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Inspirador

El hombre que escribió más de 40.000 definiciones salía en persona a comprarle ostras a su gato

En el siglo XVIII, el autor del Diccionario de la lengua inglesa salía él mismo a comprarle ostras a su gato Hodge. Un amigo al que no le gustaban los gatos dejó escrito por qué.

El hombre que escribió más de 40.000 definiciones salía en persona a comprarle ostras a su gato

Al fondo de Gough Square, una plaza de Londres, justo frente al número 17, hay un gato sentado sobre un libro enorme. Es de bronce. A su lado, también de bronce, hay dos conchas de ostra vacías.

El libro es el Diccionario de la lengua inglesa, y la casa de enfrente fue la de su autor, Samuel Johnson. El gato se llamaba Hodge. Esas conchas no están ahí de adorno: recuerdan un mandado que, en el Londres del siglo XVIII, llamó la atención de la gente de la época.

Estatua de bronce de un gato sentado sobre un libro, en una plaza de Londres
Hodge en bronce, sentado sobre el Diccionario frente a la casa de Samuel Johnson en Gough Square, Londres. Foto: Jim Linwood (Flickr), CC BY 2.0.

Nueve años y más de 40.000 definiciones

Johnson vivió en el 17 de Gough Square desde 1749 hasta 1759, cuando tuvo que dejar la casa porque le resultaba demasiado cara, según la cronología de la casa museo Dr Johnson’s House. En esos años salió su gran obra: el Diccionario se publicó en Londres en 1755. Tenía más de 40.000 definiciones y casi 114.000 citas de ejemplo, y le llevó nueve años de trabajo, de acuerdo con la Biblioteca de la Universidad de Glasgow (2007).

Entre esas entradas está la del gato. Johnson lo definió como «un animal doméstico que caza ratones, considerado comúnmente por los naturalistas el orden más bajo de la especie leonina», tal como cita la catedral de Southwark. Un león menor, para resumir.

En esa casa, como en tantas de su época, los mandados no los hacía el señor. Francis Barber, el criado de Johnson, entró a su servicio en 1752 y volvió en 1760 para quedarse hasta 1784. Entre sus tareas estaban abrir la puerta, servir la mesa y hacer los mandados, explica la casa museo en su página sobre Barber.

Grabado en tinta de un estudio londinense del siglo XVIII con escritorios cubiertos de folios y papeletas manuscritas, y un erudito recostado en una silla gastada
Folios apilados y cientos de papeletas escritas a mano: con ese material se armaba un diccionario en el siglo XVIII.

El mandado que no delegaba

Con Hodge, esa regla de la casa se rompía. Según contó James Boswell, amigo y biógrafo de Johnson, el autor del Diccionario salía él mismo a comprarle ostras a su gato. El pasaje se puede leer en la página que Dr Johnson’s House dedica a Hodge. Boswell no nombra a Barber en esa escena; habla solo de «los criados». Tampoco pone fecha: era una costumbre repetida durante la vida de Hodge.

Y aquí cualquiera se pregunta: ¿ostras, para un gato? Suena a capricho de millonario.

Lo raro no eran las ostras

No lo era. En el siglo XVIII las ostras eran baratas y las comían los pobres, aclara la sección de preguntas frecuentes de Dr Johnson’s House. El London Museum va más lejos: en otros siglos fueron tan baratas y abundantes que eran el alimento de los más pobres. Hoy, en cambio, están en las cartas de los mejores restaurantes de Londres.

Lo que de verdad sorprendió a la gente de su tiempo, según el mismo museo, fue que Johnson fuera en persona. Y tenía sus razones. Boswell lo explicó así: Johnson temía que los criados, hartos del encargo, le tomaran antipatía a «la pobre criatura». El museo agrega que le preocupaba que acabaran resentidos con Hodge y lo maltrataran, y que mandarlos a buscar la comida del gato le parecía, además, una falta de respeto hacia ellos.

Dos cuidados en un solo mandado: uno para el gato y otro para quienes trabajaban en su casa.

