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Inspirador

Mahi Mahi y Mackerel no cabían en el refugio; ahora tienen una cita fija cada noche

Mahi Mahi y su hermano Mackerel estaban en un refugio donde ya no cabía nadie. Casi no maúllan, pero tienen una manera muy suya de pasar las noches.

Mahi Mahi y Mackerel no cabían en el refugio; ahora tienen una cita fija cada noche

Mahi Mahi y su hermano Mackerel, dos gatitos atigrados grises, mezcla de manx, estaban en un refugio de la zona que había rebasado hacía rato su límite. Los animales llegaban muchos a la vez, y cada lugar que se ocupaba era uno menos para el siguiente.

En un sitio así no sobra un rincón para nadie. Y estos dos no eran un gatito que acomodar: eran un par.

Entonces el refugio pidió ayuda. Buscaba para los hermanos una casa donde esperar con más calma, y empezó a preguntar si algún hogar temporal podía recibirlos.

Mientras tanto, Mahi Mahi y Mackerel seguían ahí, uno junto al otro, esperando que alguien contestara.

Un sí sin titubeos

La pregunta llegó a Orphan Kitten Project, un grupo de rescate que dirigen estudiantes de veterinaria de UC Davis, en California. Y tiene una particularidad: no tiene un edificio donde alojarlos.

«Trabajamos al cien por ciento con hogares temporales, así que no tenemos un refugio físico. Cuando recibimos gatitos, siempre van a un hogar temporal», le contó la organización a LoveMeow.

Para un grupo que se dedica a sacar gatitos de refugios llenos y llevarlos a casas de verdad, la respuesta fue fácil. Los hermanos se mudaron con una cuidadora y, en su casa, empezaron a mostrar quiénes eran.

Pocos maullidos, ojos enormes

Resultaron ser de una calma casi aristocrática. Casi no maúllan: cuando quieren que alguien los cargue, miran hacia arriba con sus ojos grandes y esperan a que el mensaje llegue solo.

Su cuidadora los describe como gatos que dan poco trabajo, capaces de entretenerse solos durante horas. «No destrozan nada ni piden demasiado, y se las arreglan solos mientras tengan un rascador y se tengan uno al otro», escribió la organización al presentarlos en Facebook.

Publicación de Facebook

En esa misma publicación jugó con sus nombres, que son de peces: el mahi-mahi y la caballa. En el mar de gatitos hay muchos peces, escribió, pero ninguno como estos dos. Que un par de gatos se llame como la cena tiene su ironía, y ellos la llevan con dignidad.

Esa calma, eso sí, tiene interruptor. Una varita de juguete o un resorte que rebota, y los dos salen disparados a perseguirlo, entre saltos y patas que patinan sobre el piso. Cuando el juego termina, se dejan cargar sin protestar y se acomodan en los brazos de quien los tenga.

Juegan sin brusquedad, no arañan ni muerden y tratan con respeto a otros gatos. Según la organización, también se han llevado bien con niños llenos de energía y con perros inquietos y ladradores. Hasta la aspiradora les merece apenas una pausa antes de volver a lo suyo.

Todo eso tiene una condición, la misma del rascador: estar juntos. Por eso la organización pidió que los adopten a los dos, y su ficha de adopción está en Petfinder.

Al final del día

Y luego está la costumbre de la noche. Cuando el día se apaga, Mahi Mahi y Mackerel suben al borde alto del respaldo del sillón y se estiran ahí, enroscados uno contra el otro.

Abajo, su cuidadora ve documentales de crímenes reales. Ellos la acompañan uno o dos episodios, tranquilos, alineados sobre los cojines, sin que nada los altere.

Dos gatos a los que no impresiona una aspiradora no van a perder la compostura por un caso sin resolver. Lo suyo es estar ahí, pegados, mirando desde arriba.

El refugio no tenía un lugar para ellos. Ahora tienen uno a su medida, sobre el respaldo de un sillón, desde donde esperan juntos a la familia que se siente abajo para el próximo caso.

Imagen principal: Orphan Kitten Project at UC Davis.

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