Las patas de tu gato sudan más por miedo que por calor, y lo que lo refresca es un gesto que le ves a diario
Un gato asustado deja cuatro huellas de sudor en la mesa del veterinario, pero con calor sus patas apenas sudan. Para refrescarse, recurre a un gesto que le has visto cien veces.

Un gato atraviesa el verano envuelto en pelo, sin poder quitárselo, y por debajo su piel casi no sabe sudar. Cada día caluroso le deja una cuenta pendiente: el calor que le sobra tiene que salir de su cuerpo de alguna manera. La manera que encontró no pasa por sudar, y está escondida en un gesto que le has visto cien veces sin pensar en el calor.
Cuatro huellas sobre el acero
En la consulta, la mesa es de acero liso, y el gato que espera su vacuna la pisa con todo el cuerpo en guardia. Por fuera puede mantener la compostura. Sus patas no saben disimular.

Cuando lo levantan, en el metal quedan cuatro manchas húmedas con la forma de sus almohadillas. Nadie derramó nada en esa mesa. Lo que queda ahí lo puso él.
Y es que en esas almohadillas tiene casi todas sus glándulas ecrinas, las mismas que a ti te empapan la camisa en un día de calor. Pero en él responden a otra cosa. Con calor apenas sueltan unas gotas, y lo que aportan para enfriarlo es poco. Donde se abren de verdad es con los nervios, como ahora, con una aguja cerca.

Así que esas huellas no son una respuesta al calor: son un susto que se ve. Y dejan al gato frente al verano con un problema serio: un cuerpo entero cubierto de pelo y cuatro salidas de sudor que, justo cuando hace calor, casi no se abren.
Una mejilla contra la pata de la silla
En casa, el mismo gato pasa junto a una silla y le restriega la mejilla contra la pata. Ahí sí deja una marca de su piel, aunque nadie la vea.
Bajo el pelo tiene glándulas sebáceas, que abundan en su cara, en el lomo y en la cola. Lo que fabrican es sebo, una secreción aceitosa. Con ella y con las feromonas de su cara deja una firma de olor sobre lo que considera su territorio, silla incluida.
Pero esa grasa está hecha para que el olor se quede, no para que el calor se vaya. Debajo de todo ese abrigo tampoco está la salida que necesita.
Siete gatos en días sofocantes
El equipo de Smit siguió a siete gatos en Nueva Zelanda durante varias estaciones y comparó lo que hacían con el tiempo que hacía afuera. Cuando los días se ponían más sofocantes, los gatos pasaban más tiempo acostados y menos tiempo activos.
Lo que en otro animal parecería pereza, en él es administración. Un cuerpo que se mueve es una estufa encendida; uno echado, una estufa al mínimo. Si no tiene cómo sacar el calor, por lo menos fabrica menos.
Lo que casi nunca hace es jadear. En un perro, la lengua afuera en una tarde de calor es lo normal. En un gato, respirar con la boca abierta es la señal de que llegó a su límite.
Quedarse quieto le ahorra calor nuevo, pero no le quita el que ya lleva encima. Y la puerta que usa el perro, para él, es la de emergencia.
Un aseo que no era solo vanidad
La salida estaba en el gesto que más lo define. Echado, el gato se pasa la lengua por una pata delantera, después por el pecho, y deja el pelo húmedo de saliva. Cuando esa humedad se seca, se lleva calor de su cuerpo: hace el trabajo que en ti hace el sudor.

Lo sientes cuando te mojas los brazos y sopla el viento: el fresco dura lo que tarda el agua en secarse. El gato se da ese mismo alivio sin moverse de su sitio.
Durante mucho tiempo, que el aseo lo ayudara a refrescarse fue una sospecha. Entonces, en 2018, los investigadores Noel y Hu miraron de cerca esa lengua y encontraron cómo hace llegar la saliva al pelo: las diminutas papilas que la cubren son huecas.
Cada papila se carga de saliva y la suelta dentro del pelaje cuando la lengua lo peina, como la punta de un marcador que se empapa de tinta y la deja sobre el papel. Cada pasada, en vez de resbalar por encima del pelo, lo moja por dentro.
Se calcula que hasta un tercio del agua que un gato pierde por evaporación es saliva que se seca en su pelo. Hasta una de cada tres gotas que se le evaporan la puso ahí su lengua.
Hoy se sabe que, para regular su temperatura, el gato depende sobre todo de ese aseo y no del sudor. Las almohadillas siguen ahí, húmedas cada vez que algo lo asusta. El trabajo grande lo hace la lengua.
Sobre el acero de la consulta, cuatro huellas húmedas delatan sus nervios. En una tarde de calor, en cambio, el sudor que lo refresca no sale de sus patas: tendido y sin apuro, el gato lo extiende él mismo, pasada a pasada, sobre el abrigo que no se puede quitar.
Fotos de un gato en la consulta veterinaria (Veterinarian Pet Alliance / Wikimedia Commons, CC BY 4.0), de las almohadillas de un gato (Misterneedlemouse / Wikimedia Commons, CC BY 4.0) y de un gato que se lame la pata (autor desconocido / Wikimedia Commons, dominio público). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.
Referencias
- Noel, A. C. y Hu, D. L. (2018). Cats use hollow papillae to wick saliva into fur. Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(49), 12377–12382. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6298077/
- Merck Veterinary Manual (s. f.). The Integumentary System in Animals. Merck Veterinary Manual. https://www.merckvetmanual.com/integumentary-system/integumentary-system-introduction/the-integumentary-system-in-animals
- Merck Veterinary Manual (s. f.). Structure of the Skin in Cats. Merck Veterinary Manual, versión para dueños de gatos. https://www.merckvetmanual.com/cat-owners/skin-disorders-of-cats/structure-of-the-skin-in-cats
- International Cat Care (s. f.). The origins of cats. International Cat Care. https://icatcare.org/articles/the-origins-of-cats
- Cornell Feline Health Center, Cornell University (s. f.). Feline Heat Safety. Cornell Feline Health Center. https://vet.cornell.edu/departments-centers-and-institutes/cornell-feline-health-center/health-information/feline-health-topics/feline-heat-safety
- Smit, M., Andrews, C. J., Draganova, I., Corner-Thomas, R. A. y Thomas, D. G. (2025). Longitudinal Study on the Effect of Season and Weather on the Behaviour of Domestic Cats (Felis catus). Animals. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11898201/
- Na, S., Lee, H.-J., Park, T.-H., et al. (2026). Sweat glands in action: the role of biological and environmental factors, exercise, and dermatologic conditions in sudomotor function. Korean Journal of Physiology & Pharmacology, 30(4), 271–287. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13322000/
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