Grabado en tinta de un diccionario grande abierto sobre una mesa de madera gastada, junto a dos conchas de ostra vacías
Un diccionario abierto y dos conchas vacías: nueve años de trabajo al lado del encargo más humilde de la casa.

«Un gato muy fino de verdad»

Boswell conoció a Johnson en una librería en 1763, según la misma cronología del museo. Lo curioso es que a Boswell no le gustaban los gatos: «Yo soy, por desgracia, de los que tienen antipatía a los gatos», confesó. Aun así, guardó cada escena de Hodge en Vida de Samuel Johnson (1791), la biografía que escribió de su amigo. La edición de G. B. Hill está en línea; se puede leer completo, por ejemplo, el volumen que va de 1780 a 1784.

Un día, después de 1763 y antes de 1778, Boswell estaba en casa de Johnson cuando Hodge trepó por el pecho de su dueño, al parecer muy contento. Johnson sonreía, medio silbaba y le frotaba el lomo. Boswell comentó que era un gato muy fino. Johnson respondió que había tenido gatos que le gustaban más y luego, como si notara que Hodge se había ofendido, se corrigió: «pero es un gato muy fino, un gato muy fino de verdad».

¿Qué gatos le habían gustado más? Las fuentes no lo aclaran. Sí se sabe que, más tarde, Johnson tuvo otra gata, Lily, «the white kitling» (la gatita blanca), de la que habla en una carta a Susanna Thrale del 18 de noviembre de 1783, según la catedral de Southwark.

Otra escena, sin fecha, viene de una conversación con su amigo Langton. Johnson se burlaba de un joven de buena familia que andaba por Londres matando gatos a tiros. Después, como ensimismado, se acordó de su gato: «Pero a Hodge no le van a disparar; no, no, a Hodge no le van a disparar». Estos pasajes de Boswell aparecen transcritos en el capítulo «The Cat Triumphant» de The Fireside Sphinx, que Repplier publicó en 1901.

Un mandado que duró más de dos siglos

Hodge murió antes de 1778; las fuentes no dicen de qué. Ese año, el poeta Percival Stockdale publicó una elegía por su muerte, en la que lo recuerda ronroneando cuando lo acariciaban y con un pelaje «sable», es decir, negro, según la catedral de Southwark.

En 1962, Vladimir Nabokov puso como epígrafe de su novela Pálido fuego aquel pasaje del joven que mataba gatos y de Hodge, al que no le iban a disparar. Matthew Brillinger analizó ese guiño en The Nabokovian, n.º 52 (2004).

Y en 1997, unos 219 años después de la elegía, Hodge llegó en bronce a Gough Square. El Samuel Johnson Birthplace Museum, de Lichfield, fecha ese año la inauguración de la estatua frente a la casa de Johnson. Es obra del escultor Jon Bickley y lo muestra sentado sobre un diccionario junto a conchas de ostra vacías, en alusión a aquellas compras, según Dr Johnson’s House.

Gato de bronce sentado sobre un gran libro cerrado, también de bronce, en un patio pavimentado bajo un cielo nublado
Un gato de bronce sobre un libro cerrado, bajo un cielo gris: el mandado de cada día convertido en monumento.

La estatua se inauguró el 26 de septiembre de 1997. La pagó Richard Byron Caws en memoria de su abuelo, el mayor Byron F. Caws, que trabajó con H. W. Fowler en un diccionario de Oxford, según la transcripción de las placas que publica London Remembers. Y si te acercas a leer la inscripción, encontrarás el final de esta historia: «Hodge, ‘a very fine cat indeed’ belonging to Samuel Johnson (1709-1784)». Hodge, un gato muy fino de verdad, de Samuel Johnson. De todo lo que Johnson dijo de su gato, lo que quedó en bronce fue aquella corrección, la que hizo como si no quisiera ofender a Hodge.

Johnson pasó nueve años escribiendo más de 40.000 definiciones. La del cariño nunca la escribió: la hizo, ostra por ostra, cada vez que salió él mismo a buscarlas.

¿Qué haces por tu gato que no dejarías en manos de nadie más?


Foto de la estatua de Hodge en Gough Square: Jim Linwood (Flickr), CC BY 2.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

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