

Antes de tu gato, China convivió 3.500 años con otro felino

Hace unos 5.300 años, unos pequeños cazadores rondaban el grano de una aldea china. Parecían gatos como el tuyo, pero sus huesos y su ADN contaron otra historia.

Antes de tu gato, China convivió 3.500 años con otro felino

Hace unos 5.300 años, en una aldea de lo que hoy es la provincia de Shaanxi, en China, un roedor cava un túnel hasta dar con un depósito de grano. Es la cosecha de la gente que vive arriba. Y el roedor no está solo: detrás de él llega un pequeño cazador.

Parece un gato como el tuyo. Pero la ciencia tardaría más de una década, y tres estudios, en descubrir quién era en realidad.

Mijo, roedores y un cazador junto al grano

Esa aldea se llama hoy Quanhucun. Su gente vivía del mijo, un cereal, y lo guardaba en depósitos excavados en el suelo. En uno de ellos apareció la galería de un roedor antiguo que llegaba hasta el grano, según el comunicado de Washington University in St. Louis de 2013.

Corte de una excavación en suelo amarillo con un antiguo depósito de grano circular y un túnel de roedor que entra por su costado, junto a una paleta de arqueólogo, una cuadrícula de hilo y una etiqueta en blanco.
Un túnel de roedor que desemboca en un depósito de grano: en Quanhucun, un rastro así mostró quién iba tras el mijo.

Ese año, un equipo encabezado por el científico chino Yaowu Hu, de la Academia China de Ciencias, analizó los huesos de los felinos de Quanhucun. Midió en ellos isótopos de carbono y nitrógeno, unas firmas químicas que deja la dieta, y descubrió lo que comían: presas que se alimentaban de ese mijo. El estudio salió en línea en diciembre de 2013 en la revista PNAS.

Había más pistas. Uno de los felinos había comido menos animales y más mijo de lo esperado: quizá tomaba sobras, o quizá lo alimentaban. Otro llegó a viejo. El equipo de Hu presentó su trabajo como la evidencia más antigua de un proceso «comensal» de domesticación del gato: animales que viven junto a las personas y aprovechan lo que ellas producen.

El propio comunicado lo tituló «Cat domestication traced to Chinese farmers 5,300 years ago», y los titulares anunciaron que China había empezado a domesticar gatos hace 5.300 años.

Cinco mandíbulas y otra especie

En 2016, el científico Jean-Denis Vigne, del Museo Nacional de Historia Natural de París, y sus colegas volvieron a esos huesos. Compararon la forma de cinco mandíbulas de felinos de tres yacimientos de China, dos de ellas de Quanhucun, con una técnica llamada morfometría geométrica, que traduce la forma de un hueso en medidas comparables.

El resultado, publicado en PLOS ONE (y disponible también en PubMed Central), fue claro: todas eran de gato leopardo (Prionailurus bengalensis), con más del 94 % de probabilidad. No eran gatos domésticos.

Según el Grupo de Especialistas en Felinos de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN, el gato leopardo es un felino salvaje de Asia, con el pelaje marcado por manchas negras. Y, según el estudio de Vigne, esta especie no aportó genes a los gatos domésticos que hoy viven en China.

Dos pequeños felinos casi del mismo tamaño sobre un viejo muro de adobe amarillo al atardecer, en una aldea rural; a la izquierda, un gato leopardo con manchas, cabeza redonda y orejas grandes y redondeadas.
Casi del mismo tamaño y en el mismo muro: a simple vista, un gato leopardo (izquierda) puede pasar por un gato cualquiera.

Aun así, Vigne dejó abierta una posibilidad: que aquellos gatos leopardo hubieran iniciado su propio camino hacia la domesticación. Él mismo reconoció que sus indicios eran «algo endebles». La respuesta llegaría casi una década después.

Vecinos durante 3.500 años

La trajo el ADN antiguo. En 2025, Han y colegas publicaron en Cell Genomics un estudio genético de felinos de yacimientos chinos; su resumen está en la ficha de la Universidad de Oxford, y el preprint completo se puede leer en bioRxiv. Entre las muestras estaba un felino de Quanhucun, el espécimen FS15, de unos 5.400 años según ese estudio. Su ADN lo confirmó: era un gato leopardo, el más antiguo del análisis.

Una persona con traje blanco completo, gorro, mascarilla y doble guante sostiene a contraluz un pequeño tubo de muestra ante una campana de flujo laminar, con gradillas de tubos y una pipeta sobre la mesa de acero.
Un laboratorio de ADN antiguo: de un trabajo así salió la prueba que zanjó qué felinos vivían en Quanhucun.

El ADN también reveló cuánto duró la vecindad del gato leopardo en China: unos 3.500 años en pueblos y ciudades, desde hace al menos 5.400 años hasta el año 150 de nuestra era. Es más de lo que nos separa de Tutankamón, que reinó en Egipto hacia 1336–1327 a. C., según el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Esa convivencia dejó huella incluso en el arte: en la tumba de Mawangdui, de la dinastía Han (hacia el 168 a. C.), unos platos muestran un felino manchado que, según el preprint, se parece más al gato leopardo que al doméstico.

Y aun así, el gato leopardo nunca se volvió doméstico. El resumen del estudio lo dice sin rodeos: solo el gato doméstico completó la domesticación. Durante tres milenios y medio, el gato leopardo vivió junto a la gente y siguió siendo salvaje.

Seis siglos sin felinos

Después del año 150, el gato leopardo desaparece de pueblos y ciudades. ¿Por qué? El preprint plantea hipótesis, no certezas. Quizá influyó un clima más frío y seco, con cosechas menguantes, conflictos sociales y una caída de la población. Quizá también el auge de la cría de aves tras la dinastía Han, que pudo enfrentarlo con los campesinos: según el grupo de la UICN, en muchas zonas se considera al gato leopardo una plaga para las aves de corral.

Lo que sigue es un silencio largo. Durante unos 600 años, las excavaciones en China no muestran ningún felino.

Un gato macho en Tongwan

Hasta que, hacia el año 730, en la ciudad de Tongwan, también en Shaanxi, aparece un gato macho, blanco o atigrado con manchas blancas. Su datación va del 706 al 883, en torno a la dinastía Tang, y es el gato doméstico más antiguo conocido de China, según el estudio de Han y colegas y la nota de la Universidad de Pekín.

Su linaje no era local: venía de Oriente Próximo, de la región del Levante, y probablemente cruzó Asia con los mercaderes de la Ruta de la Seda. La Universidad de Pekín añade una pista del trayecto: la misma firma genética aparece en gatos de Kazajistán de esa época.

Convivir no basta para volverse doméstico. Tu gato desciende de la excepción: una especie que sí lo logró y que cruzó un continente para llegar a China, siglos después de que el gato leopardo desapareciera de las aldeas chinas.

Además de vivir juntos, ¿qué crees que hizo falta para que el gato se volviera parte de nuestras casas?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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