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Inspirador

En 1950, un gatito salió detrás de los alpinistas del Cervino y siguió subiendo solo

En el verano de 1950, un gatito de menos de un año salió detrás de los alpinistas que partían hacia el Cervino. Lo que hizo después llegó a la prensa de Australia y al Libro Guinness de los récords.

En 1950, un gatito salió detrás de los alpinistas del Cervino y siguió subiendo solo

Todavía es de noche en la montaña. Es el verano de 1950 y, frente al hotel de montaña Belvédère, en la vertiente suiza del Cervino, los alpinistas revisan cuerdas y mochilas antes de salir hacia la roca. Desde la puerta los mira un gatito blanco y negro. Ya conoce la rutina: el grupo se aleja a oscuras, en fila, y el hotel se queda en silencio.

Tiene menos de un año y vive allí porque es el gato de la cocinera. Esta vez no se queda en la puerta y echa a andar detrás de ellos.

Un hotel en plena montaña

El punto de partida importa. El Belvédère no estaba en el valle. Según ZERMATTERS, la oficina de guías de montaña de Zermatt, es el edificio que hoy funciona como refugio Hörnli. Ese refugio está a 3.260 metros de altura, de acuerdo con Zermatt Tourismus. De allí salían, antes del amanecer, los alpinistas que iban a intentar la cumbre.

Y la cumbre tenía una historia dura. La primera ascensión fue el 14 de julio de 1865 y subieron siete escaladores. Al bajar, uno resbaló y arrastró a otros tres, y murieron los cuatro, según Zermatt Tourismus y National Geographic (2015). Desde entonces, más de 500 alpinistas han muerto intentándolo, según ese mismo reportaje de 2015. La oficina de turismo de Zermatt calcula unos 500 solo entre 1865 y 2011.

Poco después, la historia de ese gatito saldría en diarios del otro lado del mundo.

Dos noches solo en el filo

Según las notas que publicaron en septiembre de 1950 The Daily News, de Perth, y The Sydney Morning Herald, los alpinistas dejaron atrás al gatito. Aun así, él siguió subiendo solo por el filo de la montaña. Tras una subida larga y solitaria, esa noche llegó al refugio Solvay.

El Solvay no es un hotel. Es una pequeña caseta de emergencia a 4.003 metros, a mitad de camino hacia la cima, según la ficha del Club Alpino Suizo (SAC). Se construyó entre 1915 y 1917, como recuerda el club en el texto con el que celebró el aniversario del vivac, así que en 1950 ya llevaba más de tres décadas en la arista. Para llegar hasta allí, el gatito había subido unos 740 metros en un solo día.

Fotografía granulada en blanco y negro de una pequeña caseta de madera anclada a un saliente de roca en una arista empinada, al anochecer, con la puerta entreabierta, una cuerda y cadenas de hierro fijadas a la roca y nieve dura en el borde
Una caseta de emergencia sujeta a la roca, con cuerdas y cadenas a un lado y el vacío al otro. En un refugio de este tipo, a más de 4.000 metros, pasó el gatito su primera noche.

Al día siguiente subió más. Su segunda noche la pasó a la intemperie, en una canaleta de roca por encima del tramo que los montañistas llaman «el hombro». Esta vez no tuvo techo.

Maullando y con la cola en alto

Al tercer día, en la cumbre, a 4.478 metros, unos alpinistas vieron llegar a quien nadie esperaba: el gatito, maullando y con la cola en alto. Así lo contaron los diarios australianos de 1950. Años después, el Guinness Book of World Records 1987 (Russell y colegas, 1986) lo resumiría en una línea: el gatito siguió a un grupo de escaladores hasta la cima.

Imagen de tonos desvaídos, como de diapositiva antigua, tomada desde lo alto de una cumbre alpina: un gato joven blanco y negro pisa la última loma nevada de la cresta, justo frente a la cámara
Un gato joven en la cresta final de una cumbre alpina: la visita que ningún alpinista espera a 4.478 metros.

Los alpinistas no podían creerlo. Compartieron su comida con él.

Las cifras ayudan a medir la hazaña. Del hotel donde vivía a la cumbre hay 1.218 metros de desnivel (4.478 menos 3.260), y ZERMATTERS los redondea en «más de 1.200 metros». La torre Eiffel mide 330 metros, según la Société d’Exploitation de la Tour Eiffel. Es decir, el gatito subió con sus propias patas lo que miden casi cuatro torres Eiffel, una encima de otra.

De Suiza a Italia, en una mochila

La bajada fue distinta. Según la prensa australiana, un guía lo metió en su mochila y lo llevó por la cara italiana del Cervino hasta el refugio Principe Amedeo di Savoia. ZERMATTERS también cuenta que lo bajaron en la mochila. Había subido desde Suiza por su cuenta y bajó a Italia de pasajero.

Retrato granulado en blanco y negro de un guía alpino de mediana edad, de rostro curtido por el sol, con chaqueta de lana, pantalones bombachos, sombrero de fieltro, una cuerda de cáñamo enrollada al hombro y una mochila de lona con correas de cuero
Cuerda de cáñamo al hombro y mochila de lona con correas de cuero: el equipo típico de un guía alpino de los años cincuenta. En una mochila así hizo el gatito el viaje de bajada.

De los diarios de Australia al Guinness

En septiembre de 1950, la historia llegó hasta Australia. The Daily News de Perth la publicó el día 7 con el título «A Kitten Climbs The Matterhorn», y The Sydney Morning Herald la publicó el 9 como «Cat-climbing On The Matterhorn». Las dos notas están digitalizadas en Trove, el archivo de la Biblioteca Nacional de Australia, y puedes leer la del Daily News y la del Herald.

Durante años, el Libro Guinness de los récords también recogió la hazaña. Aparece en la edición de 1987 y siguió apareciendo en otras, como The New Guinness Book of Records 1995 (Matthews, 1994). Las versiones no coinciden en todo. El Guinness de 1987 registra como dueña a Josephine Aufdenblatten y dice que el gatito tenía cuatro meses, mientras que la prensa de 1950 y ZERMATTERS hablan de unos diez. La fecha exacta también cambia: el Guinness la sitúa a comienzos de septiembre y otras versiones, en agosto. Ni siquiera se sabe con seguridad si era macho o hembra: los diarios de 1950 escriben «he» (él), y otras versiones dicen que era hembra. Pero ninguna fuente seria pone en duda que subió.

Nadie sabe por qué salió detrás de los alpinistas aquella mañana. Ellos llevaban cuerdas y guías, y subían para conquistar el Cervino. Él no llevaba nada. Quizá solo quería ver adónde iban.

¿Hasta dónde te ha seguido tu gato alguna vez? ¿Crees que lo mueve la curiosidad o las ganas de no quedarse sin ti?

Algunas imágenes de este artículo fueron generadas con IA para ilustrar el contenido; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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