Zarah duerme tranquila en su jaula, vigila el patio como si fuera su trabajo de tiempo completo y no pierde oportunidad de robarse un bocado de la mesa cuando nadie la ve. Nada en su rutina delata lo que vivió hace apenas unos meses, ni lo que está a punto de repetirse.
Todo empezó cuando su dueño tuvo que mudarse a un centro de cuidados de largo plazo y ya no pudo quedarse con ella. Zarah perdió, de un día para otro, el único hogar que había conocido. Y no llegó sola a esta nueva etapa: cargaba también con una afección en la piel que le dolía y necesitaba atención urgente.
De la calle a un hogar temporal
Así llegó al Center for Animal Rescue and Enrichment of St. Louis, la organización con sede en San Luis, Misuri, que la recibió y comenzó su tratamiento. De ahí pasó a un hogar de acogida, donde por primera vez en mucho tiempo alguien pudo dedicarle el cuidado constante que su piel, y su ánimo, necesitaban.
La transformación
Y Zarah floreció. Su piel sanó por completo y, con ella, también cambió su manera de estar en el mundo. Aprendió a vivir en casa, a dormir tranquila en su jaula y a convivir sin problema con niños y con perros más pequeños que ella. Escucha bien, aprende rápido y, según cuenta su familia de acogida, es de las perritas más dulces que han conocido.
Eso sí, tiene sus manías: vigila el patio como si tuviera la misión personal de mantenerlo libre de ardillas y pájaros, y hay que estar atento a la comida cuando ella anda cerca de la mesa, porque no duda en tomar lo que encuentre a su alcance.
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El misterio bajo sus arrugas
Con la piel sana y la personalidad floreciendo, su familia de acogida empezó a hacerse una pregunta distinta: ¿qué razas se esconden detrás de esas arrugas y ese curioso pliegue bajo su mentón? Para resolverlo, pidieron una prueba de ADN de la marca Embark y la enviaron para su análisis. Los resultados todavía no llegan, pero mientras tanto, según la publicación que el Center for Animal Rescue and Enrichment of St. Louis compartió en Facebook, la organización invitó a la comunidad a arriesgar sus propias apuestas sobre qué razas podrían estar detrás de esa mezcla.
Un segundo hogar que también se tambalea
Pero antes de que llegaran los resultados de esa prueba, apareció otro problema, uno que no tiene nada que ver con genética. Circunstancias de salud y de familia obligaron a la persona que la acogía a dar un paso al costado. Según relató la organización, su familia de acogida quiere mucho a Zarah y está deshecha ante la idea de que, después de haber avanzado tanto, tenga que volver al refugio.
Zarah, que ya había perdido un hogar una vez, está a punto de quedarse sin el segundo. El Center for Animal Rescue and Enrichment of St. Louis busca ahora, con urgencia, a alguien que pueda adoptarla o, al menos, tomar el relevo como su próxima familia de acogida. La idea, según cuenta la organización, es que Zarah pase directamente de un hogar amoroso a otro, ya sea un nuevo hogar temporal o, por fin, el hogar para siempre que ha estado esperando, sin tener que pisar de nuevo el refugio.
Ya aprendió a sanar. Lo que todavía no ha aprendido es a quedarse.

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