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Inspirador

El mamífero venenoso de Cuba cuyo linaje quizá ya existía cuando cayó el asteroide de los dinosaurios

En 2003 apareció vivo en Cuba un almiquí de 688 gramos, con un diente por el que baja una saliva venenosa. Los científicos todavía discuten si su linaje ya existía cuando cayó el asteroide que acabó con los dinosaurios.

El mamífero venenoso de Cuba cuyo linaje quizá ya existía cuando cayó el asteroide de los dinosaurios

El almiquí recorre el bosque de noche con el hocico largo hundido en la hojarasca, revolviendo la tierra como quien busca unas llaves en un patio sin luz. El que apareció vivo en 2003 en el oriente de Cuba pesaba menos que una botella de agua de un litro, y lo iban a devolver a un bosque donde ahora rondan cazadores traídos de otras tierras.

En su boca llevaba la primera pista de una pregunta que todavía divide a los científicos: desde cuándo existe su linaje, y qué tuvo que atravesar para llegar hasta ese bosque.

Ilustración antigua de un solenodonte cubano, un mamífero pequeño de hocico largo y puntiagudo
Un solenodonte cubano, o almiquí, en una ilustración publicada en 1913. Ilustración: New York Zoological Society / Wikimedia Commons, dominio público.

Treinta y siete en siglo y medio

La ciencia describió al solenodonte cubano, el almiquí, en 1861. En los más de ciento cuarenta años que siguieron, apenas quedaron registrados 37 ejemplares. Todos juntos cabrían en la lista de asistencia de un solo salón de clases.

En el siglo XX lo dieron por extinto en más de un momento. Y en 1974 y 1975 volvió a aparecer, con esa terquedad elegante de quien no deja que otros le escriban el epitafio.

Después siguió dejándose ver muy poco. Nadie había visto uno desde hacía cuatro años cuando, en 2003, en los bosques de Holguín, apareció un almiquí vivo.

Vista desde lo alto de un bosque verde y continuo en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en el oriente de Cuba
Un mar de bosque en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, cerca de Baracoa, en el oriente de Cuba. Foto: Martin Cígler / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

688 gramos y un nombre

Los científicos lo examinaron. Lo pesaron: 688 gramos, unos dos tercios del kilo que suele pesar uno de su especie. Le tomaron muestras. Tenía el pelo largo y oscuro y un hocico largo y puntiagudo, hecho para revolver el suelo.

Le pusieron el nombre de Alejandrito.

Después lo liberaron en el bosque. Pero ese bosque ya no era el de sus antepasados: hoy lo recorren mangostas, perros y gatos asilvestrados, animales que las personas trajeron en sus barcos. Para una especie que se cuenta por docenas en los registros, cada uno de esos cazadores es un riesgo que la isla no conocía.

Mangosta pequeña de pelaje pardo, vista de perfil sobre el suelo
Una mangosta pequeña, de perfil. Las mangostas llegaron a Cuba en barcos y hoy rondan los bosques del almiquí. Foto: Chung Bill Bill / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Lo que traía en la boca

Lo que volvía distinto a Alejandrito estaba en sus dientes. El nombre de su género, Solenodon, viene del griego y significa «diente con canal». Y no es una forma de hablar.

Uno de sus incisivos inferiores tiene un surco a lo largo. Cuando muerde, una saliva venenosa baja por esa ranura hasta la herida de la presa, igual que la tinta baja por la abertura de la plumilla de una pluma fuente hasta el papel.

Entre los mamíferos, un arma así es rarísima. Y un animal tan distinto de sus vecinos dejaba planteado un enigma: de qué rama del árbol de la vida había salido.

La pista de la isla vecina

La pista siguiente llegó en 2004, y no de Cuba, sino de la isla de al lado. El equipo de Roca estudió el ADN del solenodonte de La Española, el pariente que el almiquí tiene en esa isla, para medir cuánto se había alejado su linaje de sus parientes vivos más cercanos.

La idea funciona como dos cuadernos de recetas copiados a mano de uno solo. Cada vez que alguien los vuelve a copiar se cuelan pequeños cambios, más o menos al mismo ritmo, y contando las diferencias entre los dos se puede calcular hace cuánto tiempo se separaron.

La cuenta de Roca dio unos 76 millones de años. Si cada millón de años fuera un paso, el linaje del almiquí habría caminado 76 pasos para llegar hasta Alejandrito. Y muy poco después de arrancar, algo enorme había caído del cielo.

El paso número diez

Hace 66 millones de años, un asteroide cayó en Chicxulub, en lo que hoy es México, y acabó con los dinosaurios. En la cuenta de los pasos, eso ocurre en el décimo: los antepasados del almiquí ya llevaban diez millones de años por su cuenta cuando llegó el impacto. Y el linaje no se habría cortado.

Escultura con relieves de dinosaurios en un parque de Chicxulub Puerto, México
Escultura con relieves de dinosaurios en un parque de Chicxulub Puerto, en México, en la zona donde cayó el asteroide. Foto: Adamcastforth / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

En 2016, el equipo de Sato leyó genes del propio solenodonte cubano, guardados en el núcleo de sus células, y su reloj marcó otra hora: unos 59 millones de años. Con esa cuenta, el camino arranca cuando el asteroide ya había caído, y para Sato y sus colegas es poco probable que los antepasados del almiquí hayan atravesado el impacto.

Dos años después, en 2018, el equipo de Grigorev leyó el genoma completo de un solenodonte. Su reloj marcó casi 74 millones de años: otra vez antes del asteroide, otra vez con los antepasados del almiquí ya en camino cuando cayó.

Hoy la discusión sigue abierta. Dos relojes ponen a su linaje en la Tierra antes del final de los dinosaurios; uno lo pone después.

Lo que no está en discusión es mucho más reciente. Las mangostas, los perros y los gatos asilvestrados que hoy rondan sus bosques llegaron, en esa misma cuenta, en la última fracción del último paso.

Quizá sus antepasados estaban ahí cuando cayó el asteroide; quizá llegaron después. Alejandrito no cargaba esa duda: cargaba 688 gramos de pelo oscuro, un diente con canal y un hocico hecho para la hojarasca a la que lo devolvieron. Que esa tierra siga amaneciendo revuelta ya no depende de ningún asteroide, sino de lo que pase en esos bosques.

Ilustración del solenodonte cubano (New York Zoological Society / Wikimedia Commons, dominio público) y fotos del bosque del Parque Nacional Alejandro de Humboldt (Martin Cígler / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0), de la mangosta (Chung Bill Bill / Wikimedia Commons, CC BY 2.0) y de Chicxulub Puerto (Adamcastforth / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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