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Inspirador

Nadie cazaba al gato montés escocés, pero se estaba disolviendo en gatos de granja

Nadie lo cazaba, pero el gato montés escocés se diluía con cada cruce con gatos domésticos. En las Tierras Altas se guardó detrás de una reja el linaje más entero que quedaba, y en 2023 se le abrió la puerta al monte.

Nadie cazaba al gato montés escocés, pero se estaba disolviendo en gatos de granja

El gato montés escocés se está perdiendo sin que nadie le apunte con una escopeta: se diluye. Cada cruce con un gato de granja deja a su linaje un poco menos montés, como un café al que cada generación le agrega otro chorrito de leche que ya nadie podrá sacar. Y lo que se juega en las Tierras Altas es si todavía puede nacer allí, en el monte, un gatito que sea montés de verdad.

Gato montés escocés adulto apoyado en un tronco, mirando a la cámara
Un gato montés escocés adulto, apoyado en un tronco. Foto: pipilongstockings / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Arrinconado en Escocia

Todo empezó con una retirada, en el siglo XIX. Sus bosques se fueron perdiendo y quedaron partidos en pedazos, y la caza y el control de depredadores hicieron el resto. Hacia 1880, el gato montés ya había desaparecido de Gales.

Solo le quedó Escocia. Allí, con menos bosque donde perderse, terminó viviendo cerca de la gente. Y donde hay gente en el campo hay gatos: los de las granjas, los de las aldeas, los ferales que ya no le deben nada a nadie.

Son parientes cercanos y pueden tener crías juntos. Durante mucho tiempo la mezcla fue poca. Pero en algún momento después de los años cincuenta se intensificó, y los monteses empezaron a cruzarse con gatos domésticos, con ferales y con híbridos, cada generación un paso más lejos del gato que había sido.

Ciento cincuenta y cuatro muestras

En 2019, el Grupo de Especialistas en Felinos de la UICN publicó su informe sobre Escocia, con una conclusión seca: en libertad ya no quedaba una población viable de gatos monteses. Seguía habiendo gatos en el monte. Lo que faltaba era una población viable, y por eso se lo consideraba funcionalmente extinto.

Las pruebas genéticas le pusieron número a esa frase. El proyecto Saving Wildcats, que cría gatos monteses para liberarlos, exige un mínimo de 75 % de ascendencia montés para que un gato pueda reproducirse: es como tener un solo abuelo doméstico entre los cuatro.

Desde 2020, el proyecto analizó 154 muestras de gatos que vivían en libertad. Ninguna llegó a ese umbral. Todos esos gatos llevaban en la sangre el equivalente a más de un abuelo de granja.

Una guardería sin caricias

Del otro lado de una reja, la cuenta era distinta. En el Highland Wildlife Park, un parque de fauna cerca de Aviemore, funciona el centro donde el proyecto cría gatos para liberarlos. Ahí solo se reproducen gatos de cautiverio que superan el umbral, y la mayoría lo supera con holgura.

Las parejas tampoco se forman por simpatía. Se arman con los resultados genéticos en la mano, para que las crías tengan más variedad genética. Un linaje con poca variedad es como una caja de cuarenta lápices del mismo verde: parece mucho, hasta el día en que hace falta el rojo.

La primera temporada de cría, en 2022, salió muy bien, y estrenó una crianza que cualquier gato de casa consideraría un desaire. Casi nadie se acerca a los gatitos. Los cuidadores los vigilan, a ellos y a sus padres, por cámaras remotas, y la presencia humana se queda en lo mínimo: cuanto menos se acostumbren a la gente, mejor les irá afuera.

Cuando se independizan, pasan a recintos de preparación. Es el último escalón antes del monte.

Persona con chaqueta impermeable verde y gorro de lana sostiene abierta la puerta de un recinto de madera y malla al borde de un pinar, de lado y con la vista baja
Un recinto de preparación con la puerta abierta hacia el pinar. Quien la sostiene se mantiene de lado y sin mirar: el contacto con la gente se reduce al mínimo.

Diecinueve gatos en un verano

En junio de 2023 se abrieron las primeras puertas en Cairngorms Connect, una zona dentro del Parque Nacional de los Cairngorms. Al terminar ese verano, 19 gatos habían salido al monte.

Bosque de Inshriach con un lago y montañas al fondo, en el Parque Nacional de los Cairngorms
El bosque de Inshriach, con un lago y montañas, en el Parque Nacional de los Cairngorms. Foto: Andrew Tryon / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0.

Abrir la puerta dependía de las personas. Lo demás quedaba en manos, o en patas, de los gatos: quedarse, pasar el invierno, encontrar pareja. Y que alguna hembra pariera donde nadie pudiera verla.

Nadie, salvo las cámaras trampa que había en la zona, de esas que se disparan solas cuando algo se mueve delante del lente.

Cámara trampa con estampado de camuflaje atada con una correa al tronco de un pino silvestre, apuntando a un sendero entre brezo en un bosque con niebla
Una cámara trampa atada a un pino silvestre apunta a un sendero entre el brezo: vigila el monte sin que haya nadie cerca.

Lo que grabaron las cámaras en mayo

A fines de mayo de 2024, casi un año después de la primera liberación, esas cámaras registraron gatitos. No venían del centro de cría. Habían nacido ahí, en el monte.

Sus madres eran dos de las hembras liberadas. Cada una había sacado adelante a su camada, y los gatitos tenían por lo menos cuatro semanas: un mes entero en el que esas dos hembras resolvieron en el monte todo lo que en el centro se vigilaba por una pantalla.

Cría de gato montés escocés de pie sobre una rama, con la cola gruesa y anillada de negro
Una cría de gato montés escocés sobre una rama, con la cola gruesa y anillada de negro. Foto: Peter Trimming / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.

Hasta ese mayo, el linaje más entero del gato montés escocés dependía del cautiverio para seguir existiendo. Esas dos camadas eran la primera señal de que podía seguir sin él.

En 2025 se confirmaron más nacimientos en libertad. Seis años después del informe de la UICN, el monte volvía a tener crías de gato montés por segundo año seguido.

Al café nadie pudo sacarle la leche. Lo que hicieron fue guardar detrás de una reja el café más cargado que quedaba y devolverlo al monte por una puerta abierta. Ahora, en los Cairngorms, hay gatitos que nunca conocieron esa puerta: nacieron del otro lado.

Fotos de un gato montés escocés adulto (pipilongstockings / Wikimedia Commons, CC BY 2.0), de una cría de gato montés escocés (Peter Trimming / Wikimedia Commons, CC BY 2.0) y del bosque de Inshriach, en los Cairngorms (Andrew Tryon / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0). Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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