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Sra Bigotes

Inspirador

La enfermera que gastó 17,000 dólares para convertir su sótano en un santuario para los gatos que nadie más quería salvar

Sarah Carolyn invirtió 17,000 dólares y cuatro meses en transformar el sótano de su casa en Rochester en un santuario para nueve gatos con discapacidades severas, con la ayuda de su hermana Emily.

Una mujer gasta 17.000 dolares para convertir su sotano en un santuario para sus gatos discapacitados

En un sótano de Rochester, Nueva York, el teléfono de Sarah Carolyn no deja de sonar. Desde hace seis años es la primera persona a la que llaman cuando alguien encuentra un gato callejero en apuros, y su lista de «casos imposibles» no ha dejado de crecer: felinos ciegos, sordos, paralizados, animales que ya estaban en listas de eutanasia porque nadie más podía —o quería— hacerse cargo de ellos.

Hace año y medio, Sarah tomó una decisión que cambiaría por completo esa historia: compró una casa pensando, sobre todo, en el espacio vacío debajo de ella. Ese sótano se convertiría en algo que en su barrio todavía nadie había visto.

Una enfermera con vocación de rescate

Sarah es enfermera de profesión, un dato que resultó clave para el tipo de rescate al que terminó dedicándose. «En 2020 empecé a rescatar. Comenzó con gatos y perros, y luego la organización con la que trabajé años se enfocó solo en gatos, porque aquí la necesidad es enorme: tenemos un problema serio de gatos ferales», le contó a PEOPLE.

Su formación como enfermera le permitió asumir casos que otros rescatistas no podían sostener: aplicar sueros, inyecciones de esteroides, cuidados intensivos. Con el tiempo, Sarah y su hermana Emily —de quien es tutora legal y quien tiene síndrome de Down— se convirtieron en la última parada para los gatos con las condiciones médicas más severas de la zona.

Cuatro meses, cien crisis de nervios

Publicación de TikTok

«Tenemos nueve gatos de rescate que viven con nosotras. Son los más severamente discapacitados: hay ciegos, sordos, uno usa pañal, hay paralizados. A uno lo cambio como a un bebé real, cuatro veces al día. Son los que fueron sacados de una lista de eutanasia, o los que una persona promedio no podría cuidar», explicó Sarah a PEOPLE.

Convertir el sótano en un refugio funcional le tomó cerca de cuatro meses, la mayor parte hecha con sus propias manos: colocó los pisos, pintó las paredes, instaló la iluminación, hasta pintó el techo con aerosol. Solo contrató a un contratista para el tablaroca y los clósets, un trabajo que no podía cargar sola escaleras abajo. «Fue muy estresante. Calculo que tuve como cien crisis de nervios», recordó.

17,000 dólares y ocho robots de arena

El proyecto terminó costando cerca de 17,000 dólares en un espacio de casi 2,000 pies cuadrados. Según detalló Sarah a PEOPLE, el tablaroca por sí solo representó 8,000 dólares; el piso, entre 9,000 y 10,000; la pintura, al menos 2,500; y a eso se sumó un clóset a medida que funciona como estación de alimentación, indispensable para preparar la comida de nueve gatos por separado.

Su rincón favorito es el baño que diseñó para ellos. Con tantos animales, las cajas de arena tradicionales no eran una opción, así que instaló ocho robots limpiadores de arena, cada uno con su propio tapete. También integró un sofá seccional grande donde todos pueden descansar juntos y cinco rascadores con escalones, aunque el favorito de la manada sigue siendo el que da hacia la ventana.

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Emily, el corazón del refugio

Emily, la hermana de Sarah, es pieza clave del día a día del santuario: ayuda a alimentar a los gatos, se asegura de que a uno de ellos, Melly, no le falte el pañal, y participa en sus baños. «Emily es fenomenal con los gatos. Eso también le ha dado un sentido de propósito a ella», compartió Sarah con PEOPLE.

Ese vínculo es, según Sarah, la semilla de su próximo proyecto: en uno o dos años espera comprar un terreno grande para construir un santuario físico, independiente de su casa, que emplee únicamente a personas con discapacidad, con Emily al frente. «¿Qué tan increíble sería crear un lugar de trabajo para personas con discapacidad? Aquí, en el norte del estado de Nueva York, no tenemos nada de eso para los adultos, más que un grupo de casa o quedarse frente al televisor», dijo a PEOPLE.

Sarah y Emily no construyeron solo un sótano con pisos nuevos y robots de arena: construyeron la prueba de que la compasión, cuando se le da tiempo, dinero y tercas horas de trabajo manual, también puede tener paredes, techo y una puerta que nunca se cierra.

Imágenes: cortesía de Sarah Carolyn / PEOPLE.

